Preces de los Fieles (Domingo 19º TO 10.08.2014)
Tener miedo es humano. A todos nos asusta la enfermedad, el paro obligado, el desamparo amoroso, el fracaso, la muerte...
No es ninguna vergüenza sentir miedo. Pero no podemos tolerar que el miedo guíe nuestra vida.
Cuando nos dejamos dominar del miedo, nuestra vida se hunde, no podemos realizarnos.
Escuchemos hoy a Jesús, diciéndonos: “¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!”.
Por nuestro mundo:
que le creamos “fundado y conservado por el amor del Creador” (SG 2);
que oigamos su voz que pide respeto y colaboración;
que sintamos nuestros “sus gozos y esperanzas, sus tristezas y angustias” (GS 1).
Roguemos al Señor: “¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!”.
Por la Iglesia:
que no tenga miedo a reformas acordes con el Evangelio;
que no infunda miedo a nadie, sino al contrario, comprenda y ame;
que sea ámbito de ayuda mutua y desinteresada.
Roguemos al Señor: “¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!”.
Por los que arriesgan su vida:
que se dejen llevar por la fuerza del bien;
que encuentren nuestra ayuda y colaboración;
que en medio de las dificultades reconozcan la voz de Jesús.
Roguemos al Señor: “¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!”.
Por los más necesitados: enfermos, parados, excluidos...:
que sientan el Espíritu de Dios que les “habita” y acompaña;
que “nos duelan en nuestro corazón”, como a Pablo (Rm 9, 2-3);
que sean el centro de preocupación de nuestras comunidades.
Roguemos al Señor: “¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!”.
Por esta celebración:
que escuchemos “la brisa” de Dios que se hace aquí presente;
que nuestra oración termine en compromiso y trabajo por el Reino;
que nuestra vida sea “brisa” que acaricia a los hermanos.
Roguemos al Señor: “¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!”.
Queremos, Padre, bendecir, como Tú, a la ciencia que humaniza;
a los pensadores que buscan libremente la verdad;
a los reformadores que pretenden un mundo mejor;
a las religiones que, pacíficamente, ofrecen sentido a la vida;
a quienes combaten el hambre, las guerras, los fanatismos... (Mc 9,38-40; Lc 9,49-50).
Así sintonizamos también con tu Hijo Jesús, que vive por los siglos de los siglos.
Amén.
Rufo González