El futuro que les espera a los gazatíes…

Gaza
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Todos los pueblos tienen derecho a decidir sobre su presente y su futuro. Esto es un derecho fundamental muy primario. Al parecer los gazatíes no podrán disfrutar de este derecho. Otros (Israelíes, Americanos, Europeos…) empiezan a pensar y especular sobre su futuro. Así de claro.

Sinceramente, los gazatíes tienen claro que son el despojo de la comunidad internacional, que sólo se han ocupado de ellos, como ahora, porque los medios de comunicación están focalizando el conflicto. Pero son los grandes olvidados, hasta el punto que todos están dispuestos a decidir sobre su futuro sin contar con ellos, que son los protagonistas principales.

¿Alguien de nosotros aceptaría está desposesión de su casa y de sus tierras para darle a su familia un futuro en una tienda de campaña bajo el sol de desierto? ¿O plantearse su vida en otras tierras de manera obligada o por que no tiene más remedio? Algo así tristemente se plantea para los gazatíes…

Todos los pueblos tienen derecho a decidir sobre su presente y su futuro. Esto es un derecho fundamental muy primario. Al parecer los gazatíes no podrán disfrutar de este derecho. Otros (Israelíes, Americanos, Europeos…) empiezan a pensar y especular sobre su futuro. Así de claro.

Pero el primer problema es definir el fin de la guerra. Cuando realmente se podrá afirmar que esta guerra ha terminado. Como afirma, Yaakov Katz, miembro del Jewish People Policy Institute y ex redactor jefe de The Jerusalem Post, en este cotidiano:“La cuestión para Israel ahora es cómo definir el éxito en esta guerra, y si una victoria es siquiera posible, especialmente cuando el inicio fue tan trágico: más de 1.400 muertos, 240 secuestrados y más de 100.000 israelíes desplazados de sus hogares en la mayor crisis de refugiados que ha conocido el país desde 1948. Cuando estalló la guerra, los políticos israelíes declararon que iban a "destruir" o "eliminar" a Hamás. A medida que han ido avanzando los combates, los objetivos han cambiado. Ahora se centran en derrocar el régimen de Hamás e impedir que gobierne Gaza, se rearme o vuelva a amenazar a Israel algún día. "Destruir" y "eliminar" nunca fueron nociones realistas. Fueron declaradas en caliente, cuando la sangre de los israelíes hervía por el desastre que asoló el país aquel sábado negro. Pero incluso con este objetivo más detallado, ¿en qué momento sabrá Israel que ha cumplido sus objetivos? ¿Cuándo podrá decir que la guerra ha terminado? Digamos, por ejemplo, que Israel consigue matar a algunos de los principales dirigentes de Hamás en Gaza, pero no logra la liberación de los rehenes. ¿Es eso una victoria? Y digamos que ocurre lo contrario: Israel consigue liberar a la mayoría o incluso a todos los rehenes que están vivos, pero no consigue matar a Deif, Yahya Sinwar u otros terroristas de Hamás que se esconden en túneles en algún lugar de Gaza. ¿Es eso una victoria?”.

Y el mismo artículo continúa: ”A la hora de considerar el derrocamiento del gobierno de Hamás, la operación en el norte de Gaza no va a ser suficiente…En la parte sur de la franja sigue habiendo tres brigadas de Hamás, miles de combatientes, una infraestructura importante y conocidos focos de Hamás como Khan Younis y Rafah”.

Este articulista no olvida analizar los retos de una posible intervención en la zona Sur de Gaza, adonde una gran parte de la población del norte fue invitada-obligada a desplazarse: “Israel se enfrentará a tres retos principales en el sur de Gaza. En primer lugar, Hamás ha tenido tiempo de reforzar sus defensas y prepararse para las fuerzas terrestres de las IDF. Si Israel acepta una pausa de varios días en los combates como parte de un acuerdo para liberar a algunos de los rehenes, deberíamos esperar aún más fortificación y sorpresas. Hamás observó lo que hizo Israel en el norte de Gaza y sabe que tendrá que cambiar algunas de sus tácticas. El segundo desafío es la presencia de tantos palestinos desplazados en el sur de Gaza. Israel, junto con Egipto, Estados Unidos y la ONU, ha estado intentando que el mayor número posible de palestinos desplazados se trasladen a una zona del suroeste de Gaza llamada Al-Mawasi, cerca de donde se encontraban los asentamientos de Gush Katif. Los funcionarios de Defensa creen que allí hay espacio suficiente para todos los palestinos desplazados, pero es necesario llevarlos allí. Eso llevará tiempo, un bien que a Israel se le está acabando. El tercer reto es la tragedia que se está desarrollando en Gaza. Aunque las cadenas de televisión israelíes prefieren no emitir las imágenes de allí, no podemos ignorar lo que está ocurriendo sobre el terreno a más de 2 millones de personas. Israel tiene todo el derecho a operar en Gaza y a atacar infraestructuras que pueden parecer civiles pero que en realidad son militares. Pero, con el norte de Gaza ya destruido y el mismo destino esperando a grandes franjas del sur, será más difícil ignorar lo que está ocurriendo. Esto creará aún más presión internacional sobre Israel para que ponga fin a la operación y permita la reconstrucción de Gaza”.

