Personas apasionadas por el bien de la humanidad (Todos los Santos 01.11.2026)
La fe en ti, Cristo Jesús, nos lleva por este camino bienaventurado
Hambrientos y sedientos de derechos y deberes humanos, “universales e inviolables” (GS 26)
Comentario: “Bienaventurados...” (Mt 5, 1-12)
Jesús sube al monte como Moisés y desde el monte habla como Dios. Enumera una serie de actitudes vinculadas con la felicidad humana, que Dios quiere. No son actitudes ante la religión o sus prácticas, sino actitudes humanas, propias de toda persona. Es la ética de Jesús.
“Bienaventurados los pobres en el espíritu”. No habla de pobreza económica (carencia de bienes necesarios), ni social (carencia de libertad, opinión, participación…). Trata de pobreza elegida, desapego interior, libertad para compartir y ayudar a todos... Las pobrezas de bienes necesarios son injustas: “Es necesario que se facilite al ser humano todo lo que éste necesita para vivir una vida verdaderamente humana, como son el alimento, el vestido, la vivienda, el derecho a la libre elección de estado ya fundar una familia, a la educación, al trabajo, a la buena fama, al respeto, a una adecuada información, a obrar de acuerdo con la norma recta de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad también en materia religiosa” (GS 26).
“Bienaventurados los mansos”. La palabra original “praeis” es el plural del adjetivo “praus)”. Su significado procede de los animales “domados, amansados y entrenados”. Tienen su fuerza bajo control, contenida y bien dirigida. Aristóteles define esta cualidad (“prautes”: mansedumbre) como “el justo medio entre la furia excesiva y la total pasividad o indiferencia”. Jesús dice “soy manso” (Mt 11,29). Gálatas 5,23 incluye como “fruto del Espíritu” en penúltimo lugar, la “prautes”, en la versión litúrgica: “modestia”. Mejor traducción es “mansedumbre”. Son dichosos quienes afrontan la conflictividad de la vida con “suave inteligencia” en lugar de ira o soberbia.
“Bienaventurados los que lloran” (penthoúntes). Este participio “presente” del verbo “pentheō” significa conmoverse visiblemente, incluso hasta el llanto, por un dolor profundo, fruto de un hecho desgarrador. El tiempo “presente” expresa acción o estado continuo, prolongado. En la espiritualidad evangélica, el pesar implica dolor por sufrimientos concretos, y contrición o pesar por el mal, fruto del alejamiento de la voluntad de Dios, que ama siempre y en toda situación.
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia”. Hambrientos y sedientos del “ajustamiento” personal y social, de vida ordenada, acorde con su conciencia, con la verdad posible, con el fruto de su trabajo, con el respeto... Hoy diríamos: acorde con derechos y deberes humanos, “universales e inviolables” (GS 26).
“Bienaventurados los misericordiosos”: “ἐλεήμονες” (participio de eleéō: tener compasión). Son quienes se conmueven ante la desgracia ajena y actúan para aliviar el sufrimiento o la necesidad.
“Bienaventurados los limpios de corazón”: “καθαροὶ τῇ καρδίᾳ” (katharoi): inocentes, sinceros, rectos o libres de culpa, “según su corazón”, en su conciencia. Quienes actúan de buena intención.
“Bienaventurados los que trabajan por la paz” (eirēnopoioi): pacificadores, hacedores de paz.
“Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia”. “Dediōgmenoi” es participio de perfecto pasivo de “diōkō”: perseguir, acosar, cazar o poner en fuga. El perfecto pasivo expresa condición o estado resultante de una acción: “los que han sido y continúan siendo perseguidos”. La “persecución” puede ser física y social (marginar, hostigar, desprestigiar, calumniar…). “Por causa de la justicia”: en defensa de los derechos y deberes humanos. Entre ellos está, por supuesto la libertad religiosa. Esta octava bienaventuranza la explica el mismo evangelio: “Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa s, erá grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros”.
Oración: “Bienaventurados...” (Mt 5, 1-12)
Hoy, Jesús, hacemos memoria de todos los santos:
desde los más lejanos en tiempo y lugar,
hasta los de nuestra propia familia y amigos.
Somos conscientes de la comunión con todos ellos:
todos, personas apasionadas por el bien de la humanidad;
todos, unidos por el Amor universal y desinteresado que
“hace salir el sol y bajar la lluvia sobre justos e injustos”;
algunos, incluso sin conocerte, vivían tu amor:
“cada vez que lo hicisteis con uno de estos,
mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40).
A Ti, Cristo, te reconocemos “primer bienaventurado”:
las bienaventuranzas fueron la realidad de tu vida;
las ocho actitudes transversaron tu existencia;
tu alegría, tu gloria, son aval y certeza seductora siempre.
En el fondo de todas está el Amor incondicional:
amor que elige libertad para compartir y ayudar;
amor que afronta la vida con “suave inteligencia”,
en lugar de ira y soberbia;
amor que comparte dolores y ausencias de amor;
amor-pasión por los derechos y deberes humanos;
amor que se conmueve ante la desgracia ajena
y actúa para aliviar el sufrimiento o la necesidad;
amor pacificador, hacedor de paz;
amor “perseguido” por defenderla vida humana digna.
La fe en ti, Cristo Jesús, nos lleva por este camino:
te hemos aceptado como manifestación del Amor divino;
“por ti hemos obtenido el acceso a esta gracia,
en la cual nos encontramos;
el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones
por el Espíritu Santo que nos has dado” (Rm 5,2.5).
este Amor nos libera del egoísmo esclavizante,
y nos pone en la pista de las bienaventuranzas.
La fe en ti, Jesús, “actúa por el amor” (Gálatas 5,6):
fe-amor que alegra toda nuestra existencia:
fe-amor del que nada ni nadie puede separarnos (Rm 8.39);
fe-amor, fuente de dicha, de libertad, de sentido, de vida.
Así lo pone en tus labios el evangelio de Juan:
“Como el Padre me ha amado, así os he amado yo;
permaneced en mi amor...
Os he hablado de esto
para que mi alegría esté en vosotros,
y vuestra alegría llegue a plenitud” (Jn 15,9.11).
Cristo Jesús:
que tu Espíritu reanime el Amor que nos habita;
que estemos agradecidos a la libertad del Amor;
que vivamos la “austeridad compartida”;
que sintamos la compañía de Todos los Santos;
que sigamos fieles al Amor incondicional para siempre.
rufo.go@hotmail.com