Miembros del equipo de la delegación diocesana para las migraciones en Mérida-Badajoz hemos participado en una escuela de verano organizada por la Fundación Ciudadanía Global, vinculada con el partido político “Por un mundo más justo” (PMJ) que ha tratado sobre relación entre “Política y Paz” en el momento y mundo actual. Pensar la paz desde la política, la ética y la ciudadanía era el objetivo marcado. Compartimos las reflexiones e ideas transversales con las que nos hemos familiarizado en dicha escuela celebrada en el colegio mayor Jaime Lamo de Espinosa en Madrid del 3 al 5 de Julio. Ha sido muy satisfactorio formar parte de esta comunidad pensante y activa en la construcción de la ciudadanía y participar en este foro. Seis voces autorizadas y formadas sobre perspectivas diversas, desde el profesional que ha de decidir en acciones militares, pasando por la ministra de defensa o el sociólogo con sus planteamientos éticos, o comprometidos y mediadores como la voz de la comunidad de san Egidio. Necesitamos estos espacios de pensamiento, creación y comunión en lo fundamental. La regeneración de lo político hoy se convierte en urgente y la paz es tarea de todos.
Una vez más la Iglesia diocesana quiere andar por caminos y etapas que hablen y sepan de procesos y orientaciones pastorales que respondan al hoy de la Iglesia y del mundo. Para ello se ha convertido en iglesia de escucha sinodal y ha abierto pedagogías y espacios que ayudaran al diálogo y al coloquio en el Espíritu. Han sido muchas personas las que en este año se han prestado para compartir y descubrir juntos caminos y líneas de acción con objetivos evangelizadores. La parábola de la levadura y del grano de mostaza se ha ido viviendo en cada rincón de la diócesis donde se ha encontrado buena tierra, dando cada una según su capacidad. Águeda, feligresa de los Santos de Maimona, comprometida con la pastoral de migración, ha sido unas de las mujeres activas en ese proceso que sabe que el plan de pastoral nace del sentir comunitario y nos da cuenta de su participación. Demos gracias a Dios por esta modo de ser iglesia que responde con sencillez a la necesidad de una actualización y compromiso con la realidad actual.
Un hecho de vida ministerial y familiar. Cuando uno es apóstol no deja de serlo nunca. Antonio y Ángel, nuestros compañeros diocesanos, con sencillez y sin pretenderlo nos dan un testimonio encomiable con este gesto sencillo de unirse para ir a las tierras y pueblos en los que han compartido décadas de sus vidas, siendo pueblo de Dios en tierras peruanas en la diócesis de Chachapoyas en Perú. Yo tuve la oportunidad de conocerlos y verlos vivir en aquellas comunidades, siempre me interpelaron los dos en su modo de ser y sentir el ministerio y la misión. Tan diocesanos y seculares, como universales y católicos. Para mí son referentes y sé que lo son en el grupo de sacerdotes que llevamos más de treinta años juntos haciendo estudio del evangelio. La vacaciones más queridas y deseadas, sin mirar edad ni limitaciones, con una confianza total y absoluta.
Jesús habla en parábolas porque ha entrado en lo profundo de la vida, del ser humano en su vivir diario, en su encuentro con la naturaleza, con todos los seres creados, y desde ahí con la trascendencia de lo divino. La fe siempre camina en lo diario y en lo más profundo de los sencillos. Pongamos que hablamos de Guadajira... y recuerdo a Matías, que lo tengo anotado en mi lista de teléfono, como "filósofo". Me gusta su modo de entender la vida y la parábola de lo que ejercita, pues a él le encanta hacer germinar las bellotas y cuando los brotes ya están en tiempo y forma sembrarlos y cuidarlos para que vayan creciendo, soñando en aquellos que se sentarán y agradecerán sus sombras, cuando haya pasado mucho tiempo. La parábola de la confianza del sembrador en el vivir de cada día me seduce y me encanta verla en personas concretas como Matías.
