"Que una autoridad eclesiástica pretenda inmiscuirse en la sagrada intimidad del hogar y de la vida conyugal —una institución civil y humana radicalmente ajena y, por lo menos en la Iglesia latina, canónicamente incompatible con el ejercicio del sacerdocio— constituye una falta de respeto inaceptable hacia la soberanía y la dignidad de las personas."