Abrir mente y corazón...ahora más que nunca
Pero si escuchas la voz del que viene de lejos, trae historias, canciones y nuevos reflejos.
Dios quiere abrir nuestras mentes... ese reto permanente de poder llegar a pensar a como Jesús, sentir y actuar como él... Jesús se dejó tocar por el Padre y abrió su mente en aquellos signos que le mostraba en el quehacer de la historia. Hoy tenemos signos vivos que están llamando a nuestras puertas, estrán gritando en nuestras fronteras, como aquella mujer ante Jesús.
DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO
En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
–Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo. Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:
–Atiéndela, que viene detrás gritando. Él les contestó:
–Solo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel. Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió:
–Señor, socórreme.
Él le contestó:
–No está bien echar a los perros el pan de los hijos. Pero ella repuso:
–Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.
Jesús le respondió:
–Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija.Mateo 15,21-28
La mujer que ayudó a abrir la mente a Jesús
Puede sonar fuerte, alguna tesis doctoral hizo el intento de titularse así y no se atrevieron, pero es tan humano y, por ello, tan divino… Jesús, hombre que formaba parte de una cultura y de una formación identitaria de su pueblo, y tan cercano a la gente que sufre, se da cuenta de la universalidad del amor de Dios en la fe de una siro-fenicia que grita confiada desde el dolor de un hijo. Esa fe-confianza no puede ser falsa.
La familia de Ana Beatriz y las hondureñas
Ana es una persona conocida de la universidad, es catedrática en el Departamento de Fisiología junto a su esposo, José Antonio. Es amiga y militante cristiana. El matrimonio colabora con la Delegación Diocesana de Migrantes, y lo hace desde el convencimiento de la vida más que por su sabiduría científica, por sus vivencias y experiencias humanas y familiares. En su caso, lo que el evangelio dice es verdad, porque ellos lo han vivido en sus carnes.
Me dice Pepe que haga una reflexión de esta lectura desde mi experiencia con inmigrantes. Le contesto que noto a Jesús en ella bastante intransigente. Me contesta que así es, que esa mujer le cambió la mentalidad a Jesús. Pues la verdad es que yo no me siento muy identificada con ello.
Ciertamente, todos tenemos en algún momento de nuestra vida algún reparo, desconfianza y ciertas dudas e intranquilidad que nos lleva a prejuzgar antes de conocer a determinadas personas por el simple hecho de haber tenido un origen, condiciones, oportunidades, modo de vida, costumbres, religión, etc. diferentes a las nuestras. Y no gastamos el tiempo en ello cuando en realidad nos estamos perdiendo una gran oportunidad de crecimiento personal/profesional y afectivo. Pero, como indicaba antes, a mí pocas veces me ha ocurrido así, tanto en mi vida personal como profesional.
En mi casa, como en mi colegio, me enseñaron a valorar y compartir con lo diferente, respetando y valorando a cada cual en su contexto. Y no me ha ido mal. Así que, en la medida que puedo, he educado también en estos valores a mi familia. Gracias a la dependencia de mis padres en su última etapa tuvimos que requerir ayuda de personas que vinieron a buscarse una vida mejor para ellas y sus familias. Esa gente que viene a realizar los trabajos que los de aquí no quieren y que tan necesarios son y tanto nos solucionan.
En mi familia tuvimos la gran suerte de acoger en casa además, durante algún tiempo, a otras conocidas que vinieron detrás en busca también de nuevas oportunidades. Acogerlas en familia y ayudarles a buscar trabajo y darles cobijo mientras tanto fue una experiencia enriquecedora, y a día de hoy tenemos una gran familia de personas hondureñas a la que nunca podremos devolver todo el buen trabajo, cariño y dedicación que nos han demostrado y siguen demostrando a muchos amigos. Por ello creo que antes de desconfiar y juzgar –algunos no se atreven a arriesgarse– es mucho mejor confiar y empatizar, porque en muchos casos sale bien y merece la pena.
