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El obispo de Saltillo celebra la eucaristía con creyentes LGBT+

Mons. Hilario González García, obispo de Saltillo, presidió la santa misa en compañía de creyentes LGBT+ en la solemnidad de Pentecostés.

Comunidad Lamda con su obispo | Comunidad Lamda

El anuncio llegó el Domingo de Ramos. El padre Robert Coogan informó que en Pentecostés tendríamos una misa con el señor obispo, junto con los colectivos de la diversidad sexual de Saltillo, en el marco de la XVII Marcha del Orgullo. La noticia despertó en mí una mezcla de emoción y preocupación: había mucho por preparar y aún quedaban actividades en las semanas siguientes.

Quienes integramos la comunidad “Todos somos Lamda” empezamos a sentir el peso de la responsabilidad; no somos profesionales, pero durante seis semanas nos reunimos dos o más veces por semana para ensayar como coro. Las tardes se volvieron interminables pero fecundas: afinamos voces, compartimos reflexiones sobre la importancia de fortalecer la espiritualidad de las personas LGBT+, tantas veces rechazadas en el nombre de Dios. Los ensayos se transformaron en espacios de conciencia y solidaridad, recordándonos el amor incondicional de Cristo y la necesidad de acompañar, en Su nombre, a quienes viven es soledad o rechazo.

Entregamos invitaciones a sacerdotes de distintas parroquias de la diócesis, incluso en templos donde sabíamos que tendríamos algún tipo de resistencia. Algunos sacerdotes escucharon en silencio, otros ofrecieron consejos, unos más se mostraron entusiastas y otros simplemente rechazaron la invitación. No es fácil enfrentarse a ser juzgado o rechazado por acudir a misa con nuestra comunidad. Sólo uno envió disculpas y expresó su disposición para acudir en otro momento. Fue un aprendizaje sobre los miedos y prejuicios que aún persisten, pero también sobre la perseverancia necesaria para tender puentes. Fue, de hecho, el inicio de su construcción.

Llegó el Domingo de Pentecostés. Los colectivos, presentes y nerviosos. Muchas de esas personas, católicas, no habían vuelto a pisar una iglesia en años. Todas aportaron materiales, participaron en las lecturas y las ofrendas, y cuidaron cada detalle. La celebración inició con la llegada del obispo emérito de Saltillo, Mons. Raúl Vera OP, aliado incondicional de la comunidad LGBT+, el padre Robert Coogan, guía espiritual de nuestra comunidad desde hace más de 20 años, y Mons. Hilario González, obispo de Saltillo, quien presidió la misa con evidente alegría y apertura. Aceptó la bandera arcoíris, signo de la comunidad LGBT+, en el pódium, la ofrenda de una bandera con los logos de los colectivos y cada propuesta que le presentamos, disipando nuestros temores. Todo era rarísimo pero inmensamente bueno, se notaba en la cara de cada fiel sentado, sintiendo la alegría de quienes vuelven a casa.

Las palabras de Mons. Hilario González resonaron con fuerza: “Santificados y enviados por el Espíritu, celebramos Pentecostés… Somos portadores de paz y reconciliación en el mundo”. Habló de la dignidad de cada persona, de la misión del Espíritu Santo que renueva y fortalece, de transformar el odio en amor y la indiferencia en compromiso; de recuperar la integridad y de darnos cuenta de lo importante de nuestra vida, de que somos hijos de Dios. Nos recordó que somos imagen y semejanza Suya, que con la fuerza del Espíritu podemos vencer obstáculos, que el Espíritu viene a sanar, a llenar nuestro corazón y a transformar nuestras relaciones de la mejor forma, y que somos llamados al servicio y a construir una sociedad solidaria y justa. Mons. Raúl Vera OP, por su parte, destacó la riqueza que los grupos de diversidad sexual aportan a la sociedad, signos de dignidad y solidaridad frente al desprecio. El padre Robert Coogan reafirmó que ninguna persona puede ser expulsada de la Iglesia y que siempre hay disposición para el sacramento de la reconciliación.

En misa, además de distintos colectivos LGBT+, estuvieron presentes padres y madres de familia, amigas y aliados, todos como parte de una misma familia unida no por la sangre, sino por elección. Una familia que se reconoce en la fe, en la dignidad y en el amor compartido. Esa unión fue el verdadero milagro de Pentecostés: el Espíritu Santo nos reunió como un solo Cuerpo, diverso y pleno. Tras la bendición se obsequiaron unos oratorios de bolsillo hechos por la comunidad de Otro Rebaño, de Morelia, Michoacán, desde su Taller de Nazaret, una de las comunidades católicas LGBT+ perteneciente a la Red Católica Arcoíris de México (RedCAM), que agrupa a una veintena a nivel nacional. Gracias a las oraciones de estas comunidades hermanas todo esto fue posible.

La misa terminó con un profundo agradecimiento a Dios. El Espíritu Santo se había hecho presente, como aquel día con los apóstoles, llenándonos de fe, esperanza y caridad. Los concelebrantes bajaron del altar junto con Mons. Hilario González y se acomodaron entre el resto de la comunidad para guardar una memoria fotográfica de un gesto que nos abrazó con amor ardiente, impulsándonos a proclamar que todos somos invitados a la mesa del Señor, porque el Amor nunca excluye.

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