"Abrió la arquidiócesis al mundo de la cultura y de las ciencias" Rolando Suárez Cobián: "El Cardenal Jaime Ortega marcó una nueva etapa eclesial en Cuba"

Cardenal Jaime Ortega
Cardenal Jaime Ortega

"Fortaleció la catequesis, los Consejos Diocesanos y las organizaciones de laicos"

"Con su impulso se crearon asesorías a las familias en sus conflictos, preparación complementaria para lograr la integridad de conocimientos en niños, adolescentes y adultos de todas las esferas y conocimientos"

"Las visitas a amigos era frecuente y no aceptaba invitaciones a lugares lujosos en momentos en que la escasez y la necesidad del pueblo estaban presentes"

(Holguín Católico).- La primera impresión que tuve cuando llegó a la Arquidiócesis, en 1981, el nuevo Arzobispo, Mons. Jaime Ortega fue que surgía una realidad eclesiástica nueva. Recuerdo que anteriormente, en un acto de la Juventud Católica Universitaria, nos permitieron que saludáramos al Cardenal Manuel Arteaga, entonces el Arzobispo de La Habana. Nos prepararon a todos en cómo comportarnos, la vestimenta a usar y hasta la forma de saludar. Todo muy formal como correspondía.

El día en que Mons. Jaime tomó posesión de la Arquidiócesis, en diciembre 1981, todos los presentes, sin ninguna formalidad pasamos a saludarlo al pie del altar en la Catedral. Si intentabas besarle el anillo te sostenía la mano y la estrechaba. Yo saludé y me presenté como fiel de la parroquia Nuestra Señora del Carmen y abogado expresando que quedaba a su servicio. La respuesta fue: gracias ya nos veremos. Y así fue. Sentí cercanía extrema y ya convocado a prestar un servicio útil.

De inmediato emprendió acciones pastorales reanimando la labor evangelizadora de los laicos, fortaleciendo las catequesis de niños, formando nuevos catequistas, organizando los Consejos Diocesano, creando las vicarías y nombrando los vicarios que pasaron a ser sus inmediato colaboradores en decisiones importantes. También los movimientos y organizaciones de laicos comenzaron a organizarse.

Mons Ortega abrió la Arquidiócesis al mundo de los profesionales de la salud, propiciando la iniciativa de Centro de Bioética. También al mundo de la cultura y de las ciencias sociales. Resultado de esto fueron las dos publicaciones existentes en la Arquidiócesis: Palabra Nueva y Espacio Laical, que se hicieron presentes en la sociedad y con pleno respaldo de Su Eminencia.

La ayuda en alimentos y medicinas procedente de Miami llegó marcada con la palabra “exilio” en algunas latas y cajas

Al Arzobispo le gustaba en extremo la música, por eso tenía cerca un buen tocadiscos y un piano, que también tocaba. El arzobispado se colmó de obras de arte contemporáneas de autores conocidos y también de principiantes. Conocía perfectamente los museos de la ciudad y otros y disfrutaba con esas visitas.

Entregó, en calidad de préstamo, obras y objetos eclesiásticos de diverso contenido y tipo a algunos museos entre ellos el de Bellas Artes y el de Objetos Religiosos. Gustaba del buen ballet, obras de teatro y conciertos y sabía apreciar y comentar sus contenidos. Siempre lo vi defendiendo los autores cubanos y en especial a los novatos. La restauración de templos siempre pasó por sus observaciones y aprobaciones y ejemplo de esto es la Catedral, no solo en lo estructural sino en lo artístico.

Las visitas a amigos era frecuente y no aceptaba invitaciones a lugares lujosos en momentos en que la escasez y la necesidad del pueblo estaban presentes. Siempre diciendo dejémoslo para otro momento. Pero esto con trato afable. A la hora de su desayuno varios de sus colaboradores cercanos estaban presentes y planteaban todo tipo de asunto. En discusiones y conflictos con personas cercanas, no te escapabas de la amonestación pero también de la cercanía y confianza que ofrecía.

Yo experimenté su cercanía muchas veces. En 1991, después de la misa en la Catedral al ordenarse como Obispo Auxiliar, Mons. Carlos Baladrón nos acercamos mi esposa y yo y le dijimos “estamos contentos con Chachi”. La respuesta fue: es Monseñor Baladrón y además te amonesto porque te demoras en resolver los problemas a tu cargo. Fueron palabras de un padre cercano y siempre con esa sonrisa acogedora. Le vi en pueblos como Jibacoa, en la fiesta de San Lorenzo y relacionándose como uno más entre aquellos guajiros que lo apreciaban en extremo.

El cardenal Jaime Ortega con sus vicarios
El cardenal Jaime Ortega con sus vicarios

Cuando se organizó por primera vez Caritas en la Arquidiócesis me convocó a participar como abogado. Pregunté: ¿Cuál es mi función?. Me contestó: organiza que los sábados estés en el Arzobispado y recibe a cuanta gente tenga dudas sobre sus derechos y oriéntalos. Desde esa fecha este servicio no ha cesado en la Arquidiócesis.

Con su impulso se crearon comedores para pobres y abandonados, asesoría a las familias en sus conflictos, preparación complementaria para lograr la integridad de conocimientos en niños, adolescentes y adultos de todas las esferas y conocimientos, la formación complementaria para educadores, guarderías para niños de madres solteras. Igualmente facilitó que existiera un lugar de asesoría que apoyara a los que no tienen empleo para lograr una iniciativa privada. Creo que toda esta obra social, aunque limitada y pequeña, impactó en las esferas oficiales que en algunos casos malinterpretaron, en otras se opusieron y en otras lo admitieron.

En una ocasión al dueño de una vivienda en la que se había organizado, por la Iglesia y con extrema sencillez, la atención a niños de madres solteras, funcionarios del municipio multaron a la persona y amenazaron con confiscar la casa. Me encargaron del asunto para discutirlo con la funcionaria, pero cuando supo el Arzobispo que iba a esa gestión me dijo: “voy contigo”. Y fuimos caminando hasta las oficinas de la funcionaria que no nos recibió alegando estar en una reunión. Dejó el Arzobispo esta constancia: dígale que el Arzobispo de La Habana quiere hablar con ella. El asunto no se resolvió pero buscó otra solución para organizar una mucho mayor.

Siendo Director de Caritas Cuba, los cubanos en el exterior, convocados por la Iglesia, ofrecieron ayuda desinteresada para los damnificados del huracán Lily de 1996. La ayuda en alimentos y medicinas procedente de Miami llegó marcada con la palabra “exilio” en algunas latas y cajas. Solicité una entrevista con el Arzobispo. La respuesta por medio del Secretario, fue: “sabes lo que tienes que hacer”. Este gesto de confianza extrema me preparó para lograr que la ayuda finalmente fuera repartida entre los damnificados.

Jaime Ortega, cardenal cubano
Jaime Ortega, cardenal cubano

Cuando me nombró miembro de la Comisión Nacional encargada de organizar la visita de su santidad san Juan Pablo II, en 1998, me dijo: eres el encargado de atender a los invitados de la Iglesia y de todo el alojamiento y transporte. Se paró y me dijo: aprende a ser diplomático. Creo que el esfuerzo y trabajo con resultados de la labor pastoral de Su Eminencia, junto con la visita de tres Papas, modificó y marcó la realidad cubana en esta etapa. La mediación política y los ataques sufridos por una parte del exilio cubano y los aciertos y desaciertos en algunas de sus declaraciones tienen un origen común que es el haber trabajado por el reencuentro de la familia cubana, dividida y dañada por una realidad materialista, con manifestaciones éticas negativas y que caló en la realidad antropológica del pueblo.

Creo que Cardenal fue un instrumento de la Iglesia encarnada por lograr que el mayor beneficiado de esa mediación fuera la familia cubana, muy por encima de una tendencia ideológica o de carácter político. Una vez, ante un conflicto, me dijo: tu papel es el de laico comprometido y como tal actúas. No puedes abandonar al que sufre y por tal motivo aunque hablen mal o ataquen a la Iglesia tu papel es cumplir con la misión caritativa de todos los fieles.

Esto me sirvió cuando me presenté a las autoridades diciendo que tenía necesidad de que un avión cargado de antibióticos aterrizara sin que le cobraran el servicio de aeropuerto. Era un momento difícil y ellos mismos me advirtieron ¿Tú sabes lo que está pasando?. Les dije “yo estoy hablando de ayuda para personas enfermas”. De inmediato se dio la orden.

Nunca he conocido una persona capaz de comunicarse con cualquiera y en forma tan cautivadora que pasaban horas y no te dabas cuenta del tiempo que llevabas siguiendo su conversación. Yo, en broma, siempre comentaba: solicité una reunión de quince minutos con el Cardenal, o sea voy a una “fiesta brava” que es la corrida de toros, porque todo el mundo sabía cuándo empezaba pero no cuando iba a acabar. Pero lo disfrutaba mucho.

El abogado Rolando Suárez Cobián (Piro), fue el segundo director de Caritas en la Arquidiócesis y el primer director de Caritas Cuba y sirve cono abogado de la Conferencia de Obispos Católicos Cubanos ( COCC).

Ortega
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