Cardenal Aguiar: "Hemos considerado oportuno revisar los Estatutos dela Basílica de Guadalupe y actualizar su organización"
Novena a los 500 años de Guadalupe: la visión del Cardenal Aguiar para la Iglesia en México
La Basílica de Guadalupe se prepara para los 500 años de las Apariciones de la Virgen. El arzobispo explica la renovación institucional que está llevando a cabo en el templo: "En la Iglesia, las estructuras no existen para sí mismas; existen para sostener la evangelización"
La Basílica de Guadalupe se prepara para los 500 años de las Apariciones de la Virgen. El arzobispo mexicano explica el proceso de renovación institucional que está llevando a cabo en el templo: "Cuando la organización administrativa funciona adecuadamente, la acción pastoral se desarrolla con mayor libertad y eficacia".
Señor Cardenal, usted ha anunciado una renovación institucional en la Basílica de Guadalupe. ¿Cuál es el objetivo principal de este proceso?
Cuando pensamos en la Basílica solemos pensar en un lugar de oración y de peregrinación, y esa seguirá siendo su razón de ser. Sin embargo, para que esa misión pueda realizarse cada vez mejor, también es necesario contar con estructuras institucionales acordes con las necesidades actuales.
Uno de los aspectos más importantes de esta renovación consiste precisamente en distinguir la responsabilidad pastoral de la operación administrativa.
La misión pastoral debe concentrarse plenamente en anunciar a Jesucristo, promover la devoción a Santa María de Guadalupe y acompañar espiritualmente a los millones de peregrinos que llegan cada año. Y por su parte, la administración debe garantizar, que toda la operación cotidiana del Santuario funcione con orden, transparencia, eficiencia, y un pleno cumplimiento de las normas civiles y eclesiales.
No se trata de separar dos realidades opuestas, sino de hacer que cada una cumpla mejor su propia misión. Cuando la organización administrativa funciona adecuadamente, permite que la acción pastoral se desarrolle con mayor libertad y eficacia.
¿Por qué considera importante hacer esa distinción entre la misión pastoral y la operación administrativa?
Porque ambas son necesarias, pero tienen finalidades distintas. La Iglesia existe para evangelizar, celebrar la fe y servir al Pueblo de Dios. Esa es la misión pastoral y siempre debe ocupar el primer lugar.
Sin embargo, al mismo tiempo, una institución del tamaño de la Basílica de Guadalupe necesita procesos administrativos sólidos, reglas claras y una organización capaz de dar cuenta, con responsabilidad a los desafíos actuales.
Al distinguir estas dos grandes responsabilidades, se fortalece la comunión, se agiliza la toma de decisiones, y toda la institución puede concentrarse en aquello para lo que existe.
Justo por eso, hemos considerado oportuno revisar nuestros Estatutos y actualizar nuestra organización, y qué mejor que hacerlo inspirándonos en la experiencia reciente de lo que ha ocurrido en las Basílicas Papales de Roma.
¿Entonces la Basílica de Guadalupe está siguiendo el camino que han recorrido las grandes basílicas de Roma?
Cada santuario tiene su propia historia, su propia organización y sus propios desafíos, pero todos compartimos la misma misión de anunciar a Jesucristo y acompañar espiritualmente a los peregrinos.
Más que copiar un modelo, asumiremos el principio de que las estructuras deben estar siempre al servicio de la evangelización.
Si los últimos dos Papas consideraron oportuno fortalecer en los últimos años la organización de las Basílicas Papales para responder mejor a la realidad actual, nosotros también debemos seguir ese ejemplo y con responsabilidad preguntarnos cómo puede la Basílica de Guadalupe servir mejor.
Las reformas impulsadas por Papa Francisco y Papa León nos recuerdan, que las grandes instituciones eclesiales permanecen fieles a su misión, precisamente porque saben renovarse cuando las circunstancias lo requieren.
Esa es también la convicción que anima la renovación de la Basílica de Guadalupe.
¿En la Basílica también se realizaron revisiones administrativas?
Sí, y considero importante subrayar que esto forma parte de la vida ordinaria de cualquier institución eclesial, que desea servir mejor a su misión.
