La alegría de la madre... no puede ser pecado (Domingo Laetare)
Extraído de "Sinfonía divina, acordes encarnados" Edit. PPC
Ni este ni sus padres pecaron
La liturgia en medio de la cuaresma nos invita descaradamente a entrar en la alegría de lo pequeño y lo extraño... nadie nos puede arrebatar de la mano de nuestro Padre Dios ni de sus mejores caricias.
La mirada de Dios no es desde el pecado, no puede serlo, porque él solo es gracia y don, bondad sin límites. Su juicio sobre la realidad solo puede ser de salvación y de liberación; él ve en cada situación y cada persona las posibilidades de vida y de esperanza, y lucha por romper lo que ata y detiene el amor y la luz. Como los padres de Alejandro... Gracias Ana
DOMINGO IV DE CUARESMA (LAETARE)
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron:
–Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego? Jesús contestó:
–Ni Este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo yo soy la luz del mundo.
Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:
–Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).
Él fue, se lavó y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
–¿No es ese el que se sentaba a pedir? Unos decían:
–El mismo.
Otros decían:
–No es él, pero se le parece. Él respondía:
–Soy yo.
Y le preguntaban:
–¿Y cómo se te han abierto los ojos? Él contestó:
–Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé y empecé a ver.
Le preguntaron:
–¿Dónde está él? Contestó:
–No sé.
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó:
–Me puso barro en los ojos, me lavé y veo. Algunos de los fariseos comentaban:
–Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado. Otros replicaban:
–¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:
–Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos? Él contestó:
–Que es un profeta.
Pero los judíos no se creyeron que aquel había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:
–¿Es este vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? Sus padres contestaron:
–Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora no lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse.
Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él».
Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron:
–Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador. Contestó él:
–Si es un pecador, no lo sé; solo sé que yo era ciego y ahora veo. Le preguntaron de nuevo:
–Qué te hizo, ¿cómo te abrió los ojos? Les contestó:
–Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?;
¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos? Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:
–Discípulo de ese lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ese no sabemos de dónde viene.
Replicó él:
–Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si este no viniera de Dios, no tendría ningún poder.
Le replicaron:
–Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros? Y lo expulsaron.
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
–¿Crees tú en el Hijo del hombre? Él contestó:
–¿Y quién es, Señor, ¿para que crea en él? Jesús le dijo:
–Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es. Él dijo:
–Creo, Señor.
Y se postró ante él. Jesús añadió:
–Para un juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven vean, y los que ven queden ciegos.
Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron:
–¿También nosotros estamos ciegos? Jesús les contestó:
–Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero, como decís que veis, vuestro pecado persiste.
Juan 9,1-41 (o 9,1.6-9.13-17.34-38)
¿Quién pecó? Nadie, es para que se manifieste la gloria
Tras leer el texto evangélico de este cuarto domingo de Cuaresma me viene a la mente la respuesta que recibí vía online de la madre de Alejandro, al que he aludido en el primer domingo de este mismo tiempo. Nos han marcado con una mirada justiciera de la vida, con un Dios alejado de la debilidad y de la riqueza de lo diferente, se nos ha hecho ciego para ver la luz que traspasa todo límite y que se hace verdad y bondad en todas partes. Necesitamos el colirio de la bondad y la pluralidad que nos ayuda a ver la vida en clave de salvación y de necesidades mutuas. Hoy hemos de orar y rendir homenaje a todas esas familias, padres, madres, hermanos… que ostentan con orgullo la satisfacción de saber ver la gloria donde otros solo ven límites.
Estimado José Moreno:
Nos conocimos hace solo unos días en «Las tres campanas» mientras nuestro hijo interpretaba una pieza de Brahms en el piano que han instalado en la planta baja. Hoy, tras leer tu carta titulada «Alejandro se puso a tocar el piano» en el diario Hoy no podemos dejar pasar la oportunidad de agradecerte tus palabras.
En efecto, nuestro hijo tiene reconocida una discapacidad dentro del espectro del TDAH. Sin embargo, como bien supiste apreciar, son sus capacidades las que llenan de satisfacción cada momento. Su talento musical es solo una de las muchas habilidades que día a día nos enseña, quizá la más visible, pero no la única.
Detrás de ese momento de música hay años de dificultades. Su vida académica y social ha estado marcada por muchos obstáculos y por mucho sufrimiento, también para nosotros como padres. Aunque supimos recurrir a los cauces legales establecidos –orientadores escolares, inspección educativa, informes técnicos y organismos oficiales–, hay barreras mucho más sutiles, las sociales, que son mucho más difíciles de derribar: miradas de incomprensión, expectativas reducidas, oportunidades limitadas y un constante esfuerzo por lograr que se reconozcan sus derechos en igualdad.
Por eso, leer en tus palabras un reconocimiento sincero a su talento, sin condescendencias, nos emociona y anima. Porque necesitamos más miradas como la tuya que sepan ver el potencial y no solo las dificultades; que reconozcan el talento sin convertirlo en un simple acto de superación.
Gracias, José, por tu sensibilidad y por dar visibilidad, desde el respeto y la admiración, a realidades que aún hoy necesitan ser contadas.
Te has ganado dos amigos en la que seguro ya es muy extensa lista de amistades. Un abrazo. No sabes lo satisfactorio que es un detalle como este.
ANA GONZÁLEZ DELGADO
Nuestro Dios es diferente
La historia de la salvación es una escuela de misericordia entrañable, con razón dice el salmista que nuestro Dios es compasivo y misericordioso. Es la clave que le distingue y que le hace singular entre todos los demás que se presentan como dioses. Los propios israelitas se preguntan dónde hay un Dios como el suyo que se abaja para mirar la tierra y que se compadece hasta de la última de sus criaturas.
La misericordia hace que su modo ser y ejercer el poder sea inaudito y transformador: quién podía pensar que la revolución de la humanidad para la salvación pasaría por un pesebre, un pueblo olvidado, un trabajo obrero, el discurso encendido de un enamorado de lo humano, una cruz y un ajusticiado. El mayor poder de lo divino ejercido en el abajamiento y en lo último de lo más humano en la debilidad.
Jesús vive hasta el extremo este modo de ser del Padre y lo ejerce en el anuncio del Reino, que comienza y se realiza en su persona: hermano de los sordos, los ciegos, los cojos, los leprosos, los ciegos, los paralíticos, los que no hablan… Todos ellos son lugares personales para la manifestación y revelación del amor de Dios hecho carne, que ha venido a salvar y liberar lo que estaba olvidado y condenado. A poner en el centro lo que el mundo ponía en los márgenes de los caminos y en las afueras de los pueblos.
La Iglesia, como comunidad humana en medio de la historia, está llamada no a ser grande, sino auténtica, con esa mirada y acogida en su seno a todas las personas, todas, todas. Sabiendo contemplar lo que de gloria y de futuro celestial hay en cada una de ellas, en los bienes que nos vienen con sus singularidades y situaciones propias.
Se trata de un nuevo lenguaje y supone un nuevo modo de interpretar y enjuiciar la realidad. Mirada realizada no desde la eficacia, sino desde la comunión en el amor y en la compasión que todos podemos ejercer y que todos necesitamos recibir.
Acordes encarnados:
21. EL ACORDE DE SUS MANOS | A. Calvo & P. Monty
El acorde de sus manos
No le mires con la duda ajena,
no es distinto, ni es condena.
Mira su música, mira su andar,
es un niño que ha nacido a brillar.