Cardenal Aguiar: "¿Quiénes son los que escuchan la palabra de Dios?"
“Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”
¿En qué consiste la pobreza espiritual? Jesús mismo la explica al enseñar y anunciar esas características en el evangelio de hoy.
¿Quiénes son los que escuchan la palabra de Dios? “Los que lloran… los sufridos… los que tienen hambre y sed de justicia… los misericordiosos… los limpios de corazón… los que trabajan por la paz… los perseguidos por causa de la justicia”.
Hoy, por ejemplo, nos llegó una petición de los obispos cubanos: que pidamos por ellos, porque están viviendo una situación social muy grave. Los perseguidos por causa de la justicia, perseguidos también por los que trabajan por la paz. Pero serán dichosos y nosotros nos unimos a esta promesa que hace Jesús.
El profeta Sofonías, en la primera lectura, señala que para ser pobres de espíritu, aquí está la importancia de cómo iniciar: hay que buscar al Señor. El profeta Sofonías afirma: que busquen al Señor: “Busquen al Señor”.
¿Por qué vinieron ustedes aquí hoy a misa? Porque están buscando al Señor, a sus enseñanzas. Alégrense porque son los que pueden alcanzar esta alegría inmensa en medio de cualquier adversidad.
Fíjense bien también en lo que dice el profeta. Este resto de Israel que confía en el nombre del Señor no cometerá maldades ni dirá mentiras. No se hallará en su boca una lengua embustera. Hay que revisarnos y ver si esto lo cuidamos. Estaremos aprendiendo a ser permanentemente humildes, pobres de espíritu, y así alcanzaremos el Reino de Dios.
Veamos, pues, lo que necesitamos también según la recomendación en la segunda lectura de san Pablo. Nos recuerda que Dios, como buen padre, nos recibe como hijos en Cristo Jesús. ¿Quién se hace presente en la celebración de la Eucaristía? Cristo Jesús.
Ustedes han venido aquí a buscar a Jesús. Por eso hemos escuchado estas enseñanzas de Él en la palabra de Dios. Pero también nos dice san Pablo: “ustedes, los que han sido llamados por Dios, están injertados en Cristo Jesús”. Es decir, que al venir a buscarlo a Él, Él se va con ustedes, y los fortalece para tener esta pobreza espiritual.
Por eso los invito a pedirle a quien pudo vivir en plenitud esto. ¿Quién es María? ¿Y quién nos enseñó en nuestro país? María de Guadalupe. Así quiso venir ella para enseñarnos esta manera de estar con su Hijo Jesucristo, el verdadero Dios por quien se vive.
Pidámosle, pues, a ella el auxilio para que podamos expresar con plena convicción como ella lo hizo. ¿Recuerdan, verdad, cómo lo hizo María? Cuando dijo: “Proclama mi alma la grandeza del Señor. Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador”. ¿Por qué? “Porque ha mirado la humillación de su esclava”.
Estos son los humildes que busca el Señor y encontramos en María de Guadalupe esa humildad, esta pobreza espiritual que se llena, se plenifica, porque recibimos al Hijo de Dios encarnado. Ella materialmente, nosotros espiritualmente.
En un breve momento de silencio nos ponemos frente a ella y le abrimos nuestro corazón para ser dichosos y pobres de espíritu.
Bendita seas, Madre nuestra María de Guadalupe. Con enorme alegría hemos venido a saludarte y felicitarte por todos los beneficios que a través de ti hemos recibido durante estos ya casi quinientos años de tu presencia entre nosotros.
Te pedimos nos auxilies para aprender tu ejemplo y actitud ante la voluntad de Dios Padre
Te pedimos nos auxilies para aprender tu ejemplo y actitud ante la voluntad de Dios Padre, cuando por medio del arcángel Gabriel te pidió ser la madre de Dios Hijo y respondiste diciendo: “He aquí la esclava del Señor”.
Hoy tu Hijo Jesús nos pide ser pobres de espíritu. Esta pobreza tú la desarrollaste cabalmente cuando expresaste: “Hágase en mí según tu palabra”. Así viviste ese misterio y te dejaste conducir por el Espíritu Santo.
Ayúdanos, Madre querida, a valorar y a poner en práctica las enseñanzas de tu Hijo y logremos en nuestra vida ser humildes y misericordiosos con nuestros prójimos, especialmente con los necesitados de ayuda, y logremos así testimoniar nuestra condición de discípulos de Jesús.
Todos los fieles aquí, particularmente los que han consagrado su vida a servir a tu Hijo Jesús en las distintas congregaciones y asociaciones religiosas, te pedimos que logremos todos testimoniar nuestra condición de discípulos de Jesús.
Todos los fieles nos encomendamos a ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza.
Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María de Guadalupe. Amén.