Hazte socio/a
Última hora:
Bertomeu, voz (y esperanza) para las víctimas del Sodalicio

Cómo evitar que la visita de León XIV se convierta en un evento pop

En sus viajes, Francisco adoptó la actitud adecuada: estar cerca de los más vulnerables y rehuir el papel de estrella mediática

Montaje del altar para la misa de León XIV en Cibeles | EFE

La visita a España de León XIV puede convertirse en un espectáculo banal y servir de combustible a los integristas. Francisco descartó visitar nuestro país principalmente por dos motivos: la vergonzosa actitud de la jerarquía católica ante los casos de pederastia y la hostilidad de los obispos ultraconservadores. Bergoglio sabía que un importante sector del clero contemplaba con desagrado sus reformas. De hecho, algunas sotanas integristas llegaron a pedir en tertulias audiovisuales que Dios lo llevara pronto a su presencia. Francisco no quería ser un ídolo pop, como Wojtyla, sino un pastor comprometido con las periferias. No se veía a sí mismo en grandes estadios adorado por multitudes histéricas. Por eso siempre prefirió viajar a países donde el catolicismo era minoritario, como Albania o Mongolia, o a naciones que sufrían por culpa de la guerra o el terrorismo, como Irak, Sudán del Sur, la República Democrática del Congo o la República Centroafricana.

Cuando visitó potencias o países grandes, lo hizo por motivos muy puntuales, como en el caso de Marsella, donde accedió clausurar los Encuentros Mediterráneos sobre las crisis migratorias. También viajó a Estados Unidos y Cuba para impulsar el deshielo diplomático entre ambos países. En 2014, habló en el Parlamento Europeo con sede en Estrasburgo y aprovechó la ocasión para denunciar que el continente ya no era un faro de luz, sino un ejemplo de insolidaridad. Su actitud con los inmigrantes, los ancianos y los excluidos no cesaba de causar sufrimiento. Los inmigrantes morían ahogados en el Mediterráneo, los jóvenes habían perdido la esperanza de progresar, los pobres malvivían en las periferias y los ancianos morían solos y abandonados. Pienso que en sus viajes Francisco adoptó la actitud adecuada: estar cerca de los más vulnerables y rehuir el papel de estrella mediática

Visita de Francisco a Bangui, República Centroafricana, en 2015

Esa minoría de católicos españoles que reclaman a la Iglesia más espíritu autocrítico observan el viaje de León XIV con preocupación y cierto malestar. Jorge Dompablo, sacerdote de la parroquia Nuestra Señora de la Guía, sostiene que Cristo llega a diario a España, pero lo hace en patera y no en coche oficial. Una amiga que presenció el viaje de León XIV a Guinea Ecuatorial me comentó que el régimen corrupto y autoritario de Obiang arregló las zonas visitadas para ocultar la podredumbre de sus calles e intimidó a los presos a los que se acercó el pontífice para que omitieran cualquier queja o preocupación. ¿Merece la pena prestarse a esa clase de pantomimas? En nuestro país ya están en marcha escenografías de esta naturaleza. En Madrid, el gobierno de Isabel Díaz Ayuso utilizó la pandemia como pretexto para cerrar los centros del Servicio de Urgencias Urbanas de Atención Primaria (SUAP), que atendían a 75.000 personas al año. Las quejas vecinales provocaron que en 2022 estos centros se sustituyeran por Puntos de Atención Continuada (PAC), de los cuales más de la mitad solo están atendidos por dos enfermeras, pues se consideró innecesaria la presencia de un médico. Ahora la Consejería de Sanidad ha resuelto que los médicos son necesarios, pero solo durante los dos días que ocupará la visita de León XIV. Esta clase de demagogia solo daña la imagen del pontífice y justifica iniciativas de asociaciones laicas que protestan por su intervención en el Congreso o el gasto que representará el viaje. No sin razón estas asociaciones alegan que es incongruente ceder la palabra en un parlamento democrático al máximo representante de una organización jerárquica donde las mujeres soportan intolerables discriminaciones. 

