Conversaciones en Japón de Juan Masiá con Adolfo Nicolás (I)) Adolfo Nicolás : "Anunciar misericordia en vez de amenazar con fuego eterno"

El diablo en el infierno
El diablo en el infierno

"La gran mayoría de los problemas de la evangelización vienen de la idea de Dios todopoderoso y vencedor, que es un Dios veterotestamentario, que no sintoniza con el Dios de Jesús"

"Me siento cristiano, pero he encontrado en el cristianismo algo que no es consistente con el Todo: el infierno. Es algo como descubrir la misericordia de Dios y recibir un jarro de agua fría inmediatamente después"

Decía un musulmán a un obispo tailandés: "Vosotros los cristianos sois en el fondo egoístas, porque hacéis las cosas buenas para ganar el cielo y evitar el infierno . Nosotros hacemos las cosas bien, porque es bueno ser bueno"

"El marco de Dios es, como dije antes, el del amor ilimitado. Y, por lo tanto, hay que tener una justicia que esté abierta al perdón y al amor"

En el post anterior indicaba Adolfo Nicolás cuatro temas en común con el budismo: misericordia, contemplación, discernimiento y protección justa de toda vida. Solo el primero ya da para muchas horas. Es central la misericordia para cristianos y budistas. Pensé siempre que esto era más obvio en Tokyo que en Madrid.

Sin embargo, me sorprendieron reacciones inesperadas por parte católica japonesa. Al traducir al japonés Evangelii gaudium, descubrí que los budistas hablan de la “alegría del Dharma”, utilicé ese ideograma para verter palabras de Francisco; pero a los correctores les pareció que la expresión “olía a budismo”.

Y cuando traduje el mensaje del año de la misericordia con la palabra-clave de la tradición budista para hablar de compasión: jihi, en japonés, tambien les pareció a los correctores que “olía a budismo”. Pienso que, si a Francisco no le molesta el “olor a oveja”, tampoco le importará el “olor a budismo, compasivo y contemplativo”.

Si esto hubiera ocurrido en España –donde no escasean prejuicios fundamentalistas contra la iluminación y compasión del Zen, no me extrañaría. Pero en Japón… ¡no lo podía creer! ¿Será que los que sospechan del que llaman exceso misericordioso de Francisco rezumaban viejo cristianismo “made in Nagasaki”, o será culpa del estilo misional de los extranjeros que educaron durante mucho tiempo al clero nipónico con la mentalidad de la famosa exlamación de Javier, que quería gritar a los universitarios parisinos la necesidad de salvar a millones de almas orientales de caer en los infiernos?

El Padre Nicolás, con el padre Masiá, el profesor Sanz y el padre Catret
El Padre Nicolás, con el padre Masiá, el profesor Sanz y el padre Catret

Adolfo Nicolás: La gran mayoría de los problemas de la evangelización vienen de la idea de Dios todopoderoso y vencedor, que es un Dios veterotestamentario, que no sintoniza con el Dios de Jesús. Jesús ama y habla de tal manera que hace a Dios débil y vulnerable. El Dios de Jesús es sensible al perdón y a la debilidad humana. Y eso le hace cercano a la experiencia que tenemos si creemos en él. Yo siento que el problema empezó cuando la iglesia tomó en bloque la historia de Israel como Antiguo Testamento, sin discernimiento de cada imagen, sin darse cuenta de la necesidad de revisar hermenéuticamente esas imágenes ambiguas para salvar las del Dios misericordioso y descartar las del Dios vengativo y punitivo. Hay imágenes de un Dios victorioso y potente, vencedor de otros dioses; son imágenes que vienen de la experiencia de la religiosidad hebrea, pero no casan con el Dios de Jesús. No sirven para el encuentro de religiones en el futuro para trabajar en común cooperando a la paz del mundo y a las raíces de la espiritualidad (con imágenes mas bien de circularidad y profundidad, en vez de piramidales y dominadoras).

Juan Masiá: Lo de la circularidad y profundidad me tienta a interrumpir, comentando el logotipo de la venida de Francisco a Japón (que tiene mucho de circular y profundo, comunitario y radical…), pero mejor será dejarlo para el post siguiente y seguir ahondando en el tema del fracaso de la antigua evangelización: la que enfoca mandamientos, sacramentos y postrimertías con la sombra amenazadora de castigos eternos, en vez de anunciar el evangelio de la misericordia. Uno de los primeros artículos de Adolfo Nicolás cuando era profesor de Escatología, en 1973, coincide con el último que acaba de escribir durante su estancia en la casa de salud de los jesuitas en Tokyo: ¿Por qué no creer en castigos eternos, si se cree en la misericordia definitiva? En ese artículo, el autor propone la incompatibilidad teológica de la misericordia y el castigo eterno, ¿verdad? ¿Por qué son incompatibles ambos sentimientos de fe y las creencias correspondientes?

