Un divertimento literario de Txenti García D. Mateo capítulos 16 y 17

D. Mateo capítulos 16 y 17
D. Mateo capítulos 16 y 17

Mateo conoce el "poder" de la pastoral de las cervezas, por eso no faltan en su nevera.

Por otro lado, una vez más, Clara es "la pareja perfecta" para D. Mateo, y eso lo sabe hasta la madre superiora. 

Cap. 16. Viernes, seis de la tarde. 

El teléfono despertó a D. Mateo de su siesta. Miró el reloj de la mesilla y descubrió con sorpresa que llevaba dos horas dormido. Fue al despacho a coger el teléfono.

- D. Mateo. Soy Claudia, la hermana de Bea. Tenemos todo arreglado. Ya hemos hablado con la funeraria. Mañana por la mañana la enterraremos en el panteón familiar.  

- ¿A qué hora? 

- A las doce, padre. ¿puede ser? 

- Sí, allí estaré. A primera hora les celebro a las monjas y luego estoy con vosotros. Y el domingo hacemos el funeral con toda la comunidad parroquial.  

 D. Mateo fue al lavabo a refrescar su cara. Y frente al espejo se dijo.

Nadie te dijo que esto de ser cura iba a ser fácil. Ni que podrías hacer las cosas a tu modo. En este mundo es muy difícil ser libre.‖ 

Estaba ensimismado cuando sonó el timbre de la puerta. 

- Hola D. Mateo. ¿Puedo pasar? 

- Hola David, hijo. Sí, pasa. Acabo de hablar con tu tía. ¿Venías a decirme lo de la hora del entierro? - No. Necesito hablar con usted.  - Pasa. Siéntate. ¿Quieres tomar algo? Tengo una cerveza muy rica en la nevera. ¿eres de cerveza? - Está bien D. Mateo. Una cerveza está bien. 

Mientras iba a la nevera.Desde que se confirmó prácticamente no ha vuelto a pisar la iglesia. Y cuando lo del cáncer de su madre ya me dijo algo su hermana. Señor. Creo que este chico tiene algo contra Ti A ver qué le <<decimos>>‖ 

- Toma. Soy todo oído. 

- El domingo es el funeral de mi madre y… bueno, ya sabe qué hace mucho que no piso la iglesia, y… la verdad no me apetece nada asistir. Por otro lado sé que tengo que estar al lado de mi padre y de mi hermana. Y que a mi madre le gustaría verme allí. Pero… D. Mateo ¡Es que NO creo en Dios! Bueno, más que no creer es que ¡Le odio! No quiero verle ahí clavado en su cruz, permitiendo tantas desgracias sin hacer nada. ¡Y la Iglesia! Solo es un espacio de buenas palabras y pocos hechos. Y perdóneme, D. Mateo, usted estuvo a nuestro lado en los últimos momentos. Pero es que esto de la religión es absurdo. Es un placebo para las conciencias, es engañarse a sí mismo para intentar sobrevivir a este mundo de mierda. … Cuando mejor estaban mis padres, mi madre se muere y Dios lo permite. No puede ser Dios. Un Dios como el que ustedes predican no puede permitir esto... D. Mateo, no quiero ir el domingo al funeral de mi madre, no quiero arruinarle la fiesta. Tengo miedo de acabar saltando y responderle si en la homilía se le ocurre decir alguna chorrada. Y por Dios D. Mateo, yo le aprecio, no tengo nada contra usted. Pero sí contra Dios. 

 D. Mateo escuchó todo el rato sin mudar el rostro. Tomó un sorbo de cerveza. Se apoyó sobre sus rodillas. Se atusó el pelo y mirándolo con cariño le dijo:

- Yo tampoco quisiera decir ninguna chorrada, y menos en el funeral  de Bea.  ¿Puedo Pedirte un favor?  (David asintió con la cabeza) ¿Me ayudas a preparar la homilía? Luego hablamos respecto de lo de estar o no presente en el funeral. Y si decides no estar yo hablaré con tu padre y tu hermana para que no te juzguen y respeten tu decisión.  

- Usted quiere convencerme para que asista al funeral. 

- Sí y no. Lo que quiero es: 1º que tengas la garantía de que en el funeral de tu madre no voy a decir ninguna chorrada. Segundo que me des la oportunidad de ofrecerte un motivo para ir; y Tercero, David, soy un cura, mi misión es acercar a los hombres a Dios y a Dios a los hombres. Déjame que haga mi trabajo. 