En la Iglesia, las estructuras no existen para sí mismas; existen para sostener la evangelización. Por eso, es una práctica sana revisar los procesos administrativos, operativos y de gobierno, para verificar, que están respondiendo adecuadamente a las necesidades pastorales.
Esto fue lo vimos en el Vaticano, cuando anunció la renovación de los estatutos de sus grandes Basílicas Papales.
Las revisiones que realizamos se inscriben precisamente en esta lógica de mejora continua y de responsabilidad institucional. Y gracias a ello, podremos identificar oportunidades para fortalecer nuestra organización, y preparar con mayor eficiencia el camino hacia la conmemoración de los 500 años del Acontecimiento Guadalupano.
¿Esas revisiones encontraron irregularidades?
Más que irregularidades nos ofrecieron elementos para fortalecer a la institución, y seguir mejorando la organización interna, así como su servicio pastoral.
Siempre hay aspectos susceptibles de perfeccionarse en una institución viva, y lo que haya que mejorar, tendrá que ajustarse para que la Basílica cumpla cabalmente su misión.
Dentro de estos cambios se encuentra también la renuncia del Rector de la Basílica. ¿Cómo debe entenderse esa decisión?
Con espíritu eclesial. En la Iglesia, las responsabilidades pastorales siempre son temporales y están al servicio de la misión.
El Canónigo Efraín Hernández presentó su renuncia, la cual acepté, y continuará sirviendo a la Iglesia en nuevas tareas pastorales.
¿Qué espera del nuevo Rector?
Más que pensar en una persona, me gustaría hablar de la misión que tiene a su cargo. El nuevo Rector, el padre Daniel Villalobos, asume la responsabilidad de conducir una etapa muy significativa en la historia de la Basílica de Guadalupe.
Este año celebramos el 50 aniversario de la dedicación de la Nueva Basílica y, al mismo tiempo, continuamos la preparación hacia los 500 años del Acontecimiento Guadalupano. Por eso, sus principales encomiendas serán acompañar la renovación de los Estatutos del Santuario y del Venerable Cabildo de Guadalupe, fortalecer la misión pastoral de la Basílica y ayudar a consolidar su organización.
La Basílica de Guadalupe debe llegar al Jubileo Guadalupano con estructuras renovadas, sólidas, una misión pastoral fortalecida y una comunidad eclesial que trabaja unida, para que siga siendo, durante muchos años más, el corazón espiritual de México y de toda América.
Estoy convencido de que lo importante es que la Basílica de Guadalupe siga cumpliendo la misión que Dios le ha confiado.
¿Qué significa celebrar los 500 años del Acontecimiento Guadalupano?
En primer lugar, celebrar estos 500 años significa mucho más que recordar un hecho histórico. Es preguntarnos qué dice hoy Santa María de Guadalupe a nuestro pueblo, y cómo ese mensaje puede iluminar los desafíos de nuestro tiempo.
Cuando el Papa Francisco anunció el inicio de la Novena Intercontinental Guadalupana, expresó que, al igual que hace 500 años con San Juan Diego, la Virgen desea encontrarse nuevamente con nosotros. Ese es el sentido del Jubileo Guadalupano, disponernos a un nuevo encuentro con la Madre, que sigue conduciéndonos a Cristo.
Entonces, preparar los 500 años no consiste principalmente en organizar una gran celebración. Consiste en dejarnos renovar por ese mensaje de nuestra Madre, para que la Iglesia sea más misionera, más cercana a las personas y más capaz de responder a las heridas de nuestro tiempo.
¿Por qué considera que Guadalupe sigue siendo tan importante para México, casi cinco siglos después?
La Virgen de Guadalupe pertenece a la identidad y a la historia de nuestro país, pero también a su presente y futuro. Y no solo de México, de América Latina y del mundo.
En el Tepeyac, Dios quiso salir al encuentro de México por medio de su Madre. Desde entonces, generación tras generación, los mexicanos hemos encontrado en Santa María de Guadalupe un camino hacia Cristo, buscando esperanza, fortaleza y por supuesto, también para agradecer. En medio de todo lo que hoy vivimos a nivel mundial, Guadalupe nos recuerda, que toda persona tiene una dignidad inviolable, y que siempre será posible y necesario reconstruir la fraternidad.