Y la terrible conclusión de Katz: “Luego están los rehenes que permanecen en cautividad. El gobierno está sometido a una enorme presión para llegar a un acuerdo, incluso si ello significa detener su ejército durante varios días. Pero, ¿qué pasa si sólo algunos rehenes regresan y los demás permanecen en cautiverio de Hamás incluso una vez que Israel declare que la guerra ha terminado? ¿Cómo lo aceptará la opinión pública? Las condiciones para una victoria decisiva no son las que tenemos en mente actualmente. Hamás no se rendirá sin más, y no será posible destruir hasta el último lanzacohetes, hasta el último túnel, y matar o capturar hasta el último terrorista. Tampoco será posible recuperar hasta el último rehén. Los dirigentes israelíes tienen que mirar al país a los ojos y decirle a la gente qué puede esperar. Tras el trauma del 7 de octubre, la gente merece saber hacia dónde se dirige el país y cuánto tiempo llevará. Es lo mínimo que puede hacer un liderazgo político que ha hecho fracasar a un país”.

Al encuentro de estos razonamientos esta la propuesta de Omer Dostri,  doctor en estudios políticos y experto en estrategia militar y seguridad nacional e investigador del Jerusalem Institute for Strategy and Security (JISS) y del Israel Defense and Security Forum, en el periódico The Jerusalem Post: “Junto con la prudente decisión de impedir el regreso de la Autoridad Palestina a Gaza, es esencial reconocer el grave y estratégico error de segregar artificialmente el gobierno "de seguridad" del gobierno "civil" en Gaza. Esta división es intrínsecamente errónea, ya que la auténtica seguridad será difícil de alcanzar sin una presencia civil israelí sostenida sobre el terreno. La historia demuestra que en las regiones desprovistas de asentamientos judíos, las fuerzas de seguridad israelíes acabaron retirándose, lo que provocó la transformación de esas zonas en bases terroristas. Este patrón se ha manifestado en diversas partes de Judea y Samaria, Líbano, Gaza e incluso, aunque en menor medida, en el Sinaí. No hay razón para suponer que en Gaza no vaya a repetirse un escenario similar. Sin una presencia civil israelí, es probable que las fuerzas de las IDF, al carecer de un objetivo militar, se marchen, lo que brindaría una oportunidad para que resurgiera el terrorismo palestino. Además, el asentamiento israelí en Gaza ofrece ventajas como una mayor libertad de acción para las fuerzas de seguridad, una mejor protección con la incorporación de fuerzas de seguridad civiles y la adquisición de una imagen de inteligencia de alta calidad a largo plazo. La planificación arquitectónica estratégica puede implicar la división del territorio en diferentes segmentos, lo que facilitaría un mejor control por parte de las fuerzas de seguridad. De forma similar a la situación en Judea y Samaria, los asentamientos en Gaza proporcionarían un apoyo crucial y asistencia tanto física como espiritual a los soldados sobre el terreno que comprendan el propósito que hay detrás de su presencia. Simultáneamente, Israel debería resistirse al retorno de los cientos de miles de residentes de Gaza que evacuaron al sur de la Franja de Gaza. Deberían realizarse esfuerzos, ya sea individualmente o mediante acuerdos con países de la región, para animarles a reubicarse, probablemente en el Sinaí. La falta de tiempo podría intensificar las tensiones entre los gazatíes en la frontera egipcia y las fuerzas de seguridad egipcias, lo que podría dar lugar a concesiones o intentos por la fuerza de los refugiados de entrar en Egipto a cualquier precio. Esto presenta a Israel una oportunidad histórica y sin parangón para remodelar el panorama de amenazas, alterar el equilibrio demográfico en la región y rectificar las injusticias morales y estratégicas asociadas al plan de retirada de 2005 que expulsó a unos 9.000 ciudadanos israelíes de sus hogares en Gaza. Los dirigentes del país no deberían dejar escapar esta oportunidad y, desde luego, deberían evitar anunciar a bombo y platillo su renuncia a ella al mundo entero por adelantado”. Aunque parezca surrealista es cierto este tipo de razonamientos, que se barajan últimamente.

