03 jun 2026

Corpus Cristi ¿Tradición de fe o fiesta cultural ?

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Imagino la pesadumbre del Pastor hermano León, prisionero de los excesos de "papolatría" desorbitados por la manipulación de su visita.

Imagino los sentimientos ambivalentes que lucharán en su interior mientras camine en la procesión que conduce al Pan de Vida prisionero de prioridades culturales.

Imagino al querido Papa León repitiendo como un mantra la palabra emblemática de su predecesor Francisco cuando soñaba con "una Iglesia que hable menos del Papa y más de la Palabra de Dios, que hable menos de sí misma y más de Jesucristo, que hable menos de la ley y más de la gracia". (Evangelii gaudium n.38)

Pero dejemos la tentación del lamento y reavivemos en la Celebración del Corpus Christi la alegría de la fe:

Bone Pastor, Panis vere,

Iesu nostri miserere,

tu nos pasce, nos tuére

Tu nos bona fac videre

in terra viventium.

Partir pan, compartir vida. Corpus Christi: ni magia, ni antropofagia, sino Presencia Real de Cristo Vivo y Vivificador, que reparte gratuidad e imparte esperanzas. 

No venimos a la celebración para cumplir un precepto o, como decían nuestras abuelas, para “despacharse” o “quitarse el cuidado” de obligación dominical. Venimos a celebrar, compartir y convivir.

Recordamos los tres gestos de Jesús: vista al cielo en acción de gracias, ojos fijos en el pan mientras lo parte y mirada alrededor. Primero, da gracias a la fuente de la vida. Segundo, contempla el pan, fruto de la tierra y del trabajo de muchos hombres y mujeres, que ha de partirse y compartirse. Tercero, invita a repartir y... a asegurarse de que el reparto es justo, que no se han quedado, como siempre, a la puerta las personas desfavorecidas. 

Jesús no fue un prestidigitador. Su pan de vida no es un truco de magia, ni un juego escolástico de teoría abstractas sobre sustancias y accidentes. Antes de partir el pan, Jesús se ha partido a sí mismo, se ha dado y repartido a diario, dejándose comer. Toda su vida fue eucaristía. Su vida entera da significado al partir, compartir y repartir el pan de vida. Hoy prosigue su presencia realísima en la vivencia cotidiana de hacer por las personas lo que él hizo, construyendo un mundo sin guerra ni hambre, un mundo de verdad, libertad, paz y justicia,un mundo sin exclusión, sin políticas de insultos, calumnias y lenguajes de odio, sin desprecio a quienes se califica como "los de fuera", supuesta amenaza para nuestras prioridades de campanario...

Cuando todo lo que se debe integrar se integra en un único acontecimiento liberador, eso si que es la Eucaristía auténtica. De lo contrario ni la misa rutinaria ni la procesión multitudinaria podrán realizar la Eucaristía. Esa es la prolongación del Corpus Christi Resucitado: la comunidad heredera y continuadora de su movimiento por el Reinado de la Vida; la comunidad reunida en torno a Jesús por su Espíritu (adorando en Espíritu de Verdad, Jn 4, 22-23), el nuevo lugar de adoración.

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23 may 2026

La Vida me vive, el Espíritu me respira

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Espíritu de Luz, Espíritu del Camino, Espíritu de Vida

Las tradiciones cristianas romano-occidentales confiesan su fe desde arriba hacia abajo diciendo: En el nombre de la Fuente (Patris), del Camino (Filii) y de la Brisa (Spiritus Sancti).

Las tradiciones greco-orientales prefieren expresarla desde abajo hacia arriba diciendo: “Con la Brisa (in Spiritu) por el Camino (per Filium) hacia la Fuente (ad Patrem)”.

Ambas reconocen que nadie vio la Fuente (Jn 1,18), hacia la que nos encamina quien nos la interpretó (exegésato, Jn 1, 18b) : El Que Vive en el seno de la Fuente de Vida, el inocente ejecutado que al morir se adentró resucitando en el seno de la Vida de Abba (pros ton kolpon tou Patrós: murió “adentrándose hacia” el seno del Padre-Madre), desde donde envía sin cesar la Brisa (Ruah) que vivifica, el soplo de vida creador y recreador que nos hace creer en la desvelación de la Vida que era desde siempre y es para siempre “de cara al Padre-Madre” (1 Jn. 1, 1).