Si el infierno existe, está por estrenar
Si el infierno existe, está por estrenar

Nicolás: Mejor formularlo en primera persona, al desnudo. Me siento cristiano, pero he encontrado en el cristianismo algo que no es consistente con el Todo: el infierno. Es algo como descubrir la misericordia de Dios y recibir un jarro de agua fría inmediatamente después. Creo que nunca hemos respondido a la cuestión de qué podría sentir Dios ante el hipotético caso de una persona condenada en el infierno. La teoría parecerá clara. Querríamos hacer a Dios justiciero con toda justicia, pero no se consigue, porque nuestro Dios perdona y ama sin límite. Nuestra justicia es siempre parcial. Nos encontramos ante conceptos humanos, que tienen todos una carga de finitud. Por cierto, de una finitud que limitaría el perdón y no permitiría el perdón total. Además, depende de un código penal que interpretamos según conveniencia a nuestro modo. Luego proyectamos sobre la justicia de Dios las estrecheces de estas justicias humanas.

JM: Comparto este pensamiento y la fe que lo sustenta. Pero cuando lo expongo ante grupos de reflexión y convivencia cristiana, no falta quien cuestione cómo vivir sin infierno. A mí no me afecta la pregunta, pero reconozco que quienes me la plantean no tienen mala intención, ni dejan de estar familiarizados con ciertas maneras tradicionales de exponer la doctrina.

Nicolás: Sin infierno la vida cristiana sigue su curso normal. La persona cristiana busca conocer al Dios verdadero y ajustar a Él su vida. No cambia su conducta por el miedo al infierno, aunque conozco que hay quienes se han hecho cristianos por el miedo al infierno. Sin embargo el infierno se puede pensar como un momento de lucidez en que se encuentra uno con Dios y ve que es fundamentalmente bueno. Se reconoce la bondad infinita y se reconoce la necesidad de pedir y recibir perdón. Ese verse a sí mismo y ver a Dios hace comprender el sentido de la vida humana como bondad y amor infinitos sin mezcla de mal alguno. Ahí aparece el reconocimiento del ergo erravimus, tan usado en la literatura sobre los sentimientos en situaciones infernales.

Papa de la misericordia

Erravimus significa: nos hemos equivocado. En lugar de fiarnos de la fuerza y el poder, teníamos que haber sido consistentes y creer que Dios es bueno. Recuerdo lo que me dijo un obispo japonés de la conversación que había tenido con otro obispo tailandés. Me decía asi: El tailandés me habló de un musulmán que le había dicho: “Vosotros los cristianos sois en el fondo egoístas, porque hacéis las cosas buenas para ganar el cielo y evitar el infierno . Nosotros hacemos las cosas bien, porque es bueno ser bueno". El obispo tailandés estaba sacudido por dentro con la sentencia condenatoria del musulmán.

JM: Si lo oyeran los que critican a Papa Francisco y le acusan de “buenismo” se escandalizarían.

Nicolás: En el fondo es no entender a Papa Francisco cuando habla de la bondad de Dios. Hay quienes se escandalizan cuando le oyen hablar de perdón. Hemos de reconocer la equivocación sobre el sentido de la vida cuando no hemos sabido perdonar ni pedir perdón. Nos hemos fiado a menudo más de la fuerza y el poder que de la bondad y amor de Dios. Este error también ocurre en otras religiosidades. El budismo tiene también su infierno, muy parecido por cierto al que hemos oído y visto describir en nuestra tradición cristiana. Son viejas imágenes que expresan el error de fiarse más de la justicia vindicativa que del amor que perdona y rehabilita.

JM: No son solo los fundamentalistas en moral los que reclaman la necesidad de infiernos, también los fundamentalistas en lectura biblica arguyen apoyándose en que Jesús habló de diablos, infiernos y fuegos eternos. Habra que reeducarse en hermenéutica para entender bien el perdón.

Capillas de las calaveras
Capillas de las calaveras

Nicolás: Jesús habla del infierno porque, con su visión pastoral de los límites humanos, sabe que muchos no registran en su corazón la justicia sin un mínimo de recurso al temor. Pero creo que Jesús querría liberarse del doble engaño de tenerle por demasiado estricto o por un padrazo que se pasa de bueno. Jesús evita los dos extremos: el que le tomen por demasiado estricto o el que lo consideren como un padrazo a quien le da lo mismo la guerra, la injusticia y la deshonestidad. A Jesús le importa la justicia humana entre individuos y países. Quiere que su mensaje quede claro y usa imágenes que nosotros malentendemos. Es porque las entendemos como si fueran pintura de la realidad. Y eso se sale del marco de Dios. Dios habla de una realidad distinta de la que tendemos a entender nosotros. El marco de Dios es, como dije antes, el del amor ilimitado. Y, por lo tanto, hay que tener una justicia que esté abierta al perdón y al amor.

JM: Esa justicia no será vindicativa, sino rehabilitadora. Por eso los obispos japoneses llevaban décadas oponiéndose a la pena de muerte. Pero algunos católicos “tradicionalistas” se escandallzaban ante esta postura de los obispos, tan de acuerdo con la actual del Papa Francisco. Algún político japonés que se atribuye (¿electoralismo?) méritos por favorecer la venida de Papa Francisco a Japón, en cambio no quiere que la iglesia hable en favor de la abolición de la pena de muerte. Recientemente, Justicia y Paz de la Conferencia episcopal japonesa ha escrito una carta al Ministro de Justicia pidiendo, con ocasión de la venida del Papa Francisco, al menos un moratorium en las ejecuciones de pena capital… (Continuará)

El Papa y Adolfo Nicolás

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