Buena ocasión para escribir de teología: Henri de Lubac
Henri de Lubac fue de larga vida (1896-1991), de la resistencia francesa frente al nazismo, autor de textos esenciales de Teología fundamental, Eclesiología e Historia de la Iglesia, y peritus en el Concilio Vaticano II
I.- Introducción:
Es natural que un papa jesuita -Francisco- citase en homilías y discursos a San Ignacio de Loyola; es natural que un papa agustino, León XIV, cite un día y otro a San Agustín. Y es que ambos santos, sobrenaturales, Ignacio y Agustín, escribieron textos importantes a leer y citar. Además de Francisco y León XIV, para hacer un terceto, un trio o trinidad, que es asunto muy del Dios cristiano, me atrevería añadir a Ángel Fernández Artime que, además de asturiano (luanquín) y llamarse Angelín en años mozos, es eminentísimo y reverendísimo cardenal de la Santa Madre Iglesia, con destino principal en la Curia Romana.
Haber sido León XIV el Prior General de la Orden de San Agustín y monseñor Fernández Artime el Rector Mayor de la Congregación Salesiana, hace comunión por parecidos trabajos misioneros e inevitables conspiraciones. Que uno, nacido en Chicago, y que otro en Luanco, puedan acabar dominando la Curia vaticana -que en eso ya están- es un éxito memorable. Y si ambos no son ya santos, están llamados a serlo con seguridad, que eso es la Iglesia de los santificados, como bien sabe Mons. Ricardo Blazquez, emeritus, autor de la Presentación del libro de Lubac, Meditaciones sobre la Iglesia, en la edición de Encuentro (2011, 2ª edición). Es una pena, sea dicho incidentalmente, que tal monseñor español, por timidez o por lo que fuere, no haya podido enseñar lo que tanto aprendió, que ese no fue el caso de su compañero de estudios, cardenal Rouco, en la Pontificia de Salamanca.
Hecho importante fue la Homilía pronunciada el 5 de febrero de 2026 por el cardenal Fernández Artime en la Santa Misa, en Luanco y en su iglesia bautismal, con ocasión del 250 Aniversario del Santísimo Cristo del Socorro. Fue Homilía de substancia y circunstancias difícilmente superables, aunque el cardenal predicador no hubiese hecho cita de don Juan Bosco, don Bosco, fundador de los salesianos. Concluyó el alto purpurado elevando al Cielo una emotiva oración o plegaria al Cristo del Socorro.
Se puede consultar mi crónica, titulada Luanco (Asturias) y la piedad popular, en el blog que, con mi nombre, está en Religión Digital, publicada inmediatamente al terminar el sagrado acto. Teniendo en cuenta que, aunque escribo mucho, nunca cuento todo, en aquella crónica no conté lo siguiente: estando la Iglesia parroquial y marinera de Luanco llena de fieles, encontré un asiento entre dos mujeres, y la de la izquierda resultó ser la hermana del cardenal, guapa y muy discreta, como así deben ser las hermanas de cardenales. Al verme ella tomar notas en una libreta de anillas, me preguntó si era periodista, y la contesté con un amable no.
II.- El libro de Henri de Lubac:
Consideré un éxito de la Biblioteca de Autores Cristianos la edición y publicación hace unos meses del Libro del teólogo francés H. de Lubac, titulado Teologías de Ocasión, pudiéndose leer un Estudio preliminar a cargo de Samuel Sueiro, misionero claretiano (CMF), al que sigue un breve prefacio del autor, jesuita francés, más cinco partes que son núcleos de teología y espiritualidad, historia de la exégesis, teología política, religiones comparadas y homenajes a la memoria de otros autores. Apunto que Samuel Sueiro es también el autor del capítulo V, dedicado a Lubac, del libro La teología del siglo XX, editado por la BAC, y de mucho éxito en ventas.
Henri de Lubac fue de larga vida (1896-1991), de la resistencia francesa frente al nazismo, autor de textos esenciales de Teología fundamental, Eclesiología e Historia de la Iglesia, y peritus en el Concilio Vaticano II e inspirador de varios textos conciliares. Estuvo convencido de que el catolicismo es comunión y del aspecto social de la fe, no debiéndose olvidar que su obra Catolicismo, de 1938, tuvo como añadido: “Aspectos sociales del dogma”.
El clérigo Lubac fue creado cardenal, lo mismo que Yves Congar y Von Balthasar, también clérigos; los tres teólogos trascendentales para el Vaticano II al constituir un trio excepcional para el pensamiento teológico; del mismo modo que otro trío, estos laicos, Bernanos, Claudel y Peguy, son muy importantes para el pensamiento cristiano en general del siglo XX francés. Las obras de los seis, tres y tres, son, por supuesto, de lectura recomendada.
Es importante conocer la opinión del propio Lubac sobre los textos incluidos en sus Teologías de Ocasión: “Todos los textos nacieron de la necesidad de responder a peticiones con vistas a un congreso o a una obra colectiva, sea porque me sentí invitado a intervenir en algún debate”. El estudioso Samuel Sueiro escribe a su vez: “Los diversos capítulos del libro Teologías de Ocasión descubren la sutil capacidad de H. de Lubac para percibir las cuestiones espirituales de su tiempo y aportar elementos de respuesta”. Más adelante, escribirá: “Sin obedecer a una pasión por las modas, en la teología de H. de Lubac se adivina un vivo interés por la historia y por los aspectos sociales del cristianismo”.
Las cinco partes del libro, todas, son interesantes a comentar, escogiendo ahora la tercera parte, la de Teología política, pues con ella me tuve que enfrentar en mis variados estudios y exámenes, sobre el dualismo cristiano en la Edad Media y Moderna, lo que ahora se llama relaciones Iglesia-Estado, y apareciendo al inicio de la Alta Edad Media la gran figura teológica y muy compleja de San Agustín, de pensamiento clave en las ciencias religiosas, jurídicas y políticas.
Recuerdo que Teología política fue el título del libro del jurista católico Carl Schmitt, también autor del Catolicismo romano y forma política, polemizando con el también alemán, el teólogo Erik Peterson, primero evangélico y luego católico, y sobre el cual Benedicto XVI pronunció un importante discurso el 25 de octubre de 2010, con ocasión del Simposio internacional sobre el teólogo alemán.
III.- Los dos textos de Teología política:
Dos textos se incluyen en el capítulo III del libro lubaciano: “La autoridad de la Iglesia en materia temporal”, (Sueiro en nota señala que nos remonta a principios de la década de 1930), y “¿Agustinismo político?” (Sueiro indica que este estudio fue escrito por primera vez en 1930, sin ninguna idea de publicación y adjunto al anterior texto). Y volvamos a lo que escribe el mismo Lubac en su obra Memoria en torno a mis escritos, editado recientemente en 2025 por Encuentro, con Prólogo del teólogo y sacerdote Olegario González de Cardedal.
Escribe Lubac en las páginas 49 y 50 (Capítulo primero): “En 1932 publiqué otro estudio: Le pouvoir de l´Eglise en matière temporelle. La génesis de mi artículo y la favorable acogida que muchos le dispensaron se explican por la situación teológica consiguiente a la condenación de la Action française. Es en cierto modo la liquidación definitiva de la teoría belarminiana, literalmente entendida, llamada del “poder indirecto”. Y concluye Lubac el capítulo primero afirmando: ”Por ser históricamente demasiado esquemático y, por fortuna haber quedado pronto desfasado, no he querido volver a publicarlo en una selección, aunque me lo hayan pedido muchas veces.
Es en un anexo al capítulo donde puede leerse: “Yo había preparado una doble continuación de este estudio sobre el poder de la Iglesia en materia temporal; la primera era un examen crítico del concepto de “agustinismo político”, adoptado en nuestro siglo por cierto número de historiadores; la otra se refería a la evolución de las ideas y de los hechos, en la época contemporánea, en cuanto a las relaciones entre la Iglesia y los poderes civiles”.
Analizaremos, pues, esos dos artículos que Lubac reúne en Teologías de Ocasión, bajo la denominación de “Teología política”, el primero sobre la autoridad de la Iglesia en materia temporal y el segundo sobre ¿Agustinismo político? Lo haremos en artículos posteriores en las inmediatas semanas, y sin olvidarnos del también agustino que fue el rebelde Lutero, importante para el “agustinismo político”.
IV.- Lo desfasado y lo muy actual:
Esos escritos de Lubac, que datan de los años treinta del siglo XX --tal vez ahora, como el propio jesuita afirma, estén ya desfasados, más el primero que el segundo--. En cualquier supuesto son interesantes en estos tiempos en que el nuevo Vicario de Cristo es un fraile mendicante agustino. Eso hace que debamos regresar y volver a leer a San Agustín.
Leyendo a Lubac también conoceremos el pensamiento de san Agustín; leyendo a Lubac nos daremos además cuenta de la presencia importante en sus escritos del Papa León XIII. Un Papado, el de León XIII, que merece ser conocido por sus importantes aportaciones, no sólo las referidas a la cuestión social. Es de recordar, siguiendo a Lubac, la encíclica Inmortale Dei (1885), sugerentemente titulada “Constitución cristiana de Estados” y la encíclica Au milieu des sollicitudes (1891), sobre el llamado ralliement en los muy duros tiempos del laicismo combatiente de la Tercera República francesa, rozándose el atractivo tema de la Revolución francesa comenzada en 1789 y el Papado en el siglo XIX.
Y leyendo a León XIII me ratifiqué en la meticulosidad y en la jamás improvisación de León XIV. Y escribo “ratifiqué”, pues vuelvo a la aparición de León XIV en el balcón de la Basílica de San Pedro, al poco de ser elegido Papa, leyendo (no improvisando a la manera acostumbrada) el discurso de saludo al mundo, después de la emocionante espera del nuntio vobis magnum gaudium.