Los obispos de Argentina celebran una misa en Luján para evocar a Francisco en una basílica repleta
Un año sin el papa Francisco
En una concurrida misa oficiada en la basílica de la patrona nacional, el presidente del Episcopado argentino subrayó su mensaje para la Iglesia y el país. Presencia del gabinete nacional, del gobernador bonaerense y ausencia de la vicepresidente
En una basílica de Nuestra Señora de Luján repleta, con una amplia participación de autoridades nacionales, provinciales y municipales, representantes de distintos credos, comunidades parroquiales y miembros de los Hogares de Cristo -especialmente aplaudidos-, se celebró la misa en el primer aniversario del fallecimiento del papa Francisco.
La celebración eucarística fue presididapormonseñorMarcelo Colombo, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y concelebrada por todos los obispos del país, quienes llegaron en peregrinación desde Pilar, donde se encuentran reunidos participando de la 128ª Asamblea Plenaria.
Entre los asistentes se contaron buena parte de los ministros del gobierno nacional, encabezados por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni; el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, numerosos legisladores de diversos partidos y varios intendentes del gran Buenos Aires.
Pese a que tenía pensado ir, no estuvo presente la vicepresidente, Victoria Villarruel, finalmente no concurrió porque no aceptó la ubicación que el personal de protocolo de la presidencia de la Nación le había asignado junto al jefe de gabinete.
En su homilía, monseñor Colombo expresó que la Iglesia en la Argentina quiso "testimoniar su gratitud a Dios por la vida y el ministerio de Francisco", al destacar la presencia de diversos sectores de la sociedad como signo de unidad y compromiso por "construir una patria de hermanos".
El arzobispo subrayó que, a un año de su partida, la figura del Papa sigue viva en el corazón del pueblo. "Es muy común escuchar que se lo extraña", afirmó, al aclarar que no se trata de una nostalgia estéril, sino del reconocimiento de una presencia que continúa interpelando. "Francisco, en nombre de Cristo, entró en nuestras vidas para quedarse", aseguró.
A lo largo de su predicación, recordó gestos y momentos significativos del pontificado: desde su primera aparición en la plaza de San Pedro hasta su oración solitaria durante la pandemia, pasando por su cercanía con migrantes, jóvenes y los más pobres. En todos ellos, destacó un estilo pastoral marcado por la cercanía, la misericordia y la audacia evangélica.
Monseñor Colombo puso especial énfasis en el llamado del Papa a una Iglesia en salida, comprometida con las periferias y atenta a los excluidos. En ese sentido, retomó su insistencia en promover una sociedad donde "nadie quede afuera", al reconocer el protagonismo de los sectores populares en la construcción del bien común.
Asimismo, recordó la invitación constante de Francisco al diálogo como camino hacia la fraternidad y la paz, y advirtió sobre los riesgos de la indiferencia, la agresividad y la falta de compromiso social.
El presidente del Episcopado también hizo una autocrítica como sociedad y como Iglesia, al reconocer que en ocasiones no se supo acoger plenamente su magisterio. "Nos queda aprender y no seguir castigándonos con la indiferencia", expresó.
“Nos queda aprender de una buena vez y no seguir castigándonos con la indiferencia, el desinterés, la agresividad permanente en el lenguaje y los gestos violentos”, señaló.
En cuanto a que no volvió al país, dijo que “más allá de las múltiples posibles razones invocadas, permítanme expresarles, con cierto pudor, que creo que nunca se fue del todo de su Patria porque permaneció como un interlocutor permanente en nuestras mesas y en nuestra vida social, aunque faltara el calor del encuentro con las muchedumbres de los viajes papales.
Finalmente, encomendó a la Virgen de Luján el camino de la Iglesia y del país, al pedir que, a ejemplo de Francisco, se renueve el compromiso con los más pobres y se fortalezca la esperanza en medio de las dificultades actuales.
Al final, quedó expuesta en una capilla lateral una sotana de Francisco enviada por la Santa Sede que fue bendecida.