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Barbara Jatta: "El único peligro que veo es que la Sagrada Familia se convierta en un museo"

Barbara Jatta, la primera mujer directora de los Museos Vaticanos | Agencias

(Catalunya Cristiana).- Barbara Jatta fue nombrada directora de los Museos Vaticanos por el papa Francisco. Esto fue en diciembre del 2016, por tanto, pronto cumplirá diez años. Una muestra clara de la voluntad de los últimos pontífices de poner a mujeres en cargos de responsabilidad en la Curia romana. El 19 de octubre Barbara Jatta fue en Barcelona en la inauguración de la exposición Arte sacro italiano del siglo XX de los Museos Vaticanos , la primera colaboración entre esta institución vaticana y el Museo Diocesano de Barcelona . Junto a Barbara Jatta desembarcaron en Barcelona otras embajadoras del “genio femenino” vaticano: Raffaella Petrini, presidenta de la Gobernación del Vaticano; Francesca Boschetti, conservadora de la colección de Arte Moderno y Contemporáneo de los Museos Vaticanos, y Rosalia Pagliarani, comisaria de la exposición.

Pregunta.¿Cómo valora esta colaboración "histórica" entre el Museo Diocesano de Barcelona y los Museos Vaticanos?

Respuesta. Considero que es de la máxima importancia que los Museos Vaticanos -que hacen la función de museo de la gran diócesis de Roma, la diócesis del Papado- establezcan un diálogo con los museos de las diócesis locales. Un rasgo distintivo a lo largo de los diez años de mi dirección ha sido el fomento de un diálogo abierto con todo el mundo —con instituciones globales y museos de arte— pero, en particular, con los museos diocesanos, no sólo en Italia, sino de todas partes. Esta exposición, que llega al Museo Diocesano de Barcelona -con el que hemos colaborado en otros proyectos-, es especialmente significativa. Como primera exposición organizada íntegramente por los Museos Vaticanos y dedicada específicamente al Museo Diocesano de Barcelona, pone de manifiesto la gran importancia y la atención que los Museos Vaticanos quieren dedicar a estas instituciones, que son, en cierto sentido, nuestras hermanas.

“Como primera exposición organizada íntegramente por los Museos Vaticanos y dedicada específicamente al Museo Diocesano de Barcelona, pone de manifiesto la gran importancia y la atención que los Museos Vaticanos quieren dedicar a estas instituciones, que son, en cierto sentido, nuestras hermanas”

P.¿Qué podemos ver en esta muestra?

R. Hay una veintena de obras relevantes vinculadas a la espiritualidad cristiana; concretamente, a una forma de espiritualidad arraigada en el siglo XX, un período marcado por una gran complejidad en cuanto a la espiritualidad humana, las presiones políticas y una profunda inquietud existencial. Además, se trata de una de las secciones menos conocidas de los Museos Vaticanos. Cuando la gente piensa en los Museos Vaticanos, suele imaginarse a Rafael, Miguel Ángel, grandes esculturas de la antigüedad u obras maestras del barroco. Sin embargo, gracias a san Pablo VI, esta colección se creó en los Museos Vaticanos en 1973. Empezó con un núcleo inicial de obras que, desde entonces, se ha ampliado considerablemente gracias a la labor de sus conservadores; especialmente la de la actual, Francesca Boschetti, que ha sido clave en el desarrollo y la ampliación —diez veces mayor— de la colección. Hoy en día, podemos explorar la naturaleza de la espiritualidad tal y como se manifestó en el siglo XX y cómo sigue presente en el siglo XXI.

Raffaella Petrini, Juan Josep Omella, Robert Baró y Barbara Jatta, en la catedral de Barcelona durante el acto de inauguración de la exposición.

P.¿Qué han significado para usted a nivel personal y profesional estos diez años al frente de los Museos Vaticanos?