Y finalmente, la terrible propuesta de la ministra de Inteligencia de Israel, Gila Gamliel, en el mismo periódico, que la presenta a debate, crítica y aprobación, por ese orden: “Una de las cuestiones en las que mi oficina ha estado trabajando diligentemente es cómo proceder el día después de que Hamás haya sido derrotado y aniquilado. En Gaza seguirá habiendo unos dos millones de personas, muchas de las cuales votaron a Hamás y celebraron la masacre de hombres, mujeres y niños inocentes. Gaza es un caldo de cultivo para el extremismo. Es una zona pequeña, ni mucho menos la más poblada del planeta, pero en la que durante demasiado tiempo sus gobernantes han dado prioridad a la guerra contra los judíos frente a una vida mejor para su pueblo. Es un lugar desprovisto de esperanza, robada por los terroristas genocidas de Hamás, la Yihad Islámica y otros grupos terroristas. Esta situación ya ha provocado un gran éxodo de jóvenes de Gaza. Se calcula que desde que Hamás tomó violentamente el control de la Franja en 2007, entre 250.000 y 350.000, en su mayoría jóvenes adultos, han abandonado Gaza para buscarse una nueva vida en el extranjero”.

Desde esta análisis plantea que la opción de devolver el poder a la AP, no es la mejor: “Así pues, esta opción -que la AP vuelva a gobernar Gaza- ha fracasado en el pasado y volverá a fracasar. Es una opción que la opinión pública israelí considera ilegítima y que nos devolvería al punto de partida en poco tiempo”.

Y finalmente su terrible opción: “Promover el reasentamiento voluntario de los palestinos de Gaza, por razones humanitarias, fuera de la Franja. Es importante que quienes buscan una vida en otro lugar tengan esa oportunidad. Algunos líderes mundiales ya están debatiendo un plan mundial de reasentamiento de refugiados y afirman que acogerían a los gazatíes en sus países. Esto podría contar con el apoyo de muchas naciones de todo el mundo, especialmente las que afirman ser amigas de los palestinos. Se trata de una oportunidad para que quienes dicen apoyar al pueblo palestino demuestren que no son sólo palabras vacías…Durante mucho tiempo se ha pensado en Gaza como un problema sin respuesta. Hemos probado muchas soluciones diferentes: retirada, enriquecimiento, gestión de conflictos y construcción de altos muros con la esperanza de mantener a los monstruos de Hamás fuera de Israel. Todas ellas han fracasado. Debemos intentar algo nuevo, y pedimos a la comunidad internacional que nos ayude a hacerlo realidad. Podría ser una solución en la que todos saldrían ganando: los civiles de Gaza que buscan una vida mejor e Israel tras esta devastadora tragedia….Esta solución dista mucho de ser perfecta. Tiene sus inconvenientes y obstáculos, pero es nuestro trabajo examinar todas las opciones y decidir cuál es la mejor…Como dice el refrán, lo perfecto es enemigo de lo bueno. Este plan no es perfecto, pero es bueno. Es factible y aporta seguridad, prosperidad y, esperemos, paz para todos”.

Y afirma: “Me complace saber que diputados de la Knesset de todo el espectro político, tanto de la coalición como de la oposición, se han sumado a la iniciativa de mi Ministerio y han declarado su apoyo a la misma. Estoy seguro de que muchos otros harán lo mismo”.

En pocas palabras, despojar a los palestinos de sus pocas tierras destruidas y que la comunidad internacional se haga cargo de ellos. Preocupante esta desfachatez de decidir sobre el futuro de un pueblo…Sinceramente, los gazatíes tienen claro que son el despojo de la comunidad internacional, que sólo se han ocupado de ellos, como ahora, porque los medios de comunicación están focalizando el conflicto. Pero son los grandes olvidados, hasta el punto que todos están dispuestos a decidir sobre su futuro sin contar con ellos, que son los protagonistas principales. ¿La Comunidad Internacional será capaz de legitimar estas propuestas? ¿Alguien de nosotros aceptaría está desposesión de su casa y de sus tierras para darle a su familia un futuro en una tienda de campaña bajo el sol de desierto? ¿O plantearse su vida en otras tierras de manera obligada o por que no tiene más remedio? Algo así tristemente se plantea para los gazatíes…

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