Alvarado: Cuando la Iglesia busca soluciones técnicas a un problema espiritual.

La elección de María Montserrat Alvarado como prefecta del Dicasterio para la Comunicación no es solo un gesto técnico. Es un espejo. Y lo que ese espejo devuelve no es un problema de derechas o izquierdas, sino algo más hondo: la Iglesia sigue buscando soluciones técnicas a un problema que es espiritual.

De la abundancia del corazón habla la boca...
De la abundancia del corazón habla la boca... | Ramón Fandos

Alvarado no es únicamente una experta en medios. Es una figura central en un ecosistema cultural que vive en clave de combate. EWTN, Acton Institute, las guerras culturales norteamericanas… todo eso forma parte de un mundo donde la fe se defiende como si fuera un campo de batalla.

Pero el Evangelio no nació en un campo de batalla. Nació en un pesebre. Y Jesús no vino a ganar guerras culturales. Vino a sanar corazones.

Cuando le tendieron trampas —la moneda del César, la mujer adúltera, las disputas doctrinales— Jesús nunca se resignó a lidiar con el conflicto. Siempre abrió un camino nuevo. Esta es la clave de su mensaje: no vencer batallas, sino transformar corazones, cambiar vidas.

El verdadero problema de la Iglesia Institución no es la comunicación. La Iglesia no está en crisis porque comunique mal. De hecho sabe comunicar muy bien. Tantos siglos de existencia le confieren una maestría en este campo muy superior a cualquier otra entidad.

La Iglesia está en crisis porque ha dejado de ser creíble. Y la credibilidad no se maquilla ni se inventa, se transmite desde la vivencia.

Una Iglesia que concentra poder sin contrapesos tiene un problema de credibilidad.

Una Iglesia que se obsesiona por decidir quién puede acercarse a la mesa y quién no, en lugar de celebrar la alegría de la comunión entre hermanos tiene un grave problema de credibilidad.

Una Iglesia que ha protegido y protege a los agresores antes que a las víctimas tiene un gravísimo problema de credibilidad. Y ningún prefecto de comunicación puede arreglar eso.

La Iglesia primitiva no creció porque tuviera buenos comunicadores. Creció porque había hombres y mujeres cuya vida era tan luminosa que los demás decían: Mirad cómo se aman. Eso no lo gestiona ningún dicasterio. Eso solo puede nacer de comunidades que viven el Evangelio con verdad, con pobreza, con misericordia, con justicia.

Y a los cristianos de a pie que no entendemos de comunicacion de alto nivel, nos entristece ver a una institución que nació para anunciar la Buena Noticia cada vez más ocupada en ganar batallas que Jesús nunca quiso librar.

Quizás Jesús se equivocó y lo que en realidad quería decir es “Por sus comunicadores los conoceréis”.

fandosrj@gmail.com

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