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Primer aniversario de la elección de León XIV

Jesús refleja “todo poder” (Amor y Libertad) en sus obras (Ascensión 17.05.2026)

“Nuestra opinión está de acuerdo con la Eucaristía, y la Eucaristía, a su vez, confirma nuestra opinión”

La sinodalidad exige escuchar, respetar carismas, no imponer leyes no evangélicas…

Comentario:Id y haced discípulos” (Mt 28, 16-20)

Leemos el final del evangelio de Mateo. Estos cinco versículos narran el “poder” de Jesús (“se me ha dado todo poder…”) y el envío de discípulos a “hacer discípulos” por el bautismo y el evangelio (vv. 18-19). Ocurre en una aparición a los Once: “fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado” (v. 16). Camino del monte de los Olivos, Jesús adelanta: “Esta noche os vais a escandalizar por mi causa…. Cuando resucite, iré delante de vosotros a Galilea” (Mt 26, 31-32). En la aparición a las mujeres, el ángel y Jesús encargan avisar a los discípulos: “va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis... Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán” (Mt 26, 7.10). En Galilea “comenzó Jesús a predicar: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos»” (Mt 4,12-17). Ellos ahora, predicando, “le verán”, sentirán su presencia, se identificarán con él.

Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron (v. 17). Literal: “habiéndole visto, le adoraron, pero algunos no quedaron convencidos, desconfiaron, dudaron” (ἰδόντες αὐτὸν προσεκύνησαν, οἱ δὲ ἐδίστασαν). Se expresa la experiencia de fe. Le adoran al creerle vivo y presente entre ellos, pero siempre en la oscuridad de la fe, con dudas, como ocurre hoy.

Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra” (v. 18). El aoristo ingresivo en pasiva (ἐδόθη μοι) puede traducirse como “acaba de dárseme”. Se supone “por Dios”, como pasiva teológica. El

todo poder” (πᾶσα ἐξουσία) es dado en la resurrección, como interpreta Pablo: “constituido Hijo de Dios en poder según el Espíritu de santidadpor la resurrección de entre los muertos: Jesucristo nuestro Señor” (Rm 1,4; Flp 2,9-11; Ef 2,20-21). “Todo poder”, entendido como Pablo: “poder según el Espíritu de santidad (Rm 1,4), y como Jesús: “Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros… Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mc 10,42ss.; Lc 22, 25ss.; Mt 20,25ss). La Iglesia interpretó el poder como “temporal”, cuyo signo eran “dos espadas: espiritual y material” en manos exclusivas del Papa (Bonifacio VIII: Unam sanctam). Idea contraria a la vida de Jesús, significada también en la Eucaristía. San Ireneo usa un principio que puede aplicarse aquí: “nuestra opinión está de acuerdo con la Eucaristía, y la Eucaristía, a su vez, confirma nuestra opinión” (Adv. Haer. IV, 18,5). En la Eucaristía Jesús acoge y se entrega sin tiranía ni opresión. Y “no impone más cargas que las imprescindibles” (He 15,28). A eso va la sinodalidad: escuchar, respetar los carismas de todos, no imponer leyes no evangélicas.

Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” (vv. 18-19). “Hacer discípulos” es “enseñar”, mostrar la vida del maestro, comunicar su espíritu. Enseñanza y bautismo, acción humana y divina conjuntas, nos reconcilian con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Así se nace de nuevo y de lo alto (Jn 3,3), se entra en “la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo” (Jn 17,3). “Conocimiento” es comunión, intimidad de hijos de Dios y hermanos de Jesús porque nos habita el mismo Espíritu. Somos “piedras vivas en una casa espiritual” (1Pe 2,5), comunidad eclesial, continuadora de la misión de Jesús.

Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos” (v. 20). Mateo inicia la vida de Jesús como el Emmanuel: “Dios con nosotros” (Mt 1,23; Is 7,14). Presencia perpetua en la comunidad fraterna, aunque sea mínima: “donde hay dos o tres reunidos en su nombre” (Mt 18, 20). “En su nombre”: movidos por su Espíritu de amor y misericordia.

Oración: Id y haced discípulos” (Mt 28, 16-20)

Seguimos, Jesús, celebrando tu resurrección:

tu “paso” (pascua) de la muerte a la vida;

tan limitados de espacio y tiempo, necesitamos

contemplar tus misterios, realidades llenas de vida,

por tiempos, aspectos, puntos de vista...

Hoy celebramos un aspecto entrañable:

tu “ascensión” al cielo, a la gloria divina;

tu salida de nuestros límites;

tu vuelta al Padre:

Salí del Padre y he venido al mundo,

otra vez dejo el mundo y me voy al Padre” (Jn 16,28);

Ya, Jesús nuestro, no subes tú solo:

te has hecho uno de los nuestros;

la humanidad es exaltada como Hija del Padre;

el ser humano es glorificado.

Nos entregas, Señor resucitado, “todo tu poder”:

Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos,

bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo

y del Espíritu Santo;

enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”.

Todo poder” essegún el Espíritu de santidad (Rm 1,4):

para “hacer obras como las tuyas, y aún mayores” (Jn14,12);

para “no tiranizar ni oprimir;

el Hijo del hombre no ha venido a ser servido,

sino a servir y dar su vida…” (Mc 10,42ss. y paral.).

Como sigues haciendo en cada eucaristía:

“nuestra opinión está de acuerdo con la Eucaristía,

y la Eucaristía, a su vez, confirma nuestra opinión”

(S. Ireneo Adv. Haer. IV, 18,5);

a todos acoges y te entregas sin tiranía ni opresión;

no impones más cargas que las imprescindibles” (He 15,28);

escuchas, respetas los carismas de todos;

la carne de todos, hombres y mujeres,

“se nutre del cuerpo del Señor y de su sangre,

no se corrompe y participa de la vida” (S. Ireneo).

Así reanimas nuestra esperanza de vida eterna:

“porque, así como el pan, producido de la tierra,

cuando recibe la invocación de Dios,

ya no es pan común, sino la Eucaristía,

que consta de dos realidades, terrenal y celestial;

así también nuestros cuerpos,

cuando reciben la Eucaristía, ya no son corruptibles,

teniendo la esperanza de la resurrección a la eternidad” (S. Ireneo).

Tu “vuelta al Padre” es nuestra esperanza:

hemos sido justificados en virtud de la fe,

estamos en paz con Dios, por ti, Señor Jesucristo,

por ti hemos obtenido el acceso a esta gracia,

en la cual nos encontramos;

y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios…;

la esperanza que no defrauda,

porque el amor de Dios ha sido derramado

en nuestros corazones por el Espíritu Santo dado” (Rm 5,1-5).

Estar habitados por el Espíritu Santo:

es la garantía, el aval de nuestra esperanza:

Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos

habita en vosotros,

el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús

también dará vida a vuestros cuerpos mortales

por el mismo Espíritu que habita en vosotros” (Rm 8,11.17).

Ayúdanos, Cristo nuestro, a seguir tu tarea:

a “ir y hacer discípulos de todos los pueblos,

bautizándolos en el nombre del Padre,

y del Hijo, y del Espíritu Santo;  

enseñándoles a guardar lo que os he mandado”;

a vivir “todo tu poder”, tu amor y libertad:

no apagando el espíritu,

no despreciando las voces proféticas,

examinándolo todo,

asumiendo todo lo bueno,

y absteniéndonos de toda apariencia de mal” (1Tes 5,19-22).

rufo.go@hotmail.com

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