Turismo religioso en la Feria de Fitur Antonio Aradillas: "La cigüeña también va a misa"

Cigüeñas en la torre de la iglesia
Cigüeñas en la torre de la iglesia

¿Por qué y para qué tantas riquezas como exornan los templos, con mención especial los dedicados a los santos o santas patronas, y más con fama de milagreros o milagreras…?

¿Cómo es posible que la Iglesia siga siendo tan rica en imágenes, cuadros y joyas y, a la vez, tan pobre en sus pobres?

Al turismo religioso le quedan por recorrer todavía en España largos, cultos y espirituales caminos para hacerlo rentable, no solo económica, sino sobrenatural y pastoralmente

Se celebra en Madrid la “Feria Internacional de Turismo” –FITUR- y, con el convencimiento de que una buena parte de las ofertas de los respectivos países, Comunidades Autónomas y municipios, las constituyen las razones, edificios y atractivos propios del llamado “turismo religioso”, creo de interés y provecho algunas de estas sugerencias:

La oferta es excepcionalmente rica y plural en España y además, de verdad religiosa. Y esta es –o puede ser- evangelización y catequesis. Centrarla en exclusiva, o fundamentalmente, en motivaciones económicas en función del desarrollo material de pueblos, ciudades o comarcas, resultaría dramáticamente paupérrima. El turismo es cultura. El de tipo religioso, es además teología moral y dogma. Es Biblia-Sagrada Escritura. Es arte, tradición y vida cristiana. Es fruto y resultado de incontables sacrificios y trabajos efectuados por el pueblo-pueblo, encargado además de su conservación del mejor modo que lo permitieron los siempre escasos recursos y la deficiente cultura…

Elemento de singular relieve pastoral sobre todo en los ámbitos más populares de la España conocida en la actualidad como “vacía, vaciada o desertizada”, habrá de ser la colaboración del sacerdote encargado de la jurisdicción de las respectivas parroquias. Entre sus actividades, la de servir y actuar de guía religioso a favor de los visitantes y de los lugareños, será tarea-ministerio, que podría –debería- formar parte importante de sus misión pastoral. Convenientemente documentado, se convertirá en respuesta exhaustiva para las preguntas de la clientela turística, cada día más creciente y con mayores deseos y preparación, para la satisfacción personal y la de los grupos.

¿Por qué y para qué tantas riquezas como exornan los templos, con mención especial los dedicados a los santos o santas patronas, y más con fama de milagreros o milagreras…? ¿Cómo es posible que la Iglesia siga siendo tan rica en imágenes, cuadros y joyas y, a la vez, tan pobre en sus pobres? ¿Quién puede explicar que tantos y tan ricos ornamentos y “vasos sagrados” de los que disponen los templos y los santuarios, la cultura religiosa se haya quedado anclada en el “Jesusito de mi vida”, a las puertas del infierno o del purgatorio, testigos los Tres Reyes Magos – de los que ahora nos dicen que ni fueron “tres”, ni “reyes, ni “magos”-, junto con la manzana que Eva le proporcionara a nuestro padre Adán en el Paraíso Terrenal?

La Iglesia es inmensamente rica en obras de arte, como es inmensamente pobre en cultura religiosa, poniéndose como ejemplo la renovación de la misma apuntada por el concilio Vaticano II y apuntalada audazmente por el papa Francisco.

Para los guías turístico-pastorales como los sacerdotes, los estilos románico, gótico, clásico, barroco, churrigueresco y moderno en su variedad de versiones, no han de guardar secreto religioso alguno. Tampoco lo guardarán los festejos populares que se celebren con ocasión de las fiestas patronales. Ni será serán secreto para ellos los productos de la “santa” gastronomía, con nombres y sobrenombres sagrados, así como las fases a las que los ganaderos y los agricultores han de someter sus trabajos del campo coincidentes con las festividades litúrgicas del año, si en tal o cual fecha llovió no llovió, hizo frío, calor o nevó, por aquello del “año de nieves, año de bienes”, con infalibilidad campesina.

Uno de los puntos de referencia del turismo religioso en la perspectiva popular es la torre del templo. En ellas, las campanas siguen siendo palabras proféticas o “palabras de Dios”, siempre pletóricas de religiosidad y de comunidad, es decir, de común-unión, tanto eclesiástica como civil. Ellas son tanto o más elocuentes, y con mayor capacidad de convocatoria y fidelidad que la del reloj del ayuntamiento….

Y además de ser la torre “la casa de las campanas”, sus pináculos les están reservados a las cigüeñas que, por definición, son “aves zancudas de gran tamaño, de costumbres migratorias, con patas rojas y largas, cuello y pico también largos, cuerpo blanco y alas negras y que anida en lugares elevados…”

Las cigüeñas hacen turismo. Son generadoras de tal actividad en grado culto y eminente por esos pueblos de Dios. El turismo de naturaleza hoy tan en alza, está en gran parte en el pico, en las alas, en las costumbres y en las tradiciones de las que las cigüeñas con transmisoras. Lo serán aún más, si los “guías pastorales” se animan a explicarles a su clientela turística, que en la historia de todas las culturas las cigüeñas fueron “portadoras de niños” y, por tanto, signos de felicidad, fecundidad y abundancia; que fueron siempre tratadas y consideradas como seres sagrados por su condición de exterminadoras de serpientes – también de la del Paraíso- ; que están encargadas de alimentar a sus hijos, -los cigoñinos-, así como de mantener a sus padres ya ancianos…Pasando largas horas del día sostenidas sobre una sola de sus patas, son signo y ejemplos de reflexión, dignidad, vigilancia, meditación y contemplación…

Al turismo religioso le quedan por recorrer todavía en España largos, cultos y espirituales caminos para hacerlo rentable, no solo económica, sino sobrenatural y pastoralmente. Pero todo –casi todo- es posible. Por ahora basta y sobre con estudiar el comportamiento que caracteriza a las cigüeñas de nuestros campanarios y con no cobrar por visitar los templos, las catedrales y los “lugares sagrados”.

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