DEL BALCÓN AL CIELO PASANDO POR LA PLAZA
Un año sin Francisco. León de viaje. Los retos continúan
Yo sufría un poco al ver al papa Francisco dar su última bendición ‘Urbi et Orbi’ el 20.04.2025, con esa voz débil y ronca; se le oía respirar hondo pero con ojos vibrantes y sonrientes. Claramente sufría. Yo intuía, como muchos, que no iba a durar mucho mas no quería pensar entonces en un posible o hipotético conclave.
Pero Dios ya lo había citado si bien todos, incluyendo el mismo papa Francisco, no lo sabíamos o no lo queríamos aceptar. Aquel asomo desde la loggia de San Pedro ya tenía el cielo por horizonte. Era el preludio a la eternidad. Aquella mañana era el ocaso que anunciaba ya una nueva alba. Mas hay una última parada antes de comenzar la subida: la plaza abajo.Antes de emprender el vuelo era preciso pasear por ahí para estar cerca de los fieles, con quienes siempre había querido identificarse hasta el punto de oler a ellos.
Al día siguiente nos llegó la noticia temida. Yo, por casualidad, vi el anuncio en directo. Se acabó un pontificado que para mí era la realización de lo que Pablo VI decía de la iglesia en su discurso a la O.N.U. ‘experta de la humanidad’ por ‘estar inmersa’ en ella, como había escrito el mismo Pontífice en su escrito programático mas algo truncado en su realización: Ecclesiam suam.
Francisco, con su lema que recalcaba la misericordia, se identificó con la humanidad de sus ovejas. Era un viajero pese a su estado delicado de salud mas no era un trotamundos que arengaba ni un profesor que dictaba lecciones; era un viajero con los demás, trazando itinerarios de misericordia, de cercanía. Todo ello lo tradujo en reformas significativas como la mayor participación de laicos y mujeres en la gobernación de la curia. También como obispo inició una práctica extraña de pasar el Jueves Santos con prisioneros en vez de presidir la misa desde su cátedra.No quiso vivir en el Palacio Apostólico.
Sí era un viajero, mas sui generis. Se dejaba guiar por el espíritu ignaciano de discernimiento que a veces acertaba. A veces, no.Todo ello con su carácter un tanto impetuoso que por el cual también cometió errores que él reconoció o que la perspectiva histórica de la distancia está en proceso de sacar a flote. Ciertamente, con la ayuda de los historiadores competentes, todos tendremos ocasión propicia para reflexionar acerca de las luces y las sombras de su pontificado.
Mas no cabe duda que fue un pontificado de la misericordia, de identificarse con el pueblo pese a las dificultades. No me puedo olvidar de aquella bendición ‘urbi et orbi’ extraordinaria en una Plaza de San Pedro vacía con un discurso que podría calificarse como uno de los mejores leídos por un papa en toda la historia, en una noche oscura colectiva. En aquella plaza vacía Francisco encendió una vela de esperanza que no se apaga. En esa misma plaza, aquella vez repleta de gente y tras otra bendición ‘urbi et orbi’, Francisco ya era vela viviente que ya se apagaba pero su luz, su mensaje nunca se apagaría.
Un año después de su muerte, su sucesor se encuentra de viaje. Otro religioso como él. Esta vez un fraile. El actual papa, el de la unidad, por lo de su lema inspirado en los ideales de su padre espiritual, san Agustín, está haciendo una llamada a la unidad por una paz en medio de un conflicto innecesario y dañino. Su voz profética, su rugido que comenzaba a resonarse en los confines de San Pedro y que ahora ha transportado al continente de la esperanza que es África, es una llamada a la unidad por la paz. Esta se puede lograr para construir la Iglesia soñada por san Agustín, solo por la unidad y que se vive por la fraternidad, la esencia evangélica interpretada por el Hipponense cuya tierra ha visitado como hijo y discípulo el que ahora es titular de la Cátedra de Pedro.
Un año sin Francisco es un año de búsqueda pero de encuentro en la resonancia del mismo mensaje del evangelio en León. Es signo, es ocasión para que todos saboreemos la Presencia continua del Espíritu, su ayuda incondicional, su voz en medio de la tempestad. León no está en Roma para conmemorar el tránsito de Francisco sino que vive este mismo tránsito ahí en tierras de África con los fieles, con las ovejas para oler como ellos, para expresar con ellos la cercanía, la misericordia esta vez con énfasis en la unidad sobre todo por la paz.El papa no debe confinarse a Roma; ha de ir en busca de sus ovejas como el Buen Pastor.
Mientras tanto en la tumba blanca, adornada con rosas blancas, en Santa Maria Maggiore, con los susurros devotos y cuchicheos banales de peregrinos y visitantes se oye en los intermedios el batir de las alas de los querubines y serafines. La tumba irradia paz; es también clamor de paz en la cercanía con las ovejas blancas como el Cordero Pascual que quita el pecado del mundo y cuyos balidos como los rugidos del león son llamadas a la paz con la que se podría construir un mundo unido por los mismos ideales humanitarios. He aquí el reto, el mejor legado de Francisco que ya había hecho su viaje a la eternidad mientras que León, que ahora está de viaje por tierras de África, ha recogido. Nos toca ahora seguir de viaje, como ovejas que huelen a los hermanos sobre todo a los que apestan por el hedor de la violencia de la guerra.