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Cinco estampas de pasión y adoración de la cruz

Viernes Santo:

Un día para contemplar la cruz en la historia, sin muchas palabras ni raciocinios; basta con el corazón a punto y dejar entrