¿Qué han descubierto al levantar la losa del Sepulcro de Jesucristo?

Sin duda 2016 es un hito para el Santo Sepulcro de Jerusalén. Desde 1555 era la tercera vez que la tumba de Jesús había sido abierta, la anterior en 1809. De la misma manera que las dos veces anteriores, el objetivo esencial era la restauración de la edícola. Ni más, ni menos. Sin embargo, el mundo esperaba algo más: las pruebas definitivas de la autenticidad de la verdadera tumba de Jesús.

Así lo afirmaba, mi buen amigo y compañero Eugenio Alliata, franciscano, arqueólogo, profesor del Studium Biblicum Franciscanum de Jerusalén: “el acuerdo firmado entre las tres comunidades -griegos ortodoxos, franciscanos y armenios- ha sido para proceder a la restauración del edificio actual, no para establecer un estudio arqueológico sobre la tumba”. No obstante, ha sido uno de los miembros que pudo estar presente el 26 de octubre por la tarde, en la apertura de la losa. Pudo observar y describir lo que vio. Sin embargo, Alliata, lamenta no haber aprovechado la ocasión de la apertura de la losa para convocar a un buen grupo de arqueólogos, por eso afirma. “ningún arqueólogo ha intervenido, ni griego, ni franciscano, ni israelí”. Evidentemente con la humildad que le caracteriza expresa su frustración.

El profesor Alliata deja bien claro, también, que si el encargo hubiera sido hecho a los arqueólogos, se hubieran levantado y examinado muchos otros elementos del edificio actual; en otro orden, y para constatar la posible existencia, sin duda de grafitos. A la espera que algún día se pueda plantear un examen científico, riguroso y plural del conjunto de la zona, adelanta algunas conclusiones de sus observaciones, que veremos más adelante.

Por lo tanto, después del levantamiento de la losa, la primera constatación de Antonia Maroupoulou, la ingeniera encargada de las obras, era que no esperaba encontrar el banco de piedra a tal altura. El radar que utilizaba le señalaba un espacio vacío, de ahí la importancia de la visión directa, antes de inyectar mortero líquido, que pudiera condicionar el futuro. Esa “altura” era algo inesperado.

Narcyz Klimas, autor de un buen trabajo sobre la autenticidad del Santo Sepulcro, y que forma parte de las personas que han podido entrar en la edícola durante las 60 horas ( del 26 al 28 de octubre), que ha durado de apertura, afirma que la visión directa de la roca nos permite destruir la leyenda según la cual, el fatimida Hakim, en 1009, había arrasado totalmente con el Sepulcro. El estudio de muchos textos, posteriores a este acontecimiento, permitían afirmar que el banco de piedra estaba presente. Esto es lo que, Klimas, ha podido constatar con sus propios ojos. Unos 20 centímetros, debajo de la losa actual -datada del siglo XVI- se encuentra otra de mármol gris. la cruz que lleva grabada, parcialmente visible, nos lleva a una datación de la época cruzada, aunque parcialmente rota. Debajo de la cual se encuentra el banco funerario, a un buen nivel. Habría que examinar más a fondo el suelo. No olvidemos que las obras tienen que terminar en estos días (marzo 2017), para que no dificulten las festividades de la Pascua.

Desde el punto de vista arqueológico, para Alliata, queda definitivamente aparcada la hipótesis que se trata de una tumba a “khokhim” (horno), es decir un nicho en el cual se desliza el cuerpo. Estamos hablando de un lecho, de un banco de piedra. Sin embargo, no se trata de una tumba a “arcosolio” normal por su estrechez y otros aspectos técnicos. ¿Estaríamos hablando de un tipo “nuevo” de tumba, como habla el evangelio”? - se pregunta Alliata- De la cámara funeraria, solamente quedan las paredes norte y sur. ¿Quién la ha cortado literalmente en dos? De acuerdo con algunos esta destrucción habría sido perpetrada por los Persas, en el 614, pero entonces cómo es posible que Arculfo en el 670 hable del techo de esta habitación. Muchos interrogantes en el aire…

El descubrimiento de la roca desnuda, testigo mudo de la resurrección es el gran descubrimiento. La esperanza, sin duda nos conducirá a una nueva apertura de la losa y el estudio de la zona, en función, no de la restauración, sino de la metodología arqueológica. A la espera, seguiremos visitando esta lugar santo, venerado desde siglos por millones y millones de fieles de todo el mundo.

Pero tampoco, debemos olvidar que la alegría de la resurrección no se basa en un piedra. Es la tumba vacía el origen de nuestra alegría pascual. Sin embargo, el testimonio de los que han podido entrar en la tumba, durante esas 60 horas, es muy claro: “esta claro que ninguna prueba científica nueva ha podido establecerse, pero la experiencia que hemos vivido, nos lleva a afirmar que no hay lugar para la duda”.

Por lo tanto, la pregunta permanece: ¿Quién fue depositado en ese lecho funerario? A día de hoy, ningún elemento científico nos permite afirmar que se trata de Jesús, pero tampoco nada en contra. Quedan muchas preguntas en el aire. Algunas podrían responderse, si se les confía una nueva apertura a los arqueólogos. Tomen nota los responsables…las expectativas son muchas.
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