Una exclamación de Jesús realmente revolucionaria y transformadora, una clave para discernir lo verdadero y fundamental de lo pasajero y accesorio. Un modo de vivir y serenar se que convierte en la fuente que da descanso y satisface la sed de lo interior y lo profundo. Ponerse junto a Jesús y dejar que su yugo nos apareje con él no tiene precio, es sentir la mansedumbre y la humildad de un corazón que te llena de vida y la comparte contigo. En ese yugo nunca vas a estar solo, tu Dios será tu compañero de camino y tu apoyo en la luz y en la oscuridad. Los que encuentran este tesoro no lo cambian por nada del mundo, dichosos los que ven y oyen lo que ellos sienten y reciben de ese pastor entregado, de esa pareja tan fiel.
En el caminar pastoral me voy encontrando con sacerdotes y religiosos, amén del laicado, que me aportan y me ayudan a pensar y a interrogarme. En el mundo de la migración he coincidido con un salesiano que aporta un montón tanto de su formación como de su compromiso. Tras décadas en tierras africanas, por Mali, ahora deambula por la península dedicado a la educación y la pastoral, pero con una inquietud por lo que está pasando en el mundo y una visión global que admiro. En estos días anda dolido, como muchos, por cuestiones políticas a las que es difícil poner nombre y ante las que la Iglesia permanece callada e indiferente. Ante este detalle del CEU y la medalla de honor a Milei, siente la necesidad de reflexionar y expresarse. Yo recibo su escrito y lo leo con atención y quiero compartirlo con vosotros.
No es una pregunta que te hagan todos los días, pero que necesariamente tú tienes que hacerte algún día en profundidad:
–Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Como afirmó el Papa Benedicto XVI, “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Deus caritas est, n. 1).
Hace unos días un miembro del episcopado en diálogo con militantes del movimiento de la HOAC cuestionaba qué era eso de PX, lo de profesionales cristianos y lo que hacemos. Es verdad que a veces... no es fácil conocer las realidades en las que no estamos inmersos ni hemos escuchado, aunque en muchas ocasiones hemos reflexionado e intentado transmitir a nuestros obispos lo que somos y hacemos. Pensando en ello, esta tarde, tras haber estado en el encuentro de de las delegaciones diocesanas para la ecología integral y haberme encontrado allí con medio docena de militantes de procesos del movimiento de profesionales cristianos en distintas diócesis, las redes me recuerdan este webinar para presentar una de las últimas publicaciones promovidas por este colectivo al hilo de lo que son las cuestiones más actuales de la Iglesia y promovidas por las últimas encíclicas papales como Laudato si, Querida Amazonía y Fratelli Tutti, y que cuajo en el libro "Profesionales cristianos cristianos y ecología integral. Reto y pasión". Por eso me atrevo a responder desde este enlace y añado hilvanes de lo que venimos haciendo ahora tras la última sesión y asamblea que hemos tenido en Madrid los últimos días de Mayo.
Siempre me ha llamado la atención el ser y el hacer de este amigo Luis Fernando, tan singular como novedoso y creativo, lleno de vida y de luz para él y los demás. Siempre a su manera. Me ha seducido su modo estar junto a su madre en ancianidad, buscando que estuviera llena de vida y en el lugar que pudiera ser más apropiado para seguir activa y acompañada. Las conversaciones que a veces hemos podido mantener, como lo que iba leyendo de sus huellas de hijo siempre me gustaron. Y ahora encuentro en su notas, que me hace llegar, esta reflexión que la sitúo tras la muerte de la relación física es histórica con su madre, pero viva y no acabada como se puede entender en estas líneas que él nos ofrece en sus espacios digitales. Me uno a esta reflexión y en esta mañana de luz la tomo como hilo de contemplación y oración...hace unos días fue el 12 aniversario de la muerte de mi madre, que también sigue viva y no acabada, sino gloriosa, una relación nueva, fecunda y sobre todo esperanzada. Un abrazo muy fuerte, y sigue viviendo amigo De la Macorra, Luis Fernando.
