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Corpus Cristi ¿Tradición de fe o fiesta cultural ?

El Pan de Vida prisionero de prioridades locales

Imagino la pesadumbre del Pastor hermano León, prisionero de los excesos de "papolatría" desorbitados por la manipulación de su visita.

Imagino los sentimientos ambivalentes que lucharán en su interior mientras camine en la procesión que conduce al Pan de Vida prisionero de prioridades culturales.

Imagino al querido Papa León repitiendo como un mantra la palabra emblemática de su predecesor Francisco cuando soñaba con "una Iglesia que hable menos del Papa y más de la Palabra de Dios, que hable menos de sí misma y más de Jesucristo, que hable menos de la ley y más de la gracia". (Evangelii gaudium n.38)

Pero dejemos la tentación del lamento y reavivemos en la Celebración del Corpus Christi la alegría de la fe:

Bone Pastor, Panis vere,

Iesu nostri miserere,

tu nos pasce, nos tuére

Tu nos bona fac videre

in terra viventium.

Partir pan, compartir vida. Corpus Christi: ni magia, ni antropofagia, sino Presencia Real de Cristo Vivo y Vivificador, que reparte gratuidad e imparte esperanzas. 

No venimos a la celebración para cumplir un precepto o, como decían nuestras abuelas, para “despacharse” o “quitarse el cuidado” de obligación dominical. Venimos a celebrar, compartir y convivir.

Recordamos los tres gestos de Jesús: vista al cielo en acción de gracias, ojos fijos en el pan mientras lo parte y mirada alrededor. Primero, da gracias a la fuente de la vida. Segundo, contempla el pan, fruto de la tierra y del trabajo de muchos hombres y mujeres, que ha de partirse y compartirse. Tercero, invita a repartir y... a asegurarse de que el reparto es justo, que no se han quedado, como siempre, a la puerta las personas desfavorecidas. 

Jesús no fue un prestidigitador. Su pan de vida no es un truco de magia, ni un juego escolástico de teoría abstractas sobre sustancias y accidentes. Antes de partir el pan, Jesús se ha partido a sí mismo, se ha dado y repartido a diario, dejándose comer. Toda su vida fue eucaristía. Su vida entera da significado al partir, compartir y repartir el pan de vida. Hoy prosigue su presencia realísima en la vivencia cotidiana de hacer por las personas lo que él hizo, construyendo un mundo sin guerra ni hambre, un mundo de verdad, libertad, paz y justicia,un mundo sin exclusión, sin políticas de insultos, calumnias y lenguajes de odio, sin desprecio a quienes se califica como "los de fuera", supuesta amenaza para nuestras prioridades de campanario...

Cuando todo lo que se debe integrar se integra en un único acontecimiento liberador, eso si que es la Eucaristía auténtica. De lo contrario ni la misa rutinaria ni la procesión multitudinaria podrán realizar la Eucaristía. Esa es la prolongación del Corpus Christi Resucitado: la comunidad heredera y continuadora de su movimiento por el Reinado de la Vida; la comunidad reunida en torno a Jesús por su Espíritu (adorando en Espíritu de Verdad, Jn 4, 22-23), el nuevo lugar de adoración.

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