«Dios camina con su pueblo»
Comparto como reflexión el mensaje conjunto de las Delegaciones de Migraciones las diócesis extremeñas (29 de septiembre, Jornada Mundial de Migración y de Refugiados):
La Asamblea plenaria de obispos de la Conferencia Episcopal Española aprobó el pasado mes de marzo como Exhortación pastoral, el documento titulado Comunidades acogedoras y misioneras. Identidad y marco de la pastoral con migrantes, que invita a abrazar la diversidad cultural, étnica y religiosa que traen consigo migrantes y refugiados, apelando al carácter universal de la Iglesia, al reconocimiento de los aportes de este colectivo humano a la economía y sociedad de los países de acogida y a la defensa de la dignidad y la vida de estas personas.
Migrantes y refugiados son tema candente en los últimos tiempos no solo por la enorme cantidad de seres humanos que abandonan sus hogares y arriesgan sus vidas en busca de una vida mejor, sino también porque el asunto divide a la sociedad receptora entre la acogida y el rechazo. Ante este panorama, las Delegaciones de Migraciones de las tres diócesis extremeñas, Plasencia, Coria-Cáceres y Mérida-Badajoz, convocadas e invitando para el 29 de septiembre de 2024, en la población de Fuente del Maestre (Badajoz) con motivo de la celebración de la 110ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, hacemos un llamamiento a la solidaridad, a la acogida, protección, promoción e integración de los migrantes en nuestra sociedad extremeña sin ningún tipo de discriminación por motivos de raza, nacionalidad, cultura o religión. También hacemos un llamado a condenar los discursos que incitan al rechazo y promueven la estigmatización de los migrantes y refugiados.
Recordamos que se trata de una cuestión muy compleja. Porque cada migrante y refugiado que llega a nuestra tierra es una historia única y diferente. Porque lo hacen por muchas y diversas causas: guerras, persecuciones, hambrunas, cambio climático, pobreza. Porque a menudo han arriesgado sus vidas por conseguir la dignidad para ellos y sus familias que no logran tener en sus países de origen por causas estructurales o históricas. No podemos olvidar que las aportaciones que hacen muchos de ellos en nuestra vida diaria: cuidando a nuestros ancianos, enfermos, dependientes, niños, realizando las tareas más duras del campo y la ciudad, en diversos sectores de la hostelería, el turismo y los servicios en general. Tampoco podemos dejar caer en el olvido como sociedad nuestros valores cristianos de solidaridad y de acogida y dejarnos llevar por la corriente de rechazo y de estigmatización que sufren provocada por prejuicios culturales que los vinculan a la delincuencia.
Apelamos a que se fomente entre nosotros el sentido crítico en las redes sociales de modo que luchemos contra la divulgación que en el mundo virtual se ha hecho de mensajes de intolerancia xenófobos. Estos enfoques en la red constituyen un grave peligro, porque indirectamente pueden incitar a la violencia. Entre los que más sufren esa estigmatización, rechazo y odio se hallan los menores migrantes no acompañados. A la vez somos testigos conscientes del esfuerzo extraordinario de muchas personas e instituciones de nuestra sociedad, con responsabilidad en la administración, la política y la vida pública, que trabajan incansablemente por establecer puentes de interconexión, integración cultural, justicia social y equidad.
Por ello, movidos con espíritu evangélico, animamos a abrazar como católicos que somos la diversidad cultural y religiosa que existe hoy en nuestro mundo globalizado. Católico significa en griego «universal», y eso ya marca nuestra misión y compromiso en acoger, proteger, promover e integrar al migrante, al refugiado, al que es diferente en nuestra vida, en nuestras comunidades parroquiales, en nuestra sociedad. Aceptando a la persona sin prejuicios y en diálogo sereno y discernido con su cultura, valores y creencias religiosas.
Concluimos suscribiendo las palabras del papa Francisco en su mensaje con motivo de la jornada que hoy celebramos: «Es posible ver en los emigrantes de nuestro tiempo, como en los de todas las épocas, una imagen viva del pueblo de Dios en camino hacia la patria eterna. Sus viajes de esperanza nos recuerdan que “nosotros somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo” (Flp 3,20)».
Fuente del Maestre (Badajoz), 29 de septiembre de 2024
Acordes encarnados:
Los inmigrantes. Unidos
Crecí aprendiendo que el mundo es inmenso,
que hay mil maneras de un mismo verso.
Me enseñaron en casa y en la escuela también,
que en lo distinto hay un regalo, un bien.
A veces el miedo nos nubla la vista,
cerramos la puerta, se enfría la brisa.
Pero si escuchas la voz del que viene de lejos,
trae historias, canciones y nuevos reflejos.