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León XIV incorpora a Lizardo Estrada al Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede

"La comunicación en la Iglesia también es evangelización", expresa el prelado, sintetizando la visión que acompaña su reciente nombramiento como miembro del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede

Lizardo Estrada, secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam)

(Micaela Alejandra Díaz/ADN Celam).- “Los procesos comunicativos son transversales a la misión evangelizadora de la Iglesia, es decir, la comunicación está al servicio de la misión”, con esta afirmación, Mons. Lizardo Estrada Herrera, O.S.A., secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), sintetiza la visión que acompaña su reciente nombramiento como miembro del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede.

El Santo Padre lo ha incorporado a este organismo junto a cardenales, obispos, sacerdotes y laicos provenientes de distintos continentes, en una composición que expresa la universalidad de la Iglesia y la importancia creciente de la comunicación en la vida eclesial. Entre los nombrados figuran los cardenales Luis Antonio G. Tagle, Fridolin Ambongo Besungu, Cristóbal López Romero, Filipe Neri António Sebastião do Rosário Ferrão y José Tolentino de Mendonça, así como diversos responsables eclesiales vinculados al ámbito comunicativo en África, Asia y otras regiones del mundo.

Este nombramiento se suma a otro reciente: el pasado 30 de marzo de 2026Mons. Estrada fue también designado miembro del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, lo que refuerza su participación en dos espacios valiosos de la Curia Romana y evidencia la confianza del Santo Padre en su servicio eclesial.

Comunicación y evangelización

Comunicación y evangelización

Desde su reflexión, Mons. Estrada insiste en que la comunicación no es un elemento secundario en la vida de la Iglesia, y que es más bien parte constitutiva de su misión.

La comunicación en la Iglesia también es evangelización”, dice, remarcando una convicción que ha madurado en el camino pastoral latinoamericano.

En esa línea, advierte que la Iglesia no puede prescindir de esta dimensión en su acción evangelizadora: “no podemos prescindir de la comunicación, de una buena comunicación”, especialmente en el contexto de una Iglesia en salida que busca acercarse a las realidades concretas de los pueblos.

Comunicación, escucha y sinodalidad

Tras ser consultado sobre la relación entre comunicación y sinodalidad en el proceso actual, la autoridad eclesial resalta que “hemos redescubierto el lugar prioritario que ocupa la escucha como “gramática” de todo proceso comunicativo”.

Desde esta perspectiva, la comunicación no solo transmite contenidos, sino que genera procesos de participación y comunión. “Hemos hecho de la comunicación una oportunidad para apropiar el proceso sinodal”, señala, resaltando la importancia de escuchar al Pueblo de Dios y compartir experiencias que fortalezcan la vida eclesial.

Asimismo, remarca que este enfoque contribuye a una cultura del encuentro: “La comunicación está llamada a contribuir significativamente a la implementación de la sinodalidad y a promover la cultura del encuentro, de la paz, mediante una comunicación desarmante y desarmada”.

El desafío de comunicar el Evangelio

A manera de reflexión, Mons. Estrada advierte también un reto clave para la comunicación eclesial en el contexto actual: muchas veces se reduce a lo meramente informativo, dejando de lado su dimensión formativa.

En ese sentido, señala que con frecuencia se prioriza la visibilización de lo negativo, lo que puede reforzar lo que denomina una “cultura de la muerte”. Frente a ello, recuerda que la misión de la Iglesia es distinta: “comunicar el Evangelio como buena noticia”.

Esta perspectiva, refuerza su convicción de que la comunicación eclesial no solo debe informar, sino también “formar, orientar y abrir caminos de esperanza, poniendo en el centro la dignidad de la persona y el anuncio de la vida plena en Cristo”.