El Evangelio no entra en medidas y cantidades de eficacia, sino que se mueve en la tensión del corazón y de la entrega. Querer con radicalidad, coger la cruz, perder la vida por amar, recibir al otro como al propio Jesús, al profeta, al justo, dar a beber un vaso de agua fresca… todo es válido en el lenguaje de la donación y la generosidad. Nada quedará sin recompensa. Lo releo ahora que estoy cumpliendo, con mis compañeros, el 45 aniversario de nuestra ordenación. Nos hicimos sacerdotes para darnos...queríamos ser hombres del pueblo y del evangelio, el reto sigue en pie, la ilusión no falta, ya los objetivos están mar curtidos y profundos, y los caminos ya no pretenden ser ni rápidos ni largos, sólo verdaderos y de fondo. Y seguimos alimentándonos de los pequeños detalles. Recuerdo con un amor inmenso cuando comencé mi andadura ministerial en la población de Chelles, con unos mil habitantes, Querubín tocaba las campanas y Amadora su hermana que lo cuidada en su discapacidad era una buena mujer, me obligaba a ir a su casa los domingos después de la misa temprana a desayunar huevos fritos. Ahora en Guadajira, con 500 habitantes, después de un recorrido muy largo, me sentía querido por este amigo Juan, que sin conocerme ya quería compartir conmigo las cosas sencillas que le llenaban de orgullo como sus caracoles con tomates. Para no olvidar nunca, aquello de que Dios le da su sabiduría a los más sencillos. Cada vez más convencido de esta verdad evangélica, porque la vida te lo enseña en sus procesos y vivencias.
Hace unos días escribía unas líneas a mi arzobispo, Fray José, en las que aludía al mensaje del Papa León y sus palabras centradas en la cuestión de los migrantes y refugiados. Lo he seguido con atención y pasión, la verdad. Ahora estoy en el servicio de la delegación diocesana para esos asuntos y las vivencias de la misma me abren a una sensibilidad y reflexión más viva y real, la encarnación de las ideas son siempre el lugar del verdadero aprendizaje, no hay otro camino para que la ortodoxia se haga verdadera sino la ortopraxis.
En los días de la visita del Pastor universal, me llamaba la atención el seguimiento fiel de todos los obispos españoles en su conjunto, paso tras paso, ciudad tras ciudad y discurso a discurso, celebración a celebración. Me preguntaba sobre la recepción del mensaje en ellos su más directos colaboradores. Siempre nos queda la duda en los actos así, tan deslumbrantes, que los veamos más como victoria y seguridad de nuestro institución y papel, que como interpelación y reflexión para nuestra propia vida, ministerio y pastoral. Entiendo, para mí mismo, que las interpelaciones de este hermano mayor han sido de un calado evangélico, teológico y pastoral de primer orden. Recibo por todos lados sus mensajes editados de muchas formas, también me pregunto si los vamos a trabajar o solo a reenviar y a citar. Ahora toca adentrarnos en ellos y analizar cómo aterrizarlos de verdad en la vida, en la calle, en la sociedad, en la escuela, en la plaza, en lo público y su político, y cómo no, también en cada cristiano, comunidad y diócesis, en los seguidores de Jesús, aquí y ahora. Y hacerlo en sinodalidad.
En este sentido me alegra que mi arzobispo en una carta nada extensa y bien directa se dirija a la comunidad diocesana, desde el calor y la viveza de lo recibido, y nos hable directamente de la cuestión de la dignidad humana relacionada con la migración y sus políticas.
Ni que decir tiene que esas claves son para él como pastor, pero también para mí como sacerdote y para toda la acción promovida desde la delegación diocesana para los migrantes y refugiados. Qué bueno que en estos temas tan vitales, las ideas sean tan claras, los fundamentos tan fuertes, ahora sólo nos queda que las acciones sean significativas y dinamicen procesos de transformación que acojan, integren, promocionen y humanicen a todos, a los que llegan y a los que recibimos. Todos somos migrantes, ahora toca caminar juntos. Fratelli tutti , Dilexi te, y estrenando Magnifica Humanitas.
Leo este texto evangélico en estos días, cuando nos enteramos de la locura de aumentar al 5 % del PIB en la OTAN por parte de los países ricos. Ni que decir tiene que para nosotros hoy es un día de tristeza en la humanidad. Para llorar, hacer duelo, penitencia, ayuno…, retirarse a lo profundo de uno mismo y al corazón de la sociedad humana. ¿Qué nos está pasando? ¿Qué nos falta? ¿Qué nos sobra? Ricos y locos…, la cordura del don, la armonía, la paz, el acuerdo, el diálogo, el encuentro… ¿ donde están?
