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Católico de boquilla, el vicepresidente Vance bendice el asesinato de Renée Good

Vance presume de católico mientras defiende como justa una muerte que, a la luz de los datos disponibles, no puede ser llamada otra cosa que un asesinato

J.D. Vance en el Vaticano

El artículo de opinión de John Grosso en National Catholic Reporter, titulado “Catholic Vice President Vance takes to social media to justify killing of Renee Good”, denuncia que el vicepresidente J. D. Vance, que se presenta como un supercatólico, se ha volcado en las redes para justificar el disparo mortal contra Renée Good y culparla de su propia muerte. El núcleo del texto es demoledor: Vance “sabe que mentir y matar son pecados” y que Good, “en virtud de su humanidad, fue dotada de dignidad inherente, hecha a imagen y semejanza de Dios”, pero aun así decide defender el uso letal de la fuerza y “culpar a Good de su propia muerte”, algo que el autor califica como “fundamentalmente incompatible con el Evangelio”.

La tesis de fondo es clara: Vance presume de católico mientras defiende como justa una muerte que, a la luz de los datos disponibles, no puede ser llamada otra cosa que un asesinato.

Homenaje a Renée Good

Qué ocurrió y cómo reacciona Vance

Grosso resume los hechos en su artículo: “ayer (7 de enero), Renee Good, de 37 años, fue asesinada a tiros en un barrio residencial de Minneapolis por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Good era madre de tres hijos y ciudadana estadounidense”.

Inmediatamente, altos cargos de la administración se apresuraron a demonizarla: la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, habló de “acto de terrorismo doméstico”, y Donald Trump la describió como una “alteradora del orden público, obstructora y resistente, quien luego atropelló violenta, deliberada y brutalmente al agente de ICE”. Sin embargo, señala el autor, “no hay evidencia de que Good estuviera involucrada en terrorismo doméstico” y “las pruebas en video parecen contradecir por completo la explicación de Trump”, mostrando que el agente “no parece haber resultado herido y se le ve alejándose tranquilamente tras el tiroteo”. Según esos vídeos, lo que se aprecia es que Good está confundida por las órdenes simultáneas de varios agentes e intenta escapar, sin que se vea que intente atropellar deliberadamente a nadie.

En ese contexto, entra en escena Vance. En lugar de pedir calma y esperar la investigación, “JD Vance recurrió a las redes sociales para justificar el tiroteo y culpar a Good por su propia muerte”. En un tuit que Grosso cita íntegramente, el vicepresidente afirma: “Puedes aceptar que la muerte de esta mujer es una tragedia, aunque reconozcas que es una tragedia que ella misma provocó. No interfieras ilegalmente en las operaciones de las fuerzas del orden federales ni intentes atropellar a nuestros agentes con tu coche. Es así de simple”.

Poco después, publica otro mensaje dirigido a ICE: “Quiero que todos los agentes de ICE sepan que su presidente, vicepresidente y toda la administración los respaldan”, y ataca a los “radicales que los atacan, divulgan información personal y los amenazan”. Y Grosso concluye: “Vance no ha tuiteado en ningún momento arrepentimiento, oraciones ni condolencias por Good y sus seres queridos”.

Homenaje a Renée Good

Gaslighting y fe manipulada

El texto de Grosso detalla cómo Vance responde a cualquier duda sobre la actuación de los agentes calificando de “absurdas” las objeciones y presentando una narrativa cerrada: insiste en que Good estaba “obstruyendo una operación policial”, que los agentes actuaron de forma legal y que el disparo fue “en defensa propia”, incluso cuando la propia agencia Associated Press reconoce que “no estaba claro en los videos si el vehículo hizo contacto con el agente”.

En un hilo especialmente duro, Vance concluye: “¿Una tragedia? Sin duda. Pero una tragedia que recae sobre esta mujer y todos los radicales que enseñan a la gente que la inmigración es la única ley con la que los alborotadores pueden interferir”. Grosso califica esta estrategia de “gaslighting descomunal” y la resume con una frase muy gráfica de Vance: “El gaslighting es descomunal y no lo toleraré. Este tipo estaba haciendo su trabajo. Ella intentó impedirlo”.

Es aquí donde el autor introduce frontalmente la dimensión moral y católica. “Como católico, Vance sabe que no debe promover este tipo de manipulación y agitación”, escribe. Sabe que Good “fue dotada de dignidad inherente, hecha a imagen y semejanza de Dios”; sabe que “solo Dios puede quitar la vida”; sabe que “protestar, huir o incluso interferir en una investigación del ICE… no conlleva la pena de muerte” y que “mentir y matar son pecados”. La crítica es doble: no solo se justifican unos disparos cuya necesidad está seriamente en duda, sino que se construye una narrativa que demoniza a la víctima y santifica al aparato coercitivo del Estado, todo ello desde una identidad católica reivindicada públicamente.

JD Vance, con Marco Rubio, visitan al Papa León | Vatican Media

¿Se puede ser católico y defender el asesinato de Renée?

Grosso va más allá del análisis político y entra en el terreno eclesial. Afirma que la “visión retorcida y errónea del cristianismo” de Vance ya ha sido “repudiada por dos papas”, y que “su catolicismo parece ser poco más que un apoyo político, una herramienta solo para sus ambiciones profesionales y su afán de poder”. Los comentarios del vicepresidente, añade, “son una mancha moral en el testimonio colectivo de nuestra fe católica” y sus intentos de culpar a Good “son fundamentalmente incompatibles con el Evangelio”. Por eso remata diciendo que “nuestro único recurso es orar por su conversión”.

A la luz de esta nota, la pregunta que se plantea –¿se puede ser católico y defender el asesinato de Renée?– recibe, en términos evangélicos, una respuesta negativa. Se puede, sociológicamente, proclamarse católico y hasta usar el lenguaje de la fe para justificar políticas y actos violentos; pero quien “sabe que mentir y matar son pecados” y, aun así, defiende una muerte evitable, se sitúa objetivamente contra el núcleo de la moral cristiana.

La fe católica reconoce la complejidad de situaciones límite y la legítima defensa, pero niega que una ciudadana desarmada, confusa y rodeada de agentes pueda convertirse, sin más, en “terrorista doméstica” cuyo abatimiento sea “simplemente” parte del trabajo policial.

J. D. Vance, con su familia en San Pedro | Efe

Desde la lógica del Evangelio y de la doctrina social, no se puede ser coherentemente católico y justificar el asesinato de Renée Good; y si se hace, se utiliza el nombre de católico mientras se traiciona al Cristo que dijo: “lo que hicisteis con uno de estos pequeños, conmigo lo hicisteis”. O "no tomarás el nombre de Dios en vano". Porque Vance no solo defiende una actuación policial injustificable, sino que, al hacerlo en clave religiosa, traiciona el corazón del Evangelio que dice profesar y  contradice la lógica de la cruz, que se coloca del lado de las víctimas y no de los verdugos.

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