Comunicae el Evangelio | 5

Reconocimiento a quienes comunican en contextos difíciles

Mons. Estrada dirigió un mensaje a los comunicadores que ejercen esta misión en situaciones complejas: “La Iglesia, defensora de la dignidad humana desde los valores del Evangelio, reconoce la vocación de tantos comunicadores y comunicadoras que no temen gastar la suela de los zapatos para salir al encuentro de las realidades más acuciantes y contribuir a la construcción de la verdad, denunciando las injusticias, las violencias, la corrupción y tantas otras estructuras que atentan contra la vida de las personas, de las comunidades y de los pueblos, sobre todo los empobrecidos y vulnerables”.

En ese sentido, expresa un reconocimiento explícito: “A estos comunicadores y periodistas que cada día se juegan la vida por cumplir a cabalidad su vocación de comunicar la verdad, hasta las últimas consecuencias, nuestro reconocimiento, gratitud y nuestra voluntad de acompañar sus búsquedas de sentido con profetizo, en defensa de la vida amenazada, incluso la de los propios comunicadores, por supuesto”.

Vocación de servicio

Al referirse a sus nombramientos, Mons. Estrada manifiesta: “Los recibo con profunda gratitud al Santo Padre por haber pensado en este servidor”, subrayando que ambos encargos representan “un desafío que asumo con espíritu de servicio”.

Sobre sus responsabilidades, explica que implican “participar en las reuniones, reflexiones y actividades propias de cada uno, aportando desde la experiencia pastoral de nuestra Iglesia en América Latina y el Caribe”. En el ámbito de la comunicación, su aporte estará orientado a “contribuir a una Iglesia que anuncie el Evangelio con cercanía, transparencia y sentido misionero en el mundo digital”.

Mientras que, en el campo del desarrollo humano integral, su servicio se vincula con “los cuatro sueños de Querida Amazonía: el social, el cultural, el ecológico y el eclesial”.

A su vez, resalta su disponibilidad para asumir diversas tareas, “estar disponible a los encargos que el Santo Padre o los prefectos puedan confiar, ya sea en el acompañamiento a las Iglesias locales, en instancias internacionales, o en ámbitos como la gestión de crisis, la ayuda humanitaria, el diálogo internacional y la promoción de la justicia y la paz”.

Misión compartida

Articulación con el Celam y trabajo continental

Desde su servicio en el Celam, Mons. Estrada hace hincapié en que las relaciones con los dicasterios se viven en un “espíritu de comunión y colaboración permanente”.

También resalta la colaboración con redes eclesiales y centros pastorales, promoviendo una “cooperación internacional cada vez más sinodal”. En este contexto, considera que sus nombramientos “fortalecen ese puente entre la Santa Sede y la Iglesia en América Latina y el Caribe”.

Mons. Estrada reitera su “profunda gratitud por la confianza depositada” y resalta el sentido sinodal de estos nombramientos: “Estos nombramientos reflejan un claro espíritu de sinodalidad, al integrar a miembros de distintas vocaciones dentro del Pueblo de Dios”. Además asegura que este camino permitirá avanzar en “una cooperación sinodal a nivel internacional y local, al servicio de una Iglesia en salida, pobre para los pobres, y atenta al clamor de la tierra y de los más vulnerables”.

Perfil de monseñor Lizardo Estrada

Mons. Lizardo Estrada Herrera nació el 23 de septiembre de 1973 en Cotabambas, en la arquidiócesis del Cusco (Perú). Realizó sus estudios en su tierra natal y su formación filosófica y teológica en Abancay y Trujillo.

Ingresó a la Orden de San Agustín, donde hizo sus primeros votos en 1998 y su profesión solemne en 2001. Fue ordenado sacerdote el 7 de agosto de 2005.

Cuenta con una sólida formación académica, que incluye estudios en Teología Moral en Roma, pedagogía, educación y un doctorado en Teología Pastoral en Medellín, además de formación en Doctrina Social de la Iglesia en el Celam.

León XIV y Lizardo Estrada

Su lema episcopal, “Servite in gratiam Christi” (Servir con la gracia de Cristo), sintetiza su identidad espiritual y pastoral, en sintonía con su actual servicio a la Iglesia universal.

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