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El arzobispo Jesús Sanz Montes amordaza a 'La Regenta' y el alcalde Alfredo Canteli paga las fresas del Corpus

DESDE LA PLAZA PÚBLICA | EL CENSOR DE SACRISTÍA Y EL COMPADREO CIVIL

"La farsa de Oviedo 2031: el servilismo municipal rinde pleitesía a una mitra militante que confunde el púlpito con la portavocía de la extrema derecha y dinamita los puentes con la sensatez institucional del Principado"

La Regents y la Catedral de San Salvador - Oviedo

Vivir y escribir desde esta plaza pública nos obliga, por rigurosa fidelidad al Evangelio y al Jesús histórico, a levantar la voz para anunciar y denunciar las injusticias allí donde el clericalismo rancio pretende secuestrar lo que es de todos.

La candidatura de Oviedo a Capital Europea de la Cultura 2031 viene flotando en un limbo de folletos institucionales e idílicas consignas cosmopolitas. El lema escogido, "Elegir la utopía", busca proyectar una imagen internacional basada en la "amabilidá" y la cultura como espacio de pacífica convivencia. Sin embargo, las utopías de moqueta se desmoronan de inmediato cuando chocan contra el autoritarismo impositivo que impera en la diócesis. El reciente veto del arzobispo, Jesús Sanz Montes, a permitir que Netflix ruede la nueva adaptación de La Regenta en la Catedral —un bien de indudable raíz pública que pertenece al alma, a la historia y al patrimonio colectivo del pueblo asturiano— constituye una bofetada al sentido común y la consecuencia lógica de un régimen de sacristía entregado a la intransigencia.

Para comprender por qué el alcalde Alfredo Canteli calla de forma cómplice ante este atropello cultural, es necesario escrutar el calendario del compadreo político-gastronómico local. En Oviedo, la separación entre la Iglesia y el Estado no se mide por las directrices constitucionales de una democracia sana, sino por los termómetros de la cocina protocolaria a través de un rito de cortesías cruzadas que roza el virtuosismo teatral.

El sainete comienza el Domingo de Ramos. Ese día, el Palacio Arzobispal y su Cabildo ejercen de protectores anfitriones, invitando al alcalde y a la corporación a degustar un tradicional caldo caliente: el primer brindis del año, la bendición eclesiástica a la gestión civil. Unas semanas más tarde, el Domingo de Corpus Christi, llega la obligada devolución del favor. El Ayuntamiento se apresura a ejercer de sumiso anfitrión en la plaza de Trascorrales para agasajar al prelado con una comida cuyo plato estrella son las fresas con nata, sufragadas rigurosamente con el dinero de todos los contribuyentes. Es en este tierno intercambio de azúcares y grasas saturadas donde se sella una complicidad cortesana que impide al alcalde Canteli levantar la voz cuando su "buen amigo" de la mitra decide censurar la cumbre de nuestras letras. No se puede repicar y andar en la procesión; no se puede firmar un dossier europeo vanguardista mientras se digieren las fresas de la sumisión civil.

El muro con el Principado: el despotismo arzobispal que aísla a la ciudad

Este descarado servilismo de la alcaldía tiene un coste político directo para Oviedo: el aislamiento absoluto. Sin embargo, no nos equivoquemos de culpable en esta plaza pública. Los puentes institucionales con el gobierno de Asturias no los ha volado el Ayuntamiento; los ha volado por los aires el propio arzobispo Sanz Montes con su despotismo y su beligerancia política. La relación con el Principado está completamente rota por culpa de un prelado que confunde flagrantemente la mitra o el púlpito con la portavocía de un partido político de extrema derecha. Y el portazo no viene de un anticlerical furibundo: el presidente del Principado, Adrián Barbón, es un católico sincero, practicante y coherente con los tiempos, con la democracia y con la estricta separación de poderes. Barbón no es un ultracatólico de sacristía, ni un mea pilas, ni un besamanos dispuesto a comulgar con ruedas de molino ideológicas. Precisamente por esa coherencia evangélica, el presidente asturiano se negó a seguir tolerando los exabruptos semanales de un arzobispo que utiliza de forma espuria los púlpitos de Covadonga o San Salvador para lanzar mítines incendiarios y soflamas excluyentes. Ante esta confrontación unilateral buscada por la soberbia del mitrado, el papel de Alfredo Canteli resulta doblemente bochornoso. Atrapado entre el caldo y las fresas, el alcalde ha preferido agachar la cabeza y amparar al dinamitero de la sotana antes que defender los intereses estratégicos de la capital.

El historial de exabruptos del "Pastor" censor

Defender las decisiones de Sanz Montes a estas alturas de la película requiere de un ejercicio de mutismo sumiso insostenible. El arzobispo de Oviedo no es un discreto pastor de almas; es un provocador profesional que inflama los altares con una hemeroteca que es un auténtico compendio de bilis ideológica:

•El desprecio a la diversidad: Resulta una profunda paradoja sociológica que un personaje cuya propia proyección, estética e identidad difiere tanto de los cánones de la masculinidad tradicional y rígida, sea precisamente quien cargue con mayor saña contra la diversidad de género y cualquier avance social. Su obsesión por perseguir la pluralidad ajena contrasta frontalmente con la rigidez doctrinaria que predica.

•La mofa machista en Covadonga

En pleno Día de Asturias, el momento de hablar para toda la ciudadanía, usó el altar mayor para trivializar la agresión sexual de Luis Rubiales a Jenni Hermoso. Con indisimulada coña, tildó el abuso de "sainete jaleado con estrategias calculadas" y lo rebautizó como "la leyenda del beso", convirtiendo la pompa litúrgica en un show de comedia rancia. El pastor de la diócesis se puso el traje de bufón de la extrema derecha para decirle a las mujeres que el consentimiento es un chiste del que se puede uno reír entre inciensos.

• El racismo de sacristía:

Lejos de la acogida evangélica, utiliza homilías y redes sociales para agitar un alarmismo xenófobo calcado de las consignas ultras. Con un tufo de sospecha medieval, señala a la comunidad musulmana y alerta de "invasiones silenciosas" para asustar con la pérdida de las raíces cristianas. Para monseñor Sanz Montes, la caridad cristiana tiene fronteras muy estrictas y un color de piel determinado.

• La cruzada contra los "ecolojetas":

Su obsesión contra el progreso y la ciencia roza lo delirante. Ha calificado el cambio climático de religión pagana y ataca al ecologismo llamando a sus defensores "ecolojetas" [3.2]. Resulta de un humor negrísimo que el guardián de una catedral acuse al progreso de oscurantismo, tachando las políticas de sostenibilidad de "insidias pervertidas" destinadas a destruir la familia tradicional.

Con este historial de exabruptos a las espaldas, el veto a La Regenta es solo una muesca más en la culata de un arzobispo que se cree dueño absoluto del patrimonio del pueblo. Oviedo quiere vender una utopía cultural en Bruselas, pero sus líderes civiles han decidido que la dignidad de la ciudad es un precio aceptable con tal de no alterarle la digestión a su eminencia. Si queremos ser sinceros con el jurado europeo, el dossier definitivo de Oviedo 2031 debería conocerse como: "Elegir la utopía... siempre que el señor del caldo y las fresas no disponga lo contrario".

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