León XIV intenta contentar a todos, que es una forma de no agradar a nadie, pues los gestos diplomáticos siempre producen insatisfacción

León XIV intenta contentar a todos, que es una forma de no agradar a nadie, pues los gestos diplomáticos siempre producen insatisfacción. Hace unos días, nombró jefa de comunicación del Vaticano a María Montserrat Alvarado, presidenta y directora de la cadena de televisión ultraconservadora estadounidense EWTN News, una especie de Fox News católica que se sostiene con donaciones privadas de grandes fortunas. Antes de que Alvarado ocupara su cargo, la cadena atacó ferozmente al papa Francisco. Apoyada por la ultraderecha católica estadounidense y el entorno de Donald Trump, su agresividad fue tan intensa que el pontífice argentino describió sus exabruptos como “obra del diablo”. En su viaje a España, León XIV no ha alterado su táctica de contentar a tirios y troyanos. De ahí que combine actos institucionales y actos sociales. Visitará el centro de acogida integral de Cáritas Diocesana en el distrito de la Latina, el Centro Penitenciario de Brians, el puerto de Arguineguín en Canarias y se reunirá con colectivos de acogida de menores migrantes no acompañados (los famosos MENAS). Por otro lado, se reunirá con las autoridades, celebrará una misa en la Plaza de Cibeles y hablará en el Congreso de los Diputados. Sería deseable que en su comparecencia en la cámara baja mostrara la misma firmeza que Francisco en temas como la inmigración, los derechos humanos, la crisis medioambiental, los casos de pederastia en la Iglesia Católica, los derechos de las minorías, la violencia machista y el deterioro de la paz en el mundo por culpa de un nuevo belicismo. Si opta por la prudencia, quizás contente a los sectores más conservadores, pero dejará muy mal sabor de boca a esas bases menguantes que añoran el espíritu reformista del Concilio Vaticano II y el pontificado de Francisco. 

El Papa, con Montserrat Alvarado

Algunos se basan en fenómenos como Hakuna, Effetá y Emaus para afirmar que el catolicismo está renaciendo, pero lo cierto es que en los años noventa había 2.000 seminaristas en España y hoy apenas sobrepasan los 1.000. La encíclica Magnifica humanitas ha evidenciado que León XIV, lejos de subirse a la ola de la ultraderecha, está dispuesto a combatirla, alzando la voz contra esa “cultura del poder” que normaliza la guerra, conspira contra el multilateralismo y promueve los extremismos religiosos y los fanatismos identitarios. Frente al nihilismo y el pragmatismo del tecnofeudalismo, el pontífice pide que nos sumerjamos en la mirada de las víctimas y palpemos su carne: “Hay situaciones en las que, para seguir siendo humanos, debemos abandonar las vacilaciones y tomar partido. Hay conflictos en los que no es justo permanecer neutrales y no basta pensar en ‘no ser cómplices’. Cuando nos enfrentamos a bombardeos contra civiles, a ataques contra hospitales, escuelas o infraestructuras vitales, a abusos que afectan a los niños, nos encontramos ante escándalos que hieren a la humanidad misma. Por eso no podemos quedarnos a nivel de análisis abstracto”. 

Magnifica humanitas finaliza pidiendo fidelidad a la verdad, diálogo y amor a la justicia y la paz. Ojalá León XIV esté a la altura de sus palabras y no se limite a “análisis abstractos”. El Papa debe ser valiente y utilizar su influencia para combatir el odio inhumano a los inmigrantes y a los pobres. ¿Cómo evitar que su viaje sea algo más que la gira de una estrella mediática? Podría hacer algo inesperado, como despojar al general Franco del Gran Collar de la Suprema Orden de Cristo, una distinción que le impuso Pío XII tras la firma del Concordato, o pedir que se restablezca el suministro eléctrico del sector 6 de la Cañada Real, donde hace más de cinco años que seiscientos menores soportan una odiosa privación. Sería una forma de demostrar que el compromiso con la paz y la justicia no es solo retórica vacía

También te puede interesar

Lo último

Vía Media es dialogar discerniendo, en vez de negociar regateando 

Confía en tu Pastor, rebaño variopinto