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De la venganza sin límites al perdón sin límites (Domingo 24º TO A 13.09.2026)

La disciplina de la Penitencia no refleja el Amor del Padre Dios

Jesús sólo exige la vuelta al Amor: curar al herido, restituir su dignidad, considerarle hermano

Comentario:Hasta setenta veces siete” (Mt 18, 21-35)

El domingo pasado (Mt 18,15-20) quedó claro que quien ofende a otra persona, “peca”, ofende a Dios. Y quien se reconcilia también se reconcilia con Dios, “salvando” (devolviendo al Amor) a quien “pecó”: “todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos” (Mt 18,18). Hoy contemplamos los límites: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?”. El Documento Q, recogido en Lucas, ya ofrece el criterio de Jesús: si hay arrepentimiento, debe haber perdón:“Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: `Me arrepiento´, lo perdonarás” (Lc 17,3-4).

Hoy leemos la respuesta definitiva de Jesús a Pedro,símbolo de la Iglesia: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. Expresión que es un hebraísmo (estructura propia del hablar y pensar hebreos)que combina dos números con significado teológico. El siete representa la plenitud o perfección de la creación y el sábado (seis días y el Shabbat). El setenta simboliza la totalidad universal (70 naciones de la tierra y 70 ancianos representantes de Israel).Combinarlas (70 veces 7) une la perfección y la totalidad, elevándolas a lo incalculable, a lo ilimitado. Esta expresión procededel Antiguo Testamento. El Génesis narra que Lamec, un tataranieto de Caín, presume ante sus esposas de sentirse autorizado a la venganza sin límites: “a un hombre he matado por herirme, y a un joven por golpearme” (Gn 4,23). Justifica su conducta en que “el Señor dijo: «El que mate a Caín lo pagará siete veces». Y el Señor puso una señal a Caín para que, si alguien lo encontraba, no lo matase” (Gn 4,15). Si matar a Caín trae venganza séptuple, él, que es mejor, debeelevar la venganza:“Caín será vengado siete veces, y Lamec setenta y siete” (Gn 4,24).

Jesús utiliza el mismo hebraísmo, cambiando “venganza” por “perdón”:“No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (v. 22). La llegada de Jesús produce un saltocualitativo en la autorrevelación de Dios. En él se cumplen las mejores profecías. “Sermón de la montaña”: del “ojo por ojo, y diente por diente, y aborrecerás a tu enemigo” al Amor sin límites: “no hagáis frente al que os agravia…Yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos” (Mt 5,38-9.43.45). De venganza ilimitada al perdón ilimitado.

Mateo crea una parábola para iluminar este deslumbrante evangelio (vv. 23-35). No consta en los demás sinópticos. No hay ningún rasgo literario hebreo. Su griego deslumbrapor el buen uso de participios y aoristos. Talentos y denarios son monedas romanas. Llama la atención la enorme deuda del criado regio. Diez mil talentos es una cantidad descomunal. Un talento eran seis mil denarios. Un denario era el salario normal de un día (Mt 20,1-16). Un jornalero tarda más de 16 años en ganar un talento. Si esto se multiplica por diez mil, saldría una suma de ciento sesenta mil años. No hay deuda humana similar. Así de asombroso es el Amor sin medida “del señor de aquel criado perdonándole la deuda” (v. 27). En contra, “el criado encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. Cien denarios es el salario de unos tres meses. Deuda irrelevante para alguien capaz de endeudarse con “diez mil talentos”. Pregunta obvia:“¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. La experiencia del perdón ilimitadodel Padre provocanuestroperdón ilimitado. La inexperienciadel perdón del Padre provoca odio o indiferencia: “Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».” (v. 35).

Oración: hasta setenta veces siete” (Mt 18, 21-35)

Seguimos, Jesús, contemplando tu perdón:

siempre guiados por el Amor del Padre;

Padre que “actúa” (Jn 5,17) nuestra realización;

que espera nuestra vuelta, si nos extraviamos;

que no abronca ni humilla, al volver;

que no pregunta ni pide explicaciones;

que “no guarda rencor”;

no toma en cuenta el mal”;

no anota lo malo en la cuenta”;

no lleva cuentas del mal”;

“no urde el mal” (1Cor 13,5)

Sólo exige la vuelta a su Amor:

curar al herido, restituir su dignidad;

tratar a todos como hermanos;

celebra una fiesta de fraternidad;

a quienes piden “ajuste de cuentas”,

el Padre les dice : “Hijo, tú estás siempre conmigo,

y todo lo mío es tuyo;

es preciso celebrar un banquete y alegrarse,

porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido;

estaba perdido y lo hemos encontrado” (Lc 15,31s).

Como dice Juan de la Cruz, lo importante es:

“Cayendo el alma en la cuenta…” (Cántico 1);

en la cuenta de su vida, siempre incierta;

en la cuenta de “perderse fácilmente”;

en la cuenta de “haber sido creada” para amar;

en la cuenta de la vida de Jesús que “ha venido para que

tengamos vida y la tengamos abundante” (Jn 10,10).

Tu vida, Jesús, es Amar a todos:

amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios,

y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.

Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.

En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene:

en que Dios envió al mundo a su Unigénito,

para que vivamos por medio de él.

En esto consiste el amor:

no en que nosotros hayamos amado a Dios,

sino en que él nos amó y

nos envió a su Hijo como víctima de propiciación

por nuestros pecados.

Si Dios nos amó de esta manera,

también nosotros debemos amarnos unos a otros.

A Dios nadie lo ha visto nunca.

Si nos amamos unos a otros,

Dios permanece en nosotros y

su amor ha llegado en nosotros a su plenitud” (1Jn 4,7-12).

La parábola de hoy retrata el amor del Padre:

El señor tuvo lástima de aquel empleado

y lo dejó marchar, perdonándole la deuda”.

La misma parábola retrata nuestro desamor:

“aquel empleado se negó a perdonar a su compañero,

y se fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía

Jesús, ayúdanos a pedir perdón:

a reconocer nuestro egoísmo y errores;

a aceptar nuestra responsabilidad;

a reparar y reconstruir caminos rotos.

Jesús, ayúdanos a perdonar, a “tener paciencia”:

a amar a quien nos ofende, ofreciendo perdón,

restaurando relaciones rotas;

a liberarnos a nosotros del peso del rencor,

amando gratis como nuestro Padre del cielo;

Jesús, danos tu corazón paciente:

para regalar amor sin interés alguno;

para suplicar que “tengan paciencia con nosotros”;

para ser conscientes de nuestra “deuda de amor”

con el Padre y los hermanos.

rufo.go@hotmail.com

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