En estos días hemos oído al papa León proclamar hasta la saciedad la llamada a una paz desarmada y desarmante... no hay otro camino de salvación y de bondad. Mi querido amigo Jesús, un joven que acaba de examinarse del acceso a Universidad, habiendo logrado calificación alta para poder elegir lo que deseaba, ingeniería aeroespacial , en su reflexión humana y creyente, avivada por su participación en las jornadas en Madrid con el Papa y atendiendo a ese criterio y el grito de "humanidad". Viendo que la mayoría de las salidas y aplicaciones de su carrera eran de carácter armado y militar, ha preferido variar la especialidad, siente el deseo y la necesidad de elegir algo que pueda estar más claramente relacionado con el servicio a la comunidad a las necesidades de la personas, especialmente los que más necesitan. Para que veamos que no todo cae en saco roto...hay corazones inquietos, seguidores de Jesús, que buscan elegir y discernir con el evangelio en una mano y la humanidad en la otra. El jueves iré con él y sus padres a un concierto de Siloé en Mérida... otro grupo que también tiene un horizonte trascendente y humano en su cantar y actuar, una música con sentido. Nos dan claves para escuchar este evangelio y saber que sí se puede hacer y trabajar por la paz desarmada y desarmante.
El Papa León nos lo acaba de mostrar con palabras, gestos, celebraciones... La identidad de la comunidad del Resucitado no está en la autorreferencia de los apóstoles, sino en su envío y misión. La Iglesia solo se identifica y es original cuando, a pesar de todo, no hace otra cosa que evangelizar apoyada en la experiencia profunda de Cristo, que la fortalece y la vitaliza en la mayor dificultad, dolor o debilidad. Ahora es tiempo de silencio y fecundidad, de presencia en el mundo con las claves de lo humano en la mayor profundidad de ternura y de cuidado con los pobres y los oprimidos de la historia. No se necesita otra iglesia que la del Dios encarnado y entregado para la salvación de los que sufren. La de la gratuidad sin medida.
La invitación no es ambigua, venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados… Qué Dios es como nuestro Dios, que tiene como oficio acoger a los cansados y agobiados de la historia. Cómo ir y adentrarse en sus sentimientos para poder descansar en él, es una aspiración en el hombre honesto que busca vivir en la fe y el dolor. Pasarlo todo por el corazón de Cristo y unirnos a él lo veo realizado en las notas de este compañero, Leonardo, que le toca ahora vivir sanamente, con corazón, una enfermedad bastante dura, así me lo expresa:
## Una reflexión ante la visita de León XIV a España
La próxima visita del Papa León XIV a España coincide con un momento especialmente significativo para nuestra sociedad. No solo por la relevancia institucional y espiritual que supone la presencia del Sucesor de Pedro, sino también por el mensaje que acompaña su reciente encíclica, Magnificas Humanitas, una invitación a redescubrir la grandeza de la persona humana en un mundo que parece haber olvidado su verdadero valor.
¿Cosas de ricos venidos a menos?... En nuestra diócesis la procesión del Corpus, pasará a celebrarse el domingo 17 en la ciudad de Badajoz, para no coincidir con la que se celebrará presidida por el Papa León en Madrid el día siete, domingo que le correspondía en el calendario litúrgico. El arzobispo que asistirá y acompañará al pontífice así le ha parecido mejor. Cuestión que no deja de ser menor. La cuestión que no es menor es la que une Eucaristía y justicia, desde este sacramento de fraternidad y de salvación. En Extremadura acabamos de conocer una noticia de orden político que tiene que ver realmente con los más pobres, lo que se refiere al futuro de la Cooperación Internacional, reduciendo radicalmente en los presupuestos extremeños lo que se destinaba a la AEXCID. Era para todos los extremeños y especialmente para los que tenían sensibilidad social y compromiso ciudadano un signo de avance en la construcción de una ciudadanía justa y solidaria. Al llegar la fiesta de este sacramento y lo que significa considero que hemos de hacer lectura creyente y proclamar aquello que el evangelio nos ilumina ante estos acontecimientos de nuestra historia y de nuestro pueblo. Estoy seguro que el Papa, nos ayudará para avanzar en la "ortopraxis" de la verdadera "ortodoxia" del sacramento de la Eucaristía y de la presencia real de Cristo en la hostia y en los pobres.
