A qué se debe que el Papa León XIV no hable más alto y claro en el tema de los inmigrantes de Estados Unidos
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A qué se debe que el Papa León XIV no hable más alto y claro en el tema de los inmigrantes de Estados Unidos
Algunos amigos me preguntan a qué se debe que el Papa León XIV no hable más alto y claro en el tema de los inmigrantes de Estados Unidos. La intolerable persecución a seres humanos resulta absolutamente insoportable, sobre todo cuando se incluyen también a menores. Y el asesinato a sangre fría de ciudadanos norteamericanos cuyo único delito es grabar con sus cámaras esos latrocinios, es aberrante. ¿Hasta cuándo y hasta dónde la sociedad norteamericana será capaz de soportar éstas barbaridades? Menos mal que la sociedad civil está reaccionando.
¿Y qué dice el Papa León XIV? Recientemente el cardenal Parolin, Secretario de Estado, ha condenado firmemente estas nefastas acciones. Sin duda alguna, el Papa está al corriente de sus palabras. Sin embargo, quiero confesar que no echo de menos unas palabras más directas de condena del Pontífice por varias razones, que intento comprender.
No olvidemos que el Papa es norteamericano, un personaje con el que todos los mandatarios desean fotografiarse, lo cual desde luego irrita al que se cree el dueño del mundo, Trump. Su prepotencia no le permite ni siquiera vislumbrar una visita al Vaticano, porque sería competir con su narcisismo
En primer lugar, estoy convencido que León XIV está sufriendo enormemente por la situación y que su cuerpo le pide denunciar con fuerza estas atrocidades. No obstante, tiene que frenarse porque sin duda la CIA, infiltrada también en los salones vaticanos vigila noche y día sus gestos y palabras. Apenas respire saldrían en tromba para manipular y desautorizar sus palabras. Probablemente más que nunca la Embajada ante la santa Sede, en estos momentos, sea su trabajo prioritario.
Por otro lado, no olvidemos que el Papa es norteamericano, un personaje con el que todos los mandatarios desean fotografiarse, lo cual desde luego irrita al que se cree el dueño del mundo, Trump. Su prepotencia no le permite ni siquiera vislumbrar una visita al Vaticano, porque sería competir con su narcisismo. Por eso los secuaces de Trump vigilan cuidadosamente los pasos del Pontífice. Apenas se resbale la artillería mediática al servicio del inquilino de la Casa Blanca atacaría sin ninguna piedad. Por otro lado, no me extrañaría que husmeen en su pasado para ver si encuentran algo interesante para desacreditarle. El Papa tiene que andar con pies de plomo con esta gente. Es su estilo y su capaces de todo sin escrúpulos. Y él lo sabe. Y lo tiene crudo.
Tampoco podemos olvidar que Trump, según informaciones fidedignas, aspira a potenciar una disidencia, nacida al interior de la Iglesia católica, justamente para socavar el prestigio de la misma. Este movimiento se apoyaría en una parte del Episcopado Norteamericano afín a posiciones ultraconservadoras. Es de sobras conocida la polarización del Episcopado Norteamericano. Por un lado, hay un buen número de prelados cercanos a lo que podríamos calificar de progresistas, y por otro, bastantes con planteamientos muy proclives a las posiciones de Trump. Los dos católicos más cercanos al presidente probablemente se cuenten entre estos. Por eso se entiende la exhibición de la cruz en la frente de uno de ellos el miércoles de ceniza del año pasado. Por todo eso, una sufriente prudencia se impone en estas circunstancias. Cualquier pretexto desatará las iras del mandatario y su cólera tendrá consecuencias nefastas para la Iglesia Católica, sobre todo en Estados Unidos. No obstante se perciben voces en el Episcopado Americano muy claras contra las políticas de Trump, pero León XIV necesitará tiempo para renovar ese episcopado. No olvidemos tampoco que para la Iglesia. “mil años es como un día y un día como mil años”. Generalmente los Papas, durante su Pontificado, ven desfilar a muchos presidentes de distintos países, incluído Estados Unidos.
No le arriendo la ganancia en esta situación al Papa, que se morderá la lengua cada día a la luz de los informes que le llegan y de las imágenes de los medios de comunicación social. No quiero justificar la sordina en este tema, sino comprenderla. Recémos por él.
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