- Está bien D. Mateo. 

- Mira vas a conocer el making-of de la homilía de un cura. No te creas que eso lo conoce cualquiera. Empecemos por leer las lecturas del domingo. Además tu madre dejó escritas algunas cosas. Voy a por la libreta y las vemos juntos. 

 D. Mateo y David se enfrascaron en la preparación de la homilía. David se sentía a gusto trabajando con D. Mateo. Cuando acabaron de redactar un texto que a ambos les pareció acertado, D. Mateo le invitó asentarse de nuevo en el sofá del salón. 

- ¿Me permites que te hable con franqueza David?    - Si claro 

 - Sinceramente creo que todos creemos en Dios. De hecho en todo lo que me dijiste al principio no había un discurso de increencia, al contrario. No solo crees en Dios, sino que le haces responsable de la muerte de tu madre, de su enfermedad, y de todo lo que te duele. Por eso no quieres ir a la iglesia, porque no quieres darle el gusto a Dios de que te vea allí. Irías por darle gusto a tu madre, pero a Dios, no. Por lo tanto no partimos de una situación de increencia. Momentos como el que estás viviendo tú ahora son muy propicios para encontrarse o reencontrarse con Dios. Empezando por encararte con El y preguntarle ¿Dónde estaba cuando tú le necesitabas? … Descubrir que siempre ha estado a tu lado no es fácil. Dios no es la solución a nuestros males, pero sí puede ser la respuesta a nuestros interrogantes. Una enfermedad, la pérdida de un ser querido, que se te quema la casa, o que te quedes sin trabajo. Son desgracias que nadie quiere que le pasen pero que forman parte de la vida. Cómo afrontar estas situaciones es lo que nos puede distinguir a unos de otros. Casi seguro que si lo afrontas solo desde ti, la situación suele ser insufrible. Pero si lo afrontas pensando en los demás la situación cambia radicalmente. ¿Y sabes quién es uno de los grandes ejemplos de afrontar la vida y sus circunstancias pensando en el prójimo?  Pues sí, Cristo. Visto así, David, te aseguro que todo cobra otra dimensión. Tú decides. Tu madre ha muerto y eso no tiene vuelta de hoja. Ahora tú tienes que decidir si la muerte de tu madre la quieres afrontar solo desde ti o pensando en tu padre y tu hermana, y en tu tía, … ellos tendrán que hacer el mismo ejercicio. Dios puede ayudarte, créeme. Pero estoy pensando que quizá pueda serte de más ayuda en estos momentos su madre. María perdió a su hijo. Y lo perdió en la cruz. Y lo vió azotado, insultado, vilipendiado,…  Espera un poco. 

D. Mateo salió del salón y al poco regresó con un libro. Fue buscando una página y cuando la encontró se la entregó. 

- Toma. Es una obra de arte. Los especialistas se la atribuyen a Goya, el pintor aragonés. Es una piedad. Te dejo un rato para que la veas. Voy a la cocina a preparar algo para que cenemos.  

 D. Mateo se dispuso a preparar una sencilla cena, pero su cabeza seguía en el salón. 

Dios mío. Recuerdas cuando se murió Tebas. Aún sigo pensando que habría llegado a ser un buen cura. Aquellos días renegué de Ti con toda mi rabia. Ya lo sabes, estuve a punto de salirme del seminario, y hasta de la Iglesia. Sigo sin entenderlo pero el tiempo me ha ayudado a aceptarlo, e incluso a darle la vuelta. En más de una ocasión, convencido de que Tebas está a tu lado, le he pedido que me ayude. Como ahora. Necesito ayuda para acompañar a este chaval, para que se sienta acogido y respetado en su dolor. Tenemos una oportunidad de oro para, cagarla para siempre, o para recuperar al que le queda mucha vida por delante para caminarla de tu mano y haciendo mucho bien a su paso.  Bueno cuidar el estómago del prójimo también es pastoral: espárragos, el tomate con las pipas, una lata de sardinas y el embutido. Pues ya está. Yo pongo la cena, Tebas pon tu algo de tu parte y el jefe el resto.‖

Se encontró a David con las manos tapándose la cara. D. Mateo dejó la bandeja en la mesa. Se sentó a su lado. Le echó el brazo por el hombro y… David rompió a llorar. 

- Llora. Llora todo lo que necesites. A veces, tras el llanto se nos aclara la vista y empezamos a ver las cosas de otro modo 

D. Mateo le pasó un paquete de pañuelos de papel. 

 Voy a por otro par de cervezas. Sí, hazme caso. Llorar y comer  y beber te ayudará.  

En ese momento sonó el teléfono.

- Sí, Roberto. El chaval está en mi casa. ¿No os dijo nada? Es que le pedí que me ayudara a preparar el funeral de Bea. Sí. … no sé  por qué te sorprende. La verdad es que nos hemos entretenido hablando de muchas cosas y ahora íbamos a cenar. Intentaré que no vaya muy tarde para casa.  

 D. Mateo y David se miraban con una sonrisa cómplice. La cena discurrió en un bonito clima de amistad. David le contó a D. Mateo cosas que solo él y su conciencia sabían.

- Gracias D. Mateo. Creo que el domingo estaré en el funeral de mi madre. Aunque no le prometo que me vea todos los domingos en misa.

- Ni yo te lo pido. Aunque tú te lo pierdes. Últimamente estoy muy inspirado en los sermones. 

- Le he dicho que no le prometo, pero no que lo descarte. 

- Vale. Te esperaré por sorpresa cada domingo. Gracias por venir y sobre todo por confiar en mí. 

- Gracias a usted por escucharme, por respetarme, por la cena y por las cervezas. 

- No suelen faltar en mi nevera. Yo digo que son recursos pastorales a los que hay que dedicarles un presupuesto fijo cada mes. Nos vemos mañana en el cementerio. A las 12. 

- Sí D. Mateo. Hasta mañana a las 12. 

 D. Mateo se sentó en su despacho y fue terminando de dar forma al funeral de Bea. 

Cap. 17 Sábado 8 de la mañana. 

- Ave María Purísima - Sin pecado concebida hermana - D. Mateo, buenos días. Tome la llave y pase a la Iglesia por la puerta de visitas. Y la deja abierta porque los sábados, ya sabe, algunas personas suelen acompañarnos y aunque es un poco pronto déjela ya abierta. - De acuerdo hermana. 

 D.Mateo abrió la cerradura y dejó la puerta abierta con una cuña que siempre estaba dispuesta en una mesita del hall de visitas. El acceso daba a la parte trasera central de la nave. Por lo general no se solía abrir el portón grande de la iglesia, salvo en las grandes fiestas. La gente del pueblo ya conocía el acceso y quienes acudían a la misa madrugadora de las monjas lo hacían por la entrada de visitas. Cruzó la nave hasta la sacristía que se encontraba en uno de los laterales del presbiterio. 

- Buenos días hermana Clara - ¡Mateo! Ay que ganas tenía de verte. Cuéntame, ya sé que has estado con los chicos y con los padres de Luis. - ¡Jesús! ¿Qué tienes,  contactos con la CIA? - Ya sabes que estamos entre muros pero nos enteramos de todo. Déjate de “cias” y cuéntame. - Luego. Después de misa. Como el otro día - ¡Mateo! No seas….!!! - Que te lo digo en serio. Luego. Termina de preparar los ornamentos y el altar que quiero darle una vuelta a la homilía. - ¡Está bien Señor cura! Pero esto no se hace a una amiga, que lo sepas. - A ver mujer que solo es un rato y después de misa charlamos, porque quiero hablar contigo sobre los chicos claro. Solo te diré que me alegro de haberlos conocido y que haremos lo posible por acompañarlos y ayudarles. - Bueno. Me conformo con eso de momento. 

Clara fue preparando como sacristana todo lo necesario para la celebración de la Eucaristía. D. Mateo se retiró un momento a repasar el evangelio que correspondía a ese sábado. Cuando dieron las ocho y media en el reloj de laiglesia D. Mateo, revestido salió al altar. Ese sábado el Evangelio era este:

- “Sucedió que un sábado fue a comer a casa de uno de los jefes de los fariseos. Ellos le estaban observando. Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: «Cuando alguien te invite a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya invitado a otro más distinguido que tú y, viniendo el que os invitó a ti y a él, te diga: `Deja el sitio a éste', y tengas que ir, avergonzado, a sentarte en el último puesto. Al contrario, cuando te inviten, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te invitó, te diga: `Amigo, sube más arriba.' Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.” 

Cuando terminó de proclamar el Evangelio invitó a los fieles a sentarse.

- Pero qué bien le está al tipo ese de la boda. ¡Por listillo! ¡A quién se le ocurre! ¿A quién? Pues a cualquiera de nosotros en las situaciones más cotidianas: “A mí, que tengo estudios me vas a decir.”;  “¡Que te llevo muchos años por delante!”; “perdona pero aquí el adulto soy yo”; “Y esto no tiene réplica porque lo digo yo, que para eso soy el superior, el jefe, o el cura”.  Quizá alguno nos reconozcamos en estas frases. Pero no caemos en la cuenta de que Dios no nos ve como nos vemos nosotros: “el que no sea como uno de estos pequeños, no entrará en el Reino de los Cielos”; “El que quiera ser el primero que sea vuestro servidor”; “los publicanos y las prostitutas os precederán en el Reino de los Cielos.” “el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.” La lógica de Dios es muy diferente. Y en la misma Iglesia a veces cometemos el error de dárnoslas de listos, de saber cuál es la voluntad de Dios, de saber qué juzga y que no juzga Dios. Y luego nos encontramos con que a quien nosotros hemos humillado Dios lo ensalza. Hermanas, amigos, … vayamos por la vida con humildad con la certeza de que si en algún momento nos corresponde Dios sabrá ensalzarnos. Y abramonos también a la posibilidad de que Dios ensalce a quienes nosotros en algún momento hemos podido humillar. 

Tras la misa D. Mateo se acercó a la madre superiora. 

- Madre, ¿tiene un minuto? - Sí padre. - Acompáñeme a la sacristía. 

Mientras se encaminaba a la sacristía D. Mateo le hizo una seña a Clara para que esperase antes de entrar ella a recoger las cosas del altar. 

- Usted dirá D. Mateo. 

La Madre Superiora es una mujer de mediana edad. Alta y corpulenta. Un poco seria. Respetuosa con las mayores de la comunidad e inflexible con las novicias. Con las monjas jóvenes procura tener una relación de hermana mayor aunque parece siempre más una madre. 

- Quiero pedirle dos cosas madre. Una que dispense a la hermana Clara del mandato que usted le dio de no pensar en esa pareja de homosexuales que vinieron al convento hace unos días. - Dispensada queda. Total es superior a ella y sé que no ha cumplido lo que le pedí. Es tontería.  Primer deseo concedido, D. Mateo. Ande que me pilla hoy como el genio de la lámpara, sobre todo después de su homilía. - Madre no ha pretendido ser una homilía personalizada. - Padre, todas las homilías pueden llegar a ser personalísimas. Así que dele que le tengo por hombre de Dios y además me ha pillado en buen día. - Lo segundo que quería pedirle es que nos podamos sentar un día con calma para abordar la petición de estos chicos. He hablado con ellos y creo que se merecen una acogida por parte de la Iglesia y dejar en manos de Dios la verdadera bendición de esa relación. Como ministros de la Iglesia no vamos a saltarnos los cánones ni les vamos a conceder nada que hoy no podamos darles. Pero acogerles y rezar con ellos y por ellos, creo que es, no sólo factible sino de justicia. 

- Concedido. Hablaremos, y si me convence la propuesta celebrativa, aquí se hará y con mucho gusto, se lo aseguro. Pero le adelanto casi el único requisito: quiero el visto bueno del Señor obispo.  - Contaba con ello Madre y, si está de Dios aquí lo tendrá. Ahora si me permite quisiera hablar con la hermana Clara un rato. - Toda suya. Ahora le digo que pase. Ustedes sí que hacen una buena pareja.  

 D. Mateo se le quedó mirando a la Superiora sin casi respirar. 

 ¡De liantes! 

- ¡Qué cosas dice Madre! 

Al poco entraba Clara con el cáliz, la patena, el Misal bajo el brazo derecho y las vinajeras en la mano izquierda. 

- ¡Anda trae que vas a tirar todo! 

- ¡Vaya mirada que me ha dado la Madre! 

- La verdad es que la señora impone. Bueno. Camino allanado. Quedas dispensada para seguir pensando y ocupándote de la pareja. Necesito que me ayudes. 

- Tú dirás. 

- He quedado con ellos en vernos una vez a la semana y tener una especie de cursillo prematrimonial pero para ellos. A ver no sé, se me ocurrió sobre la marcha y además creo que mal no les hará que a la luz del Evangelio intentemos entender entre todos como puede ser su convivencia. 

