15 de abril: II Miércoles de Pascua
15 de abril: II Miércoles de Pascua
Texto evangélico
“Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (Jn 3, 16-17).
Comentario
La Encarnación, la Redención y la Resurrección son acontecimientos que revelan el amor de Dios: un amor incondicional que llega hasta el desbordamiento amoroso del Padre al entregarnos a su Hijo.
Desde la conversación de Jesús con Nicodemo se comprende hasta qué extremo llega el amor de Dios por la humanidad. El mismo autor, en otro texto, llega a afirmar: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados» (1 Jn 4,10).
El texto alude a una figura que encierra una representación: Jesús es el enviado de Dios, su presencia en el mundo. Juan Bautista descarta ser él el enviado, mientras que Jesús revela: «El testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí» (Jn 5,36-37). DE tal forma que Jesús llega a decir: “Quien me ha visto a mí, ha visto a al Padre” (Jn 14, 9).
Propuesta
Siéntete amado de Dios.
Your browser doesn’t support HTML5 audio