Hazte socio/a
Última hora:
60 años de la Nostra Aetate

Un camino de esperanza para nuestros días

Una primera aproximación a la nota conmemorativa emitida conjuntamente por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso

Asia es cuna y hogar de las grandes tradiciones religiosas. Filipinas por estar en el cruce de religiones y culturas desempeña un papel importante en el diálogo interreligioso

Siempre me ha interesado el tema del diálogo interreligioso por ser de Filipinas, país mayoritariamente católico pero contamos con un número considerable de musulmanes (el 6,42 % de la población total del país). Mi padre, que era abogado antes de ser nombrado juez de primera instancia, tenía clientes y amigos musulmanes. Asimismo, clientes hindúes y budistas; o al menos sincretistas, sobre todo entre los filipinos de origen chino.Gracias por sus contactos debido a su profesión y a su adherencia a la francmasonería filipina, como mi abuelo, mis horizontes culturales y religiosos eran amplios sin perder nunca mi identidad católica.

  También yo tenía amistad con niños judíos de origen europeo cuyas familias residían en nuestra urbanización. Ellos estaban de paso por negocios. Mi padre, durante su estancia aquí, se encargaba de sus asuntos legales o jurídicos además de compartir con ellos cervezas y pinchos ocasionalmente mientras jugábamos los niños a escondite. En otras palabras, he vivido o sigo viviendo en carne propia el diálogo interreligioso e incluso ecuménico, sobre todo compartiendo mesa con gente de diversas confesiones, dado que los contactos y las amistades de mi padre incluían cristianos no unidos con Roma.

Pero, claro existían corrientes encarnadas por beatas, tanto clericales como laicales, que no miraban con buenos ojos esta pluralidad religiosa en el país. Las más benévolas entre esta gente insistían en la evangelización proactiva (un adjetivo este último que no existía entoces pero es preferible su empleo en vez de otro adjetivo quizá más exacto que es ‘agresiva´). De tal forma que a nivel parroquial grupos como los Legionarios de María participaban en actividades proselitistas, incluso entre gentes de otras confesiones.Por ejemplo, dentro del territorio de mi parroquia los de la Iglesia ni Kristo y mormones están establecidos con sus respectivos lugares de culto. Recientemente, se ha edificado, pero de dimensiones más modestas (en realidad una vivienda más al lado de otras), un templo sikh. Y los miembros de esta religión son unos de los vecinos más amables y respetuosos en esta urbanización mayoritariamente católica en donde llevo viviendo más de 50 años.

También me acuerdo que en el colegio de los agustinos, donde pasé once años no del todo felices antes de ingresar en la universidad de los dominicos (en donde éramos números más que personas) se les respetaba a los estudiantes de otras confesiones, la mayoría de las cuales gente extranjera. No se les obligaba a asistir a nuestros actos religiosos durante los cuales se quedaban en la biblioteca para estudiar o hacer sus deberes escolares pero se les pedía respeto a nuestra religión. Tenían que asistir a nuestras clases de religión, aprobar los mismos exámenes como todo el mundo, pero no hubo proselitismo.

Con esta carga de experiencia, he leído este nuevo documento. Al comenzar con referencias al holocausto judío, se contextualizan las referencias dentro del marco del respeto y la tolerancia hacia otras religiones y culturas, cosas que siguen faltando en Filipinas hasta la fecha, incluso en la Iglesia oficial, sobre todo con respecto a la francmasonería; esta actitud me sigue pareciendo desfasada y es mi esperanza que a la luz de las reflexiones llevadas a cabo en este nuevo documento puedan abrirse nuevos horizontes no solo de comprensión sino también de colaboración, puesto que en esta última área los francmasones ya habían hecho grandes cosas entre los más desfavorecidos de este archipiélago.

Más tarde, mientras leía algunos libros de teología en la biblioteca de la universidad de los dominicos, me topé con el concepto rahneriano de ‘cristianos anónimos’. Al parecer, brillante. Mas, al fin y al cabo, no tan respetuoso. De hecho, reductivo. Llegué a pensar, tras estudiar al fondo el taoísmo, para la tesina, que un cristiano también podría llegar a ser un taoísta o budista anónimo.

A mi modesto entender, este documento es una actualización del talante dialogal del Concilio Vaticano II y del pontificado de Pablo VI. Reitera, para nuestros tiempos sacudidos por guerras más atroces que nunca, que la Iglesia condena de forma explícita todo tipo de odio, persecución o discriminación por motivos de raza, color, religión o condición.  En mi opinión, es este el punto central que el documento quería subrayar para nuestros días.

Bien me acuerdo, sobre todo en los años ochenta y noventa, lo de la Nueva Evangelización que ya me parecía una campaña de proselitismo irrespetuosa y agresiva que partía de la tesis de que los de otras tradiciones religiosas vivían en error y que era preciso corregirles.  Los cristianos, en cambio, tenían a Cristo pero en ‘situaciones defectuosas o imperfectas’ como subrayara aquel documento que nunca debía haberse publicado Dominus Iesus del año 2000. Este documento de la CDF del entonces cardenal Ratzinger ‘objetivamente’ presentaba una teología impecable pero faltó en algo mucho más importante: el respeto y la caridad, sobre todo por su lenguaje que parecía anular los logros de Nostra Aetate e incluso la encíclica del mismo Juan Pablo II Ut unum sint. Pero como el papa Wojtyla era una contradicción viviente, este documento desafortunado sigue como una Espada de Damocles, si bien todo está más tranquilo ahora.

Y he de decir que Camino de esperanza es un documento tranquilo y tranquilizador que promete mucho.

En Filipinas, no tenemos problemas con el antisemitismo tan en mente de los autores de este documento. De hecho, durante la Segunda Guerra Mundial este país acogió a muchos judíos refugiados del conflicto en Europa y de ello estoy orgullosísimo. Sin embargo, seguimos teniendo problemas de convivencia con los musulmanes. Este tema merece un ensayo aparte.

Por el momento, a tenor de lo ya afirmado hasta ahora, es preciso destacar el legado del ahora san Pablo VI. Este pontífice instituyó el Secretariado para los No Cristianos (hoy Dicasterio para el Diálogo Interreligioso). Asimismo propuso un esquema o programa conceptual del diálogo en su encíclica Ecclesiam suam. Esta encíclica, a mi juicio, podría leerse como una manual para una escuela contemporánea de espiritualidad que merece descubrirse o redescubrirse frente a los retos de hoy en día. Por otra parte, es preciso recordar, como hace Camino de esperanza, cómo los papas desde entonces han logrado integrar el diálogo interreligioso no como una estrategia política ni diplomática, sino como una dimensión auténtica y permanente de la misión de la Iglesia.

Somos todos víctimas en los conflictos internacionales.  También somos todos perdedores en los mismos. Más que nunca hemos de descubrir la dimensión personalista de nuestras vidas que siempre han de culminar en el Encuentro, concepto clave en la filosofía personalista del siglo XX. Sin embargo, es algo que siempre ha estado presente en el legado de la Iglesia y que recientemente se ha sacado a flote en el magisterio oficial.

También te puede interesar

Lo último