El Creador, el Padre amoroso, en la fuerza de la pasión por la humanidad, se hizo creatura, y la revolución se estableció en todo el universo por un Absoluto que se hacía señal en un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Un sencillo hombre de la historia de cada día, que anduvo por las calles, las plazas, los caminos, a pie descalzo para sentir en su propia vida lo que era la vida de lo humano. Ahí se abrió al misterio del pan de cada día y ahí aprendió a partirlo y a compartirlo. Su propia vida fue entendida como el pan que se parte y se reparte entre los hermanos, lo hizo en todo su vivir diario y lo celebró en la mesa de la entrega definitiva cuando selló una alianza eterna de amor con su cuerpo y con su sangre: «Tomad y comed todos de él».
Tras la solemnidad de la Trinidad nos abrimos a la celebración del misterio eucarístico de la presencia real de Cristo en el sacramento de su cuerpo y de su sangre. Nos acompañará en este momento el Papa, no es casualidad esta presencia que viene a confirmarnos en la fe y ayudarnos a leer en creyente este momento para que llegue la luz y la vida, donde pueda haber oscuridad y muerte, donde nos toca elegir entre Babel y Jerusalén. Santi vuelve a plantearnos desde su corazón ecuménico una lectura Lucana del momento que se acerca en medio de los momentos que estamos viviendo, el dolor y la gracia, la luz y las tinieblas, la verdad y la mentira, lo humano y lo que deshumaniza, la paz desarmada y desarmante en un mundo tan violento y polarizado.
En nuestra diócesis andábamos preparando la vigilia de Pentecostés como culminación del tiempo pascual. La vigilia fue preparada al hilo de la Palabra de Dios, acompañada por testimonios variados de personas y estados de vida. La mayoría de laicos comprometidos y organizados en la pastoral y en la evangelización, enviados en medio del mundo. Junto a ellos también escuchamos el testimonio de Laydi Diana. Me comentó que tenía que elegir un símbolo de su proceso y que había pensado en una planta, le hablé de una que yo había recogido junto al contenedor de basura. Me llamó la atención que estuviera allí abandonada, llena de pinchos y alguna flor, la llevé a casa y la introduje en un macetero bello que yo tenía, ahora estaba enseñoreada en mi balcón. A ella el pareció providencial lo que le estaba comentando y por el parecido con su relato. Le ofrecí la planta como regalo y ella se alegró de poder llevarla consigo a la celebración. Y así lo hicimos, después alguien me comentó que a esa planta se le llamaba la "Corona de Cristo", una botánica me aclaró más tarde que era parecida pero no era esa misma. De todos modos no venía mal ese denominación para todo lo que traíamos entre manos. Con motivo de la Trinidad, fiesta de especial recuerdo de las contemplativas que ponen en el centro de sus vidas al absoluto divino en sus tres personas, me ha parecido bello traer a colación aquí su testimonio de seducción y amor en la vida de este hermana carmelita.
Aprovecho la festividad de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote para reflexionar sobre el cura que soy y el proyecto pastoral y ministerial al que me debo, tras casi cuarenta y cinco años de ejercicio sacerdotal, ya todo son canas y sin embargo me siento principiante, gracias a Dios.
Hace dos cursos pude profundizar y leer creyentemente el proceso de mi vida de fe y lo que ha sido la vivencia del ministerio a lo largo de estas décadas. Eso ha hecho que mirara al comienzo y me detuviera en los ideales que habitaban dentro de mí cuando recibí las órdenes sagradas, siendo todavía un joven de 23 años, un mocoso eclesial con aires de maestro y de pastor, es un decir nada más.