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Cardenal Aguiar: "La sabiduría no es la inteligencia"

“Jesús… se les apareció después de la pasión… a los apóstoles,… les dio numerosas pruebas de que estaba vivo y durante 40 días se dejó ver por ellos y les habló del Reino de Dios”.

El cardenal Aguiar | AdM

(Arquidiócesis de México).- Esta primera lectura de los Hechos de los Apóstoles narra las apariciones de Jesús resucitado, que instruye y confirma que estará siempre presente en el mundo, mediante el envío del Espíritu Santo.

Más adelante nos dice este mismo texto que Jesús les dijo:

“Cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes, los llenará de fortaleza y serán mis testigos en Jerusalén… hasta los últimos rincones de la tierra… Dicho esto, se fue elevando a la vista de ellos hasta que una nube lo ocultó a sus ojos… Dos hombres vestidos de blanco… les dijeron: Galileos, ¿qué hacen allí parados mirando al cielo? Ese mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto alejarse.”

Todo discípulo de Jesús está llamado a dar testimonio con su vida, de que Cristo está vivo, y que gracias al Espíritu Santo podremos poner en práctica sus enseñanzas.

Por su parte, en este domingo de la Ascensión del Señor, la segunda lectura tomada de la carta del apóstol San Pablo ora a Dios Padre por nosotros para que nos envíe el Espíritu Santo y nos conceda sabiduría y esperanza, y cumplamos así nuestra vocación.

Dice San Pablo, efectivamente:

“Pido al Dios de nuestro Señor Jesucristo… les conceda el espíritu de sabiduría y… les ilumine… para que comprendan cuál es la esperanza que les da su llamamiento.”

Fíjense bien, la sabiduría no es la inteligencia.

La sabiduría es el aprendizaje para conducirse en la vida adecuadamente, acorde, en el caso de nosotros discípulos de Jesús, a las enseñanzas de Jesús.

San Pablo

Seguramente todos coinciden conmigo en que un día vamos a morir, pero teniendo la esperanza que Dios nos concede, moriremos en paz, con la certeza de que el Señor Jesús nos espera para presentarnos a Dios Padre en su casa.

Por eso es que termina diciéndonos Jesús en el Evangelio de hoy:

“Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”

Por tanto, no basta con que lleven a sus hijos a ser bautizados. Es un paso importantísimo, pero hay que enseñarles, dice Jesús, a cumplir todo cuanto Él nos ha mandado.

“Y sepan que yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.”

San Mateo, en este trozo que hemos escuchado del Evangelio, nos recuerda que debemos ser discípulos misioneros para dar a conocer a Jesús.

No basta que yo lo conozca.

No debemos ser egoístas.

Debemos darlo a conocer y confiar; es decir, darlo a conocer, confiando en el amor de Dios Padre, que nos otorga al Espíritu Santo para que nos acompañe siempre en nuestra vida.

Por eso nuestra Madre María de Guadalupe también se unió como discípula misionera.

Por eso vino a nuestras tierras, por eso está aquí; la queremos, la amamos y confiamos en ella.

¿Confían ustedes en María de Guadalupe?

Sí.

Pues pongámonos de pie, ábranle su corazón, díganle qué necesitamos para cumplir esta misión que Jesús nos ha confiado de darlo a conocer a nuestros prójimos.

Virgen de Guadalupe

Madre nuestra María de Guadalupe, al llegar a este domingo de la Ascensión del Señor a los cielos, te pedimos que nos concedas tu auxilio para cumplir la gran misión que nos pidió Jesús antes de volver a la casa del Padre: ser sus testigos de palabra y de obra para dar a conocer las maravillas que realiza el Espíritu Santo a través de nuestras personas cuando cumplimos nuestra vocación de discípulos misioneros.

Danos el ánimo de ser constantes para conocer a tu Hijo Jesús, leyendo y meditando los Evangelios, y lograr ser buenos discípulos, participando en la Eucaristía y siendo misericordiosos para generar en nuestros ambientes sociales una favorable fraternidad solidaria con nuestros prójimos.

Por eso invocamos tu auxilio, especialmente por todas las familias cristianas, para que sean una Iglesia doméstica, donde la ayuda fraterna y solidaria sea constante, propiciando con nuestra conducta la reconciliación y la paz social.

Todos los fieles aquí presentes este domingo nos encomendamos a ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza.

¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen, Madre de Guadalupe! Amén.

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