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“No seáis como los hipócritas” (Miércoles de Ceniza 18 febrero 2026)

“El compartir radica en la naturaleza misma del cristiano”

Alégrate, tu privación sirve para vivir en “sobriedad compartida”

Dios te dará la alegría de compartir

Comentario:Entra en tu cuarto... y reza a tu Padre (Mt 6,1-6.16-18)

Leemos hoy una reflexión sobre la sinceridad. Se aplica a tres prácticas judías: limosna (6,2-4), oración (6,5-6) y ayuno (6,16-18). Los versículos 7-15 son una inclusión posterior, para añadir el Padrenuestro al tema de la oración. La actitud ética de Jesús: “cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial” (6,1). “Vuestra justicia” es aquí cumplir las obras de la Ley. Degeneró en lo puramente exterior. Jesús pide no hacerlas nunca por vanidad: “para ser vistos”. Analiza la limosna, la oración y el ayuno. Expresan la relación con el prójimo (limosna), con Dios (oración), con uno mismo (ayuno). La fe en el amor del Padre y su pasión por el ser humano provoca gratitud, amor y control por la vida auténtica. Jesús es ejemplo de gratitud, de amor y control, hasta entregar su vida en favor de todos.

La limosna expresa la fraternidad hacia los necesitados. El judaísmo inculcaba mucho tacto en la ayuda al prójimo: “Regalo a escondidas calma la ira; obsequio discreto, el furor violento” (Prov 21, 14). El Talmud de Babilonia habla de muchas historias sobre ayuda. “Rabí Abba envolvía monedas en su pañuelo y las arrojaba por encima del hombro. Se acercaba a las casas de los pobres sin ser visto, para que pudieran recibir la ayuda sin vergüenza. Inclinaba la vista lo justo para proteger las limosnas de los estafadores que pudieran robar el dinero” (Talmud de Babilonia, Ketubot, 67b). Jesús profundiza en la misma actitud: “no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa” (6,2). La hipocresía supone que no lo hacen por bondad, sino para obtener un premio. La publicación de donantes es “su recompensa” (ἀπέχουσιν ὁ τὸν μισθὸν αὐτῶν”: ya tienen su paga). Jesús propone que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosnaquedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (6,3-4). El Padre de Jesús “ve en lo secreto”. Su recompensa es la alegría profunda, la paz consigo mismo, el gozo fraternal. Como escribió san Juan Crisóstomo: “el compartir radica en la naturaleza misma del cristiano” (Homilías sobre los Hechos. PG 60,162).

Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará” (6,5-6). El Talmud de Jerusalén da muchas normas sobre la oración (posturas corporales, lugares, tiempos…). Respecto a la discreción dice: “Una persona no debe pararse en un lugar alto y orar; más bien, debe pararse en un lugar bajo y orar, como está escrito: “Te clamé, Señor, desde lo profundo” (Sal 130,1). No se debe orar en una silla ni en un taburete, ni en un lugar alto. Más bien, se debe orar en un lugar bajo, pues no hay arrogancia ante Dios… Está escrito: «Una oración por el pobre, cuando desfallece y derrama su queja ante Dios» (Sal 102,1). Es apropiado sentirse pobre al orar y presentar nuestras peticiones con humildad” (Talmud de Jerusalén, berakot 10b). Jesús invita a evitar la hipocresía: “para que los vean los hombres”. “Entra en tu cuarto”: en tu corazón. Tu “paga” será la compañía incondicional y su mismo amor, su Espíritu.

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará” (6,16-18). Alégrate, tu privación sirve para vivir en “sobriedad compartida”. Dios te dará la alegría de compartir.

Las relaciones básicas (con Dios, con uno mismo, los demás y la naturaleza) se revisarán durante la cuaresma. El amor de Dios, manifestado en el Resucitado, ahora “espíritu vivificante” (1Cor 15,45), será el criterio y la luz, el fuego purificador, que nos haga dignos discípulos del Resucitado: “todos nosotros, con el rostro descubierto, reflejando como espejo el esplendor del Señor, nos transformamos en su misma imagen, de esplendor a esplendor, por la acción del Espíritu del Señor” (2Cor 3,18).

Oración:Entra en tu cuarto... y reza a tu Padre” (Mt 6,1-6.16-18)

Hoy, Jesús de todos, iniciamos la Cuaresma:

a pesar del carnaval, poca gente vive la cuaresma;

crecer como persona siempre cuesta;

desmontar vanidad y colocar autenticidad,

           requiere coraje y determinación.

Escuchamos ahora tu invitación:

convertíos a mí de todo corazón...

rasgad los corazones, no vuestros vestidos...

convertíos al Señor vuestro Dios,

un Dios compasivo y misericordioso,

           lento a la cólera, rico en amor...” (Joel 2, 12-18).

En nombre de Cristo os pedimos:

reconciliaos con Dios...;

ahora es el tiempo favorable,

ahora es día de salvación” (1Cor 5, 20-6,2).

“Convertíos y creed el Evangelio”:

Cuidad de no practicar vuestra justicia

delante de los hombres para ser vistos” (Mt 6,1)

Cinco semanas preparando la Pascua:

meditando tu amor al Padre y a los hermanos;

mirando tu peripecia vital, tus prioridades;

cuidando a las personas más débiles;

anunciando tu evangelio claro y limpio;

destapando la contradicción entre Iglesia y Evangelio;

conociendo nuestras debilidades;

ensayando tus caminos de verdad y vida.

Que nos dejemos llevar de tu Espíritu:

Entrandoen nuestro cuarto, cerrando la puerta

y orando a nuestro Padre”;

que “va tras los descarriados, hasta que los encuentra”;

que “enciende una lámpara y barre la casa

y busca con cuidado, hasta que nos encuentra”;

que “nos ve y se le conmueven las entrañas,

se nos echa al cuello y nos cubre de besos” (Lc 15).

Procurandoque no sepa nuestra mano izquierda

lo que hace nuestra derecha”;

creyendo de verdad que tú, Cristo Jesús:

tienes hambre y te damos de comer,

tienes sed y te damos de beber,

eres forastero y te hospedamos,

estás desnudo y te vestimos,

enfermo y te visitamos,

en la cárcel y vamos a verte” (Mt 25,35s).

Ayunando, perfumada la cabeza y lavada la cara,

para que tu ayuno lo note, no los hombres,

sino tu Padre, que está en lo escondido”;

reconocemos así que “no solo de pan vive el hombre,

sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4);

palabra” que anima a la “sobriedad compartida”.

Hoy, Jesús de todos, te ofrecemos nuestros deseos:

de vivir esta cuaresma contemplando tu Amor,

de orar con más insistencia por tu reino de vida,

de acercarnos a los más vulnerables en todo sentido,

de ser sobrios en gastos superfluos

para que todos tengan lo necesario.

rufo.go@hotmail.com

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