R. Es una tarea muy exigente. Yo procedía de una realidad muy pequeña, como era la de la Biblioteca Vaticana, cuando gracias al papa Francisco fui nombrada directora de los Museos Vaticanos. Al inicio fue algo de choque por tener que ocuparme de una de las colecciones más imponentes de todo el mundo, con una plantilla numerosa y todo tipo de proyectos interdisciplinarios. Hay colecciones muy diversas; ámbitos en los que, por ser sincera, no tengo una experiencia profesional o de conservación específica. Ahora bien, después de diez años, conozco a la gente, las colecciones, el museo y su dinámica interna; me siento mucho más cómoda, aunque han sido años complicados. Hemos vivido la pandemia, la enfermedad y —desgraciadamente— la muerte del papa Francisco, una figura muy querida; hemos vivido un cónclave, un Jubileo y la maravillosa elección del papa León. Existe un espíritu renovado en torno a este Pontífice, que hoy nos protege y nos apoya, fomentando una gran sensibilidad hacia el arte, la historia y nuestra tradición cultural, espiritual y artística, lo que constituye, en esencia, nuestra misión. Así pues, en su conjunto, diría que las cosas van bien.

P.¿Cómo valora la confianza de los papas Francisco y León hacia las mujeres?

R. El papa Francisco ha prestado, sin duda, una atención especial al papel de la mujer en la Curia —aunque no necesariamente en la Iglesia en su conjunto, ya que las mujeres, las religiosas y las laicas como nosotros ya teníamos funciones—, dando a este papel más fuerza y relevancia. Mi propio nombramiento fue totalmente inesperado. Tenía entonces diez años menos y, como laica —esposa y madre—, mi nombramiento abrió muchas puertas. Hoy en día, en la Biblioteca Vaticana y en otras instituciones y dicasterios de la Curia Romana, muchas mujeres ocupan cargos directivos de alto nivel. Es evidente que Curia ha integrado esta realidad, y nosotros hemos pasado a ser una parte esencial; esto ha sido gracias al papa Francisco, pero también al papa León —de forma diferente, ya que cada uno tiene su estilo y carácter propios—, gracias a su apoyo a lo que el papa Francisco llamó el “genio femenino”.

P.¿Cómo se hace evidente hoy en día el diálogo fe-arte?

R. Es nuestra labor. Es evidente que, desde la Edad Media hasta nuestros días, ha existido una estrecha relación entre el arte y la fe. Este vínculo definió los grandes hitos artísticos de la época medieval —pensamos en Giotto o en tantos otros artistas menos conocidos de aquel período— y cobró aún más relevancia durante el gran Renacimiento y Barroco, con figuras como Miguel Ángel, Rafael y muchos otros, cuyas obras forman parte de las colecciones del Va. Esta exposición en el Museo Diocesano de Barcelona pone de relieve un momento histórico concreto en el que el papa Pablo VI —un Pontífice ilustrado y refinado, muy atento a las nuevas formas de lenguaje visual— impulsó la creación de la colección de arte religioso moderno en los Museos Vaticanos, que situó deliberadamente entre nuestras pilares espirituales: Sixtina. La selección de veinte obras que podemos ver en el Museo Diocesano de Barcelona demuestran cómo —incluso bien entrados los años treinta, cuarenta y cincuenta del siglo XX— los artistas fueron capaces de representar lo sagrado y nuestra fe de una manera verdaderamente impactante y rompedora. Todo esto nos recuerda aquella idea de que una sola imagen puede valer mucho más que mil palabras.

"Pablo VI impulsó la creación de la colección de arte religioso moderno en los Museos Vaticanos, que situó deliberadamente entre dos pilares fundamentales de nuestra tradición figurativa y espiritual: las Estancias de Rafael y la Capilla Sixtina"

P.La evolución de la Sagrada Familia, que ha visitado usted en diferentes ocasiones —la última este mismo 19 de octubre—, ¿cómo se observa desde los Museos Vaticanos?

R. La Sagrada Família es lugar concebido por Gaudí y que todavía hoy se está acabando de construir. Se convierte en un espacio donde la representación de lo invisible encuentra expresión; un proceso que, por su continuidad, recuerda la basílica de San Pedro, cuya construcción también se alargó durante muchos años y en la que todavía hoy continúan las obras (sin ir más lejos, el año pasado encargamos un nuevo Vía Crucis para San Pedro). Desde el punto de vista arquitectónico, la Sagrada Família funciona de forma similar. El único peligro que veo es que se convierta en un museo; no debe perderse nunca de vista que se trata de un espacio consagrado al Señor, destinado a fines espirituales. Nunca debe olvidarse este propósito fundamental, ya que no es un museo.

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