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Que bien sé yo la fonte

Reclamando la lectura correcta del Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe

Que bien sabe León XIV la fonte que mana y corre

En la misa multitudinaria del Corpus en Cibeles, con 1,2 millones de asistentes, el papa León XIV ha vuelto a citar a san Juan de la Cruz cuyo año jubilar se está celebrando este año. El texto lo ha situado bien en su contexto histórico, es decir, la cárcel conventual en Toledo en donde fue recluido el doctor místico de diciembre de 1577 a agosto de 1578 a raíz de la persecución en contra de la reforma teresiana de la que Juan de la Cruz fue el primer descalzo. El texto es un poema eucarístico sin par, muy apropiado para la ocasión.

             He aquí el fragmento en que el santo padre ha compartido una reflexión preciosa a partir del texto sanjuanista. Lo he copiado de una fuente fidedigna del Vaticano y he cotejado este mismo fragmento con otras fuentes solventes: «Quisiera recordar también los versos poéticos de san Juan de la Cruz: “Qué bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche” (Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe). En la prisión conventual de Toledo, donde estaba encarcelado en condiciones durísimas, precisamente en torno al Corpus Christi de 1578, él reconoce desde la noche de aquella prisión la presencia escondida del Señor, de la que brota una luz que no conoce ocaso y mana una vida que no se agota. Jesús Eucaristía es “aquella eterna fuente que está escondida”»

             A partir del místico carmelita, el papa agustino ha expresado admiración, evocando las privaciones sufridas por el santo encarcelado (que no es necesariamente en torno al Corpus Christi de 1578), por la presencia escondida o eucarística del Señor que es fuente misteriosa de gracia para el hombre.

             Admiración. Sorpresa.Por de pronto, de tipo estético debido a algo inusual. El contraste ambiental es abrumador: privaciones en la cárcel. Pero a pesar de todo ello, algo inusual estaba ocurriendo en el calabozo toledano.Ni siquiera podía celebrar o comulgar el doctor místico, el cantautor incomparable de la belleza divina, durante aquellos meses pero siente en su noche oscura, con admiración y sorpresa estética, la presencia escondida de Dios, evocando la eucaristía, sabiendo que de ella brota la gracia como una fuente eterna e inagotable. Es esta la lectura condicionada cuando la palabra ‘que’ se escribe con tilde diacrítica, es decir, como ‘qué’. La interpretación que de esta lectura brota es legítima pero esta misma lectura no es correcta.

             León XIV no es un especialista sanjuanista si bien en esta ocasión ha hecho una lectura válida e incluso apropiada no para aquella ocasión sino para nuestras calendas muy difíciles. Y este texto, junto a su fragmento sanjuanista,  ya formará parte para siempre de su magisterio que en sus principios ya ha dejado patente su potencia e impacto en un mundo en constante conflicto y que es patrimonio común para toda la humanidad. Mas les corresponde a sus colaboradores, quienes han caído en un error moderno común, proporcionar al texto correcto al santo padre.

             De hecho, la lectura correcta es ‘que bien sé yo la fonte’, sin tilde diacrítica, es decir, ‘que’ como pronombre correlativo o conjunción.

             En el español del siglo XVI, era frecuente comenzar las estrofas o los versos con un que átono (o sin tilde) con un valor ilativo, ponderativo o causal, lo cual en este caso significa que lo que quería decir san Juan de la Cruz era ‘ciertamente o pues o porque bien sé yo la fonte’. Es decir, no está sorprendido ni admirado sino que con frecuencia tiene trato con esa fuente y esta no es algo sorprendente incluso en el marco de carencia en la mazmorra toledana.

             Puede que haya algo de nostalgia en los sentimientos del místico doctor en aquellos nueve meses en la cárcel. Lo cierto es que está familiarizado con el misterio, que tiene trato frecuente con este.  El 'que', sin la tilde, en efecto es un recordatorio continuo, una conjunción con la que se hila su reflexión eucarística. Pese a las privaciones hay una continuidad mística del misterio pese a la imposibilidad de celebrarlo, lo cual debía de ser duro para un sacerdote como fray Juan. Ciertamente él sabe bien o porque sabe bien que Dios está presente en esa oscuridad. Dios no irrumpe de repente en esa oscuridad.Dios es fiel. Dios es la fidelidad en sí misma. San Juan de la Cruz sufre en la cárcel por su fidelidad a la reforma iniciada por santa Teresa. Este poema, más que una afirmación de admiración y sorpresa estética, es una afirmación contundente de constancia, de fidelidad, de familiaridad que no ha cambiado pese a las circunstancias.

             Asimismo todo ello lleva a una ruptura en la lectura oral, pues al leerlo sin tilde (Que), la fuerza de la voz recae naturalmente en la palabra bien, es decir, ‘que bien sé yo’. Esto denota una especie de ruptura o una síncopa, como en el caso de la música jazz. Es una síncopa cuyas raíces se hallan en una manera cómo se estructuraba rítmicamente este tipo de versos en la lírica renacentista.

             Así ha de leerse el texto citado por el papa en Cibeles. Mi lectura correcta no tiene finalidad de suplantar la dada por León XIV sino para complementarla e incluso para que su lectura fluya o vuelva al sentido original cuya clave se halla en la ortografía, es decir, en la ausencia de la tilde diacrítica.

             Séanme perdonadas la pedantería, la petulancia y la vanidad mías como aficionado literario y amante de los escritos sanjuanistas. Lejos de mi la pretensión infantil de corregir al papa. Mi única pretensión, como ya dije arriba, era informar e incluso aportar una lectura complementaria a la que hizo León XIV en aquella homilía inolvidable en el Corpus Christi en Madrid en 2026.

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