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La muerte del número

Para mí que soy profesor de matemáticas esta afirmación sería una verdadera tragedia. No voy a traerte aquí disquisiciones matemáticas ni filosóficas sino música, como siempre. Por ello, voy a ofrecerte hoy una bella obra de un maestro por el que siento una gran admiración y que es otra de mis debilidades. Una de sus obras más desconocidas pero que es una belleza.

Una vez más, nos visita Olivier Messiaen (1908-1992), maestro francés nacido en Aviñón. Era un extraordinario organista que estuvo a los teclados de la Iglesia de la Santísima Trinidad de París durante más de sesenta años. Muchas de las grabaciones de sus obras fueron hechas mediante su supervisión. Evidentemente estas llegaban a captar mucho mejor el espíritu del Messiaen que las que solo se amoldaban a la partitura. La forma de interpretar del maestro daba por sentado cierta sonoridad que no podía recogerse en el papel pautado, de ahí la diferencia; de ahí también que siempre le gustase asesorar a los intérpretes. Sus propias grabaciones serán siempre una referencia para los intérpretes pero evidentemente sus obras no siempre pueden interpretarse en órganos franceses, con su especial registración y sonoridad. Poco a poco habrá que ir viendo cuánta influencia siguen aportado en un futuro sus grabaciones de 1956...

Sin embargo, hoy no te traigo música para órgano sino otra suya titulada La mort du nombre. Es un lied compuesto en 1930 y es un bello diálogo entre dos almas (representadas por una soprano y un tenor). Una de ellas (tenor) se lamenta por la pérdida en la tierra y la otra (soprano) acude a confortarla. Hay quien propone que ambas almas son la de Messiaen y la de su madre, que murió joven dos años antes de la composición de la obra. El título es bastante curioso y algo oscuro, quizá representando la disolución del tiempo y de la métrica regular en la música, en su música. La obra esta llena de colores, de modos, de profundidad y de emoción, con dos voces que se unen y se separan al más puro estilo del "Tristán e Isolda" wagneriano.

La interpretación es de Suzie LeBlanc (soprano), Wiliford Lawrence (tenor), Laura Andriani (violín) y Robert Kortgaard (piano).

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