- Pues en algunas cosas muy similar a la de una pareja… normal, bueno, heterosexual, tradicional. De las de toda la vida vamos. El otro día Mateo leí que en Brasil estaban regularizando las uniones a tres. 

- ¿Cómo? 

- Sí, una unión entre tres personas. 

- Pero, ¡pero eso es una aberración! 

- Mira Mateo, llevo poniendo en la oración desde hace muchos días estos temas. Y sabes que te digo: que es muy probable que el mundo esté cambiando y que nosotros no podamos detenerlo. Seguramente tú y yo tengamos la obligación moral de defender lo que hemos conocido, pero también tengo la sensación de que hay que ir preparando a las futuras generaciones para que sepan gestionar con justicia, caridad y amor, y si es posible desde el Amor de Dios, todos los cambios que les va a tocar vivir. Si miras para atrás en la Historia puedes encontrarte con mil maneras de relacionarse la humanidad entre ella: el clan, el grupo, la familia; la monogamia, la bigamia y la poligamia. La conservación de la especie humana se ha mantenido mediante relaciones que hoy calificamos de incestuosas, aberrantes, machistas, matriarcales, endogámicas. Cuando cada grupo humano subsistía separadamente unos de otros las relaciones humanas eran entre los que eran. Cuando las comunidades humanas empezaron a asentarse en grandes grupos surgieron las razas, los pueblos. Cuando los pueblos de Europa empezaron a relacionarse entre ellos surgieron los primeros mestizajes. El descubrimiento de América hizo dar un salto cualitativo en el mestizaje de la raza humana. Y hoy la globalización vuelve a resituar las relaciones humanas. - Clara ¿Dónde quieres llegar por favor? - A que los hombres nacen, crecen, se desarrollan y mueren, las generaciones, las culturas, los modos de vivir, de ser y de pensar de la humanidad pasan, pero Dios permanece siempre. Dios siempre ha estado ahí, junto al hombre y a la mujer. Y me temo Mateo que nunca lo ha condenado, sino siempre lo ha AMADO  tal cual ha sido, en cada momento de la historia. Somos nosotros quienes le hemos adjudicado a El comportamientos humanos que no le pegan ni con cola. Como hicieron los griegos con toda la corte celestial del Olimpo. Quiero llegar Mateo a que, sin dejar de ser fieles al momento histórico que nos ha tocado vivir, no podemos renunciar a tratar al prójimo desde la Misericordia de Dios, o acercarnos a ella lo más que podamos. - ¡Pedazo homilía! - ¡Mateo! No te burles de mí.  - No lo hago. Al contrario. Comparto plenamente tu exposición. Pero, hemos de cuidar mucho nuestra condición de representantes de la Iglesia, y a la vez que somos misericordiosos tenemos que evitar dar escándalo a nadie con nuestras ideas. Si el mundo tiene que cambiar, cambiará. Y ni tú, ni yo, ni la madre superiora ni el obispo lo podrán evitar. Pero lo que hoy tenemos en nuestra mano, como tú bien has dicho, es ser fieles al mundo que nos ha tocado vivir. Siempre habrá adelantados. Unos irán abriendo camino, y otros se estrellarán por el camino. Pidamos a Dios que triunfen los planteamientos que más casen con su plan divino para el hombre, de hoy y de mañana. - Amén. Bueno. Concrétame cómo puedo ayudarte con ese cursillo pre pre pareja de chicos. - Hazme una lista de temas que crees que habría que tratar y dime qué temas podrías animarte a tratarlo tú con ellos.  - Me pongo con ello. ¡Gracias Mateo! - Gracias a ti Clara.  - La verdad es que hacemos una buena pareja. - Sí, ya lo ha dicho la Superiora. Pero seguro que haríamos un desastroso matrimonio. - ¡Bueno! Tampoco sería para tanto. - Venga, sacristana, termine usted su tarea y regrese a sus labores con la comunidad. - ¡Dios! A veces te salen unos ramalazos más machistas. - ¿Pero qué he dicho? - ¡Si no es el qué, sino el tono con que lo dices Mateo! 

- Bueno me voy, tengo ahora el entierro de Bea y quiero pasar por casa antes. 

Clara le abrazó y le dio un beso en la mejilla. Mateo, ruborizado, la apartó con cariño y salió de la sacristía rumbo a la calle. 

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