Guadalupe ha sido un punto de encuentro. Ha sabido reunir donde había división, reconocer la dignidad de quienes eran olvidados, tender puentes entre personas y culturas, y recordarnos que todos somos hijos de un mismo Padre y, por ello, hermanos entre nosotros, sin importar nuestro origen.
Mientras exista una persona que necesite esperanza o consuelo en el mundo, Guadalupe seguirá teniendo una palabra que ofrecerle.
También anunció la creación de una Comisión Arquidiocesana. ¿Qué función tendrá?
Esta Comisión Arquidiocesana, y resalto la palabra Arquidiocesana, ayudará a articular el trabajo de las distintas vicarías, organismos y realidades eclesiales, para este camino hacia el año 2031.
Por lo tanto, una de sus misiones más importantes es que Guadalupe salga al encuentro de quienes más necesitan experimentar su cercanía dentro de nuestra Arquidiócesis. No basta con esperar a que los peregrinos lleguen al Tepeyac; también debemos preguntarnos cómo llevar el consuelo, la ternura y la esperanza de Santa María de Guadalupe a las periferias humanas y pastorales de la ciudad.
No basta con esperar a que los peregrinos lleguen al Tepeyac; también debemos preguntarnos cómo llevar el consuelo, la ternura y la esperanza de Santa María de Guadalupe a las periferias humanas y pastorales de la ciudad
Pienso, por ejemplo, en las familias heridas por la violencia, en las madres buscadoras, en los jóvenes que enfrentan soledad, en los hospitales, los enfermos, las personas privadas de la libertad, quienes viven en situación de calle, los adultos mayores, que se sienten abandonados, y en tantas comunidades parroquiales que necesitan escuchar de nuevo con fuerza las palabras: “¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?”
Ya que el Acontecimiento Guadalupano comenzó con una Madre que salió al encuentro de un hijo sencillo y necesitado, nuestra preparación hacia los 500 años debe tener ese mismo espíritu.
Y además, la Comisión también tendrá la encomienda de acompañar el trabajo de la Novena Intercontinental Guadalupana, que es la iniciativa de la Iglesia nacional para prepararnos para los 500 años.
¿Qué le gustaría que cambiara en la vida de los católicos durante estos años de preparación?
Que cada familia, cada parroquia, cada congregación religiosa y cada comunidad se sientan parte de este camino.
Los 500 años son una oportunidad para renovar nuestra fe. Ojalá que estos años nos ayuden a orar más, a encontrarnos, a impulsar el trabajo en las parroquias, a fortalecer nuestras familias, a comprometernos con quienes más nos necesitan, a construir comunidades más fraternas.
Si dentro de cinco años somos mejores discípulos de Jesucristo, y hemos aprendido a mirarnos unos a otros con los ojos de María de Guadalupe, habremos comprendido el verdadero sentido de esta preparación.
¿Cuál es el sueño que tiene para el año 2031?
Que podamos decir que el mensaje de Santa María de Guadalupe volvió a tocar el corazón de nuestro pueblo.
El Papa Francisco nos recordó que la Virgen de Guadalupe sigue queriendo encontrarse con sus hijos, especialmente con quienes viven el dolor, la incertidumbre o han perdido la esperanza.
Ese encuentro no puede quedarse únicamente en el santuario; debe llegar a quienes más lo necesitan. Recordemos que una madre nunca espera pasivamente; una madre sale al encuentro de sus hijos.
También, el Papa León XIV nos está recordando con insistencia la importancia de reconstruir la unidad, de custodiar la dignidad de toda persona, y nuestro deber de ser artesanos de paz. Estoy convencido de que el mensaje Guadalupano tiene mucho que ofrecer a esos desafíos.
Mi deseo es que esta preparación no transforme solamente a la Basílica, sino también a nuestra Arquidiócesis y, ojalá, a toda la Iglesia en México
Mi deseo es que esta preparación no transforme solamente a la Basílica, sino también a nuestra Arquidiócesis y, ojalá, a toda la Iglesia en México. Que lleguemos a los 500 años siendo una Iglesia más unida, más fraterna, más misionera y más comprometida con quienes más necesitan esperanza.
Considero que el verdadero éxito de los 500 años no será solamente la magnitud de las celebraciones, sino en que más personas, se encuentren con Cristo por medio de Santa María de Guadalupe.