“No apaguéis el Espíritu” , dice la Carta a la iglesia de Tesalónica (1 Thes 5,19), no pongáis diques a a la inundación del Espíritu, no cerréis las ventanas a su brisa, no extingáis la energía que hace creer, crear y resucitar. Pablo confiesa su fe en la Vida que le hace vivir y el Espíritu que le hace respirar:“Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de la muerte habita en vosotros, el mismo que le resucitó dará vida también a vuestro ser mortal, por medio de ese Espíritu suyo que habita en vosotros” (Rom 8, 11):

El Espíritu de Vida Creador es el Espíritu Re-Creador, que restaura la vida más allá de la muerte. El don de vida por el aliento del Espíritu depende del Dador del don, que crear, re-crea y restaura la vida en y más allá de la muerte. Tanto en Creación como en Resurrección, el Espíritu es mediación de la donación de vida.

El mismo dinamismo de la Ruah o energía divina que transformó la última expiración humana de Jesús en inhalación de Espíritu resucitador de Cristo y la convirtió en exhalación de Espíritu vivificador del mundo, esa misma energía vivificará nuestra vida y transformará nuestra muerte en vida definitiva en el seno de la Vida de la vida. Tomada en serio esta fe, debería tener fuertes repercusiones místicas, psicológicas y políticas, para la liberación y transformación de las personas y de la sociedad. Esta fe en el Espíritu resucitador debería desencadenar fuertes consecuencias terapéuticas, políticas y espirituales.

Esta intuición paulina, muy olvidada en muchas comunidades, se mantuvo viva en la tradición de comunidades que se remontan al discípulo Juan. La comunidad que transmitió la tradición de Juan, llamado portavoz del amor, debía respirar “Espíritu de Vida”, a juzgar por sus capacidades terapéuticas, políticas y místicas reflejadas en el cuarto evangelio.

Expresaban su fe diciendo: “Soplo vital es Dios” (Pneuma ho Theós, Jn 4,24). No necesitaban reunirse en el templo de un “dios nacional” (la gran equivocación israelita de una prioridad nacionalista supyuestamente bendecida por Dios), ni en los templos de “otros dioses extranjeros”, porque sabían que el templo (es decir, el lugar de adoración y celebración, de gratuidad y comensalidad, de misericordia en vez de sacrificio) eran todos ellos y ellas cuando se reunían “trans-religionalmente”en “verdadero espíritu” (en pneumati kai aletheia, Jn 4,24).

Comunicaban entre sí y transmitían la tradición de la buena noticia de Jesús, heredada a través de Juan y Magdalena, que contaron infinidad de veces y de mil maneras lo de Jesús El Que Vive, para animarnos a tener fe en el soplo de vida que da vida (Jn 20, 31). El mensaje no necesitaba exponerse en un diccionario grueso o en un curso complicado de teología, consistía endecir decir simplemente: Hay Vida, hay Vida desde siempre, Vida que no muere; Jesús, rostro de esa Vida, la manifestó; esa vida nos reune como comunidad de personas llamadas a darse vida mutuamente con alegría (1 Jn 1,1-4).

Palabras y gestos, vida y muerte de Jesús fueron desvelación de esa Vida. Se siguen contando de generación en generación para que vivifiquen a quienes, al escucharlas, crean (Jn 20, 31). Creer en el Espíritu y ser vivificada por el Espíritu da a la comunidad creyente capacidad terapéutica, política y mística.

La comunidad que recibe el soplo de vida de Jesús (Jn 20, 21-22) es enviada al mundo con la misma misión de Jesús: curar, liberar y contemplar. La comunidad recibe del Espíritu capacidad para realizar esa misión terapéutica, política y mística. “Os envío, dice Jesús, con la misma misión con que fui enviado. Recibid soplo de vida y capacidad de curar, liberar y desvelar; ayudad a que haya sanación en lugar de enfermedad; liberación en lugar de opresión; reunificación y reconciliación, en lugar de ruptura y desintegración; desengaño y lucidez en lugar de ilusión; conciencia en lugar de manipulación... A quienes anunciéis la liberación, que se liberen, y a quienes denunciéis como opresores, que se conviertan (Jn 20,23). “Yo he venido para una crisis de discernimiento, es decir, para que quienes no ven vean y quienes presumen de ver, a pesar de no ver, reconozcan su ceguera y se conviertan” ( Jn 9, 39). Para que la personas oprimidas se liberen y las opresoras, que no se alegran de la liberación o la impiden, se conviertan y dejen de oprimir (cf. Jn 5, 14-18 y 9, 1-41).

La celebración principal, la mejor fiesta del año para esta comunidad, es la del Espíritu de Vida. Pentecostés es revivir el corazón del misterio pascual: el éxodo o tránsito de muerte a vida, el momento decisivo de la Muerte-Resurrección-Comunicación del Espíritu de Vida (Jn 19, 30-35: “entregó su espíritu... una lanza le traspasó el costado).

Para la catequesis popular han resultado casi siempre utilizadas las imágenes y narraciones del evangelista Lucas: ascensión de Jesús al cielo cuarenta días después y envío del Espíritu desde las alturas en la mañana de Pentecostés, seísmo, viento, lenguas de fuego y poliglotismo inexplicable. Pero la profundiad de Juan alimenta mejor la fe adulta. La presentación simultánea de muerte, glorificación y envío del Espíritu concentra el tránsito pascual y la efusión pentecostal en el crucificado con el pecho traspasado, como en el Apocalipsis la imagen de un cordero “degollado” y, al mismo tiempo, “en pie”, vivo y victorioso (cf. Ap. 5, 69). Jesús, al morir, pone en manos de Abba su espíritu y recibe el Espíritu resucitador que envía a la iglesia, nacida de su costado traspasado, sin necesidad de tener que esperar hasta unas semanas más tarde.

Ese Espíritu resucitador actúa resucitándonos ya ahora y aquí. Y actúa resucitando continuamente a su iglesia y suscitando nuevos Pentecostés en ella, purificando continuamente todo ambiente irrespirable para convertirlo en lugar habitable de vida.

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20 may 2026

Prioridad transcultural del Espíritu Santo

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Poliedro cultural: unidad multinacional

Domingo de Pentecostés.Se recuerda en las iglesias la Misión del Espíritu de Vida: Id y aprended de todas las gentes para construir un pueblo nuevo en unidad diferenciada.

Lucas escenificó el discurso de Pedro ante un público internacional variadísimo. Pero no introdujo ningún personaje de traductor simultáneo, ni puso en labios de Pedro una lengua común. Enigmática y simbólicamente constata el evangelista que, mientras Pedro habla en su lengua, cada oyente le entiende en la propia (Hechos, 2, 8-11). Dos mil años de evangelización han leído este relato programático como invitación a construir, animada por el Espíritu, la comunidad humana “unida y diversa”.

Hoy que reviven brotes populistas con añoranzas retrógradas de prioridades aldeanas, ingenuamente narcisistas y cerrilmente tribales, conviene revivir el mensaje de Pentecostés: el que nuestro querido hermano Bergoglio (que en la Vida vive) llamaba el “poliedro cultural” de la unidad diferenciada.

El Papa Francisco eligió para emblema de esta pluralidad unificada la imagen del poliedro, en vez de la uniformidad homgeneizada de la esfera: “El poliedro refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad. Tanto la acción pastoral como la acción política procuran recoger en ese poliedro lo mejor de cada uno” (Evangelii gaudium,  236). Francisco propugnó una “cultura del encuentro y la inclusión” frente a toda exclusión, del bien común: frente a totalitarismos centralizadores, y frente a la fragmentación de los sectarismos locales.

El Papa Francisco aplicó la imagen de Pentecostés, poliedro de pueblos y unidad diferenciada, a la vida eclesial y a la sociedad civil. Vale para la reforma de las estructuras de parroquia, “comunidad de comunidades” (id., 28), con capacidad de acoger e integrar diversos rostros ymaneras diferentes de ser iglesia en diversos grupos, movimientos y asociaciones. Vale también para la construcción política de la vida en común por parte de unas personas que no se quedan en ser “meros habitantes, sino que se convierten en ciudadanos”, para construir juntos un pueblo, comunidad de comunidades y nación de naciones.

El Espíritu Santo sopla para disipar el miedo al pluralismo.. Es el mismo Espíritu Santo el que “suscita una múltiple y diversa riqueza de dones y al mismo tiempo construye una unidad que nunca es uniformidad, sino multiforme armonía”. Por eso se opone a los fanatismos monoculturales y monocordes, que sacralizan la propia cultura (id., 117).

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13 may 2026

Ascensión, símbolo de Vida

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Ascensión es palabra-brújula

Ascensión: Icono-Luz del Camino hacia la Verdad de la Vida

Para ascender a los cielos descender a la vida

Subir a los cielos es extenderse al Universo

Ascensión es palabra-brújula de lenguaje religioso: apunta simbólicamente al norte de la Vida verdadera y señala el camino al más allá de vida y muerte. Más allá no significa detrás ni después de la muerte, porque no hay un detrás espacial ni un después temporal al otro lado de la puerta del morir. ivo

Morir no es no es definible ni cosificable. Por esa puerta no se entra , sino se asciende a otra dimensión: la de la esfera infinita, en la que cualquier punto es centro y presente.

Ascensión es un Icono, un Kôan, luz en el camino, no un concepto, ni un dogma, ni una idea, ni un mito.

Se habla de la Ascensión como del Nirvana con metáforas del cruce del río, pero falla el lenguaje y se cae en la ambigüedad de sugerir el paso espacial a la “otra orilla” para seguir caminando temporalmente “por la otra orilla de enfrente” (sin salir de esta dimensión, como si vida eterna fuera mera sobrevida ilimitada). Más apropiado sería sumergirse en mitad de la corriente hacia el fondo, pero no para ahogarse en un río, sino para descender al centro y ascender al horizonte ilimitado de la esfera infinita.

Ascensión puede ser Des-censión y trascender, puede ser tras-descender, habrían dicho Nicolás de Cusa, el Maestro Eckhart, Teresa, Juan o Catalina... Cuando ellos y ellas meditaban el vivir y el morir, contemplando el icono-kôan de la Ascensión oraban poetizando: “Enderézame hacia tu infinita altura, ensánchame hasta tu holgura inmensa, arráigame en tu hondura sin fondo”.

Ascensión es palabra-brújula que señala el rumbo para caminar al encuentro de “El Que Vive”. Para no extraviarse, atención a los símbolos. Atención a los cielos, “No os quedéis embobados mirando a las alturas” (Hechos 1,1-11); así dice la Palabra de Vida a la comunidad tentada de evadirse mirando a los cielos.

Ascensión es entrada en la dimensión de vida eterna supra-espacial y supra-temporal, que en el presente absoluto lo llena todo. Ascensión es Extensión al Universo. Efesios (1, 17-23; cf. 4, 10: “para llenarlo todo”).

Atención a la intuición de Juan evangelista para comprender que Resurrección, Ascensión y entrega del Espíritu son un todo inseparable, que coincide con la muerte y la lanzada en el costado, de donde brota sangre y agua (Jn 19, 29-34)”.

Comprender el símbolo-parábola-icono-Kôan de la Ascensión del Señor a los Cielos presupone atención a lo interior para comprender que Ascensión es símbolo de ascender y ytrascender, pero trans-descendiendo.

Ascensión al Cielo es descenso a la vida en el instante presente.

Ascensión es percatarse de la Presencia del Camino en lo frágil, lo marginado, lo periférico, lo que se descubre al bajarse a lo injusticiado y vulnerado ... en Gazas y Galileas de cada día le encontraréis (Mc 16, 7) .

Ascesión es palabra-brújula que señala el norte de la Vida verdadera. Ascensión es abrir los ojos de la sabiduría cordial para caer en la cuenta de que camina a nuestro lado (Mt 28, 20) lo absoluto Así-siempre-presente, visible para los ojos del corazón e invisible para la inteligencia articial.

Ascensión es llamada a percibir la Presencia del Camino a diario. “Con vosotras y vosotros a diario hasta el fin de los siglos” (Mt 28, 20) y en el compartir comunitario: “allí donde os reunís, dos o tres, en mi nombre (cf. Mt 18, 20).

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