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Jerusalén no está en guerra

Las puertas del Santo Sepulcro, cerradas en esta Semana Santa | EB

Jerusalén no está en guerra, en todo caso Netanyahu, Trump y compañía. La prohibición de acceder al Santo Sepulcro para celebrar la misa de Ramos al Patriarca de Jerusalén, Pizzaballa, y al Custodio de Tierra Santa, Ielpo, no es una medida banal. Nos afecta a todos los cristianos. Ellos nos representan en los lugares santos. Las dos máximas autoridades en Tierra Santa han visto como la policía les ha impedido el paso para poder acceder al Santo Sepulcro. Una medida que califican en un comunicado conjunto, ambas instituciones, de “irracional y gravemente desproporcionada”, pero sobre todo que atenta a la libertad de culto y falta de respeto al ¨Staus Quo”. En pocas palabras, medidas propias de una dictadura policial o militar. Un impedimento que, a pesar de las vicisitudes históricas de la ciudad de Jerusalén, no se había producido en siglos. 

Todavía recuerdo con nostalgia las veces que he podido participar en la procesión de las Palmas del Domingo de Ramos, desde Betfagé, atravesando el torrente Cedrón junto a Getsemaní hasta la piscina Probática. Miles de peregrinos, cristianos y scouts de toda Tierra Santa, acompañados por los tambores, las gaitas y las trompetas, se agolpaban para acompañar a Jesús en su entrada triunfal a Jerusalén. Esta procesión, ahora, es impensable dadas las restricciones del mando militar de Israel. El Patriarca Pizzaballa la ha sustituido por una bendición a la Ciudad Santa desde “Dominus Flevit”, el lugar en que se supone que Jesús lloró, contemplando su ciudad querida. Desde este santuario podemos contemplar una de las mejores vistas de Jerusalén. Pero han permitido estoe gesto con restricciones mediáticas. 

En una palabra, la guerra de Netanyahu y de Trump impide que los cristianos de Tierra Santa, los pocos peregrinos que se encuentran en ella y los franciscanos, custodios de los lugares santos, puedan orar libremente desde esta ciudad por la paz en ella y en todo el mundo. Pocas veces a lo largo de la historia se han traspasado límites tan sagrados. Desde luego la Secretaria de Estado del Vaticano debería llamar a consultas al embajador de Israel ante la Santa Sede. Y los países que mantiene consulados generales en Jerusalén, entre ellos España, tendrían que comunicar a sus respectivos estados éstos acontecimientos que desbordan lo establecido para que, desde el Ministerio de Exteriores, llamen a consultas a los embajadores de Israel. Es intolerable ese comportamiento, cuya excusa no es garantizar la seguridad, sino mostrar una vez más la prepotencia. Un gesto más de “ocupación”. La libertad de culto en Jerusalén es innegociable. Cristianos, Musulmanes y Judíos tienen derecho a poder acceder a sus lugares santos para rezar sin restricciones. En todo caso, que sean ellos los que se las auto-impongan, no autoridades externas de manera absolutamente “irracional y desproporcionada”, como dice el comunicado conjunto de la Custodia de Tierra Santa y del Patriarcado Latino de Jerusalén.

Una Semana Santa y Pascua, sin duda tremendamente crucificada si pensamos en todas las víctimas de esta guerra absurda. ¡Cuántas muertes innecesarias! ¡Cuánto sufrimiento! Pero a pesar de todo no perdamos la esperanza, aunque quienes lo decimos, estamos viendo la guerra confortablemente desde el sofá de nuestra casa. No obstante no puedo callar que, justamente desde Jerusalén proclamamos la victoria de la Vida sobre la muerte. Y Jesús Resucitado nos precede…

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