La posibilidad que hace temblar Añastro: ¿Recibirá el Papa a las víctimas de abusos durante su visita en España?
Hartas de que se les cierren las puertas en Madrid, asociaciones de víctimas han llevado su causa a Roma. No descartemos que, en su viaje a España, en junio, León XIV les abra las de la Nunciatura, cuando los obispos no han querido abrirles las de la Plenaria
In extremis. Así llegó Luis Argüello, con el acuerdo con el Gobierno sobre las indemnizaciones a las víctimas debajo del brazo, el viernes 9 de enero a la cita en Secretaría de Estado para abordar la próxima visita del Papa a España. Nadie se cree que el Vaticano no estaba al tanto del asunto. Ni de que pedía mayor resolución a la Conferencia Episcopal Española (CEE) para cerrar esta dolorosa cuestión.
Hubo presión de Moncloa –acentuada tras la metedura de pata de Argüello instando a Pedro Sánchez desde La Vanguardia a someterse a una “cuestión de confianza, moción de censura o ir a elecciones”– y el Vaticano cerró el círculo. No pocos obispos respiraron, entre ellos los que empiezan a desmarcarse de una actitud que ven cercana al sarpullido cesarista del presidente de los obispos.
De la reunión en Secretaría de Estado dicen algunos que el arzobispo de Valladolid salió un tanto incómodo. ¿Duraban los efectos de la conjuntivitis que, como reconoció la víspera en Madrid ante los periodistas que cubrían la firma del acuerdo con Félix Bolaños, le había cambiado la mirada? ¿No se contemplaba en el borrador del periplo papal Valladolid, con motivo del Año Jubilar por el tercer centenario de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo? ¿O es que estaba siendo consciente de que, en este tema de la gestión de los abusos, lo cierto es que más bien había tenido muy poco ojo y que el propio Prevost podía ponerlo aún más de manifiesto durante su estancia en España?
En su reunión con el sustituto Peña Parra en Secretaría de Estado, Argüello estaba acompañado por el cardenal de Madrid, José Cobo, y el cardenal de Barcelona, Juan José Omella. El primero acogió, en octubre de 2024, un acto de reconocimiento y reparación a las víctimas de abusos en la Iglesia, donde se leyeron testimonios de supervivientes y se pidió perdón desde la institución.
El segundo acogió también en su diócesis de Barcelona a víctimas de la pederastia clerical. Lo tuvo que hacer allí porque, siendo presidente de la CEE, no le consintieron sus hermanos que lo hiciera en Añastro. La contumaz negativa de los obispos a acoger a los representantes de las asociaciones de víctimas en una de sus asambleas es un lamentable hecho que les puede acabar pasando factura.
No sólo no quisieron recibir a las víctimas en una sesión plenaria a modo de acto de reconocimiento, sino que tampoco quisieron que el Defensor del Pueblo les presentase los datos del informe sobre los abusos que el Congreso de los Diputados le había encomendado realizar.
Ángel Gabilondo, que se brindó a esa presentación a todos los obispos, tuvo que entregarle el informe al propio Omella en su despacho, con gran frialdad institucional en la acogida a ese estudio por parte de unos obispos que sentían como un ataque las cifras que arrojaba el mismo, así como la extrapolación que se hizo. Una acogida que contrasta con la que le hicieron al Defensor del Pueblo en la CONFER, muestra también de la distinta actitud y sensibilidad con la que unos y otros han querido abordar la cuestión de la pederastia en la Iglesia.
Poco más de dos años después, sin embargo, Argüello ha tenido que firmar un acuerdo con el Gobierno en el que Iglesia y Estado ponen en manos del Defensor del Pueblo la ejecución y seguimiento de los aspectos más relevantes del mismo. Poco ojo, escasa visión y nula sensibilidad que, en el fondo, justifica la desconfianza por parte de las organizaciones de víctimas sobre la verdadera voluntad de acogida, escucha y reparación de la CEE, y quién se lo puede reprochar cuando sigue siendo ninguneado su dolor con artículos como el del arzobispo de Oviedo, él mismo miembro de la Ejecutiva de la CEE.
Algunas de estas asociaciones de víctimas no se fían de la CEE y han buscado interlocución directa en el Vaticano. Tampoco ahora, ya con Argüello como presidente del Episcopado, encuentran suficiente empatía, como no la hallaron cuando era el secretario de los obispos. “Nos hemos reunido con tres presidentes de la CEE, con el último de ellos también cuando era secretario de la institución. Algo que no ha hecho ninguna otra asociación. Les hemos dejado un espacio de debate, que cerramos cuando tras la última reunión en Añastro los allí presentes nos tendieron una trampa encaminada solo a la foto final, sin cumplir ninguno de los compromisos que dijeron asumir”, lamentaba hace unos días en RD Juan Cuatrecasas.
Este lamento lo han llevado las víctimas a Roma, hartas de que se les cierren las puertas en Madrid. Y en este punto, conviene tener muy presentes las palabras del Papa Prevost en su discurso de clausura del consistorio extraordinario, porque les puede dejar a estas víctimas abiertas para ellas las de la Nunciatura en Madrid.
León XIV: Muchas veces el escándalo en la Iglesia se debe a que se cerró la puerta y las víctimas no fueron acogidas, acompañadas de la cercanía de auténticos pastores
“El abuso en sí mismo causa una herida profunda que quizás dure toda la vida; pero muchas veces el escándalo en la Iglesia se debe a que se cerró la puerta y las víctimas no fueron acogidas, acompañadas de la cercanía de auténticos pastores. Una víctima me contó recientemente que lo más doloroso para ella fue precisamente que ningún obispo la quiso escuchar. Y ahí también: escuchar es profundamente importante”.
Probablemente se refería León XIV a una de las víctimas de la pederastia eclesial en la Iglesia belga. Recibió el pasado noviembre a una quincena de ellas en el Vaticano, cumplimiento una promesa que les había hecho el papa Francisco de acogerlas allí. La audiencia estaba prevista que durase una hora. Se prolongó durante casi tres. Escucha. Escucha. También cuando le solicitaron que pidiese a los obispos belgas que revisasen las indemnizaciones y, además, la dimisión del presidente del Episcopado belga. “No puedo hacer eso. No es asunto mío, es de Bélgica”. “Pero puedo escribirles”, les dijo el Papa.
En el Vaticano se sabe que el Episcopado español ha sido uno de los más reticentes en la investigación de la pederastia clerical. Hace apenas cuatro años, eso les pasaba a los demás, nunca aquí. No descartemos que el Papa –en su primer viaje a un país de la Vieja Europa– quiera tener el gesto que la CEE no ha querido. Sería un acto de justicia. Y un dedo en el ojo a quien hoy la preside.
