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¡Fuego, fuego!

¡Feliz jueves! ¡Que no cunda el pánico que todo queda en música! Te he traído varios ejemplos de música del maestro de hoy y lo más sorprendente es que no te va a parecer que es música navideña pero sí. Seguramente no eran interpretadas en el templo (o quizá sí) sino en fiestas cortesanas y palaciegas, pero lo que es cierto es que la temática es perfectamente navideña y por tanto va a ser interesante ver cómo celebraban antes estas fechas. ¡Además la música es deliciosa!

Quien nos visita hoy es Mateo Flecha «el viejo» (¿1481?-¿1553?), compositor español nacido probablemente en Prades. Estudió en Barcelona con Juan Castelló y en 1522 estaba en la catedral de Lleida como cantor; luego fue nombrado maestro de capilla. En 1537 (hasta 1539) parece ser que ocupó el mismo puesto en la catedral de Sigüenza. Desde 1544 ocupó lo mismo en la capilla privada de las infantas María y Juana de Castilla en Arévalo, puesto que dejó en 1548 posiblemente por el matrimonio de María con el emperador Maximiliano de Austria. En 1557 consiguió una licencia en Valencia para imprimir, pero fue su sobrino quien se encargó de hacerlo en Praga. Valderrábano, Pisador y Fuenllana adaptaron algunas de sus obras para voz y vihuela y una misa de Morales parodia una de sus ensaladas. Al final de sus días entró en la orden cisterciense en el monasterio de Poblet donde terminó muriendo. Su nombre lleva el añadido de «el viejo» para diferenciarlo del de su sobrino y colega, que se llamaba igual.

Precisamente es una de sus ensaladas lo que te traigo hoy. Es la titulada El fuego. No es la primera vez que te hablo del género de la «ensalada». Como este tipo de comida, en él se mezclan temas, melodías e idiomas. En este caso, se canta en español y latín. Esta, como otras siete más, fue publicada por el sobrino de Flecha tras su fallecimiento. La música también es de lo mas variada, con momentos más solemnes, movidos y otros más tranquilos. El texto tiene también variedad de métrica. Sin embargo, a pesar de que las apariencias no digan eso, es una catequesis ya que su intención no es más que afirmar la fe católica y la eficacia de la salvación. Aquí se usa la alegoría del fuego como símbolo del pecado, que hay que correr para apagarlo, y por tanto la necesidad de arrepentirse. La aparición de la Virgen, que dio a luz al Salvador, es la que consigue extinguir de forma definitivo este fuego abrasador.

La partitura de la obra puedes descargarla aquí.

La interpretación es de Hespèrion XX dirigido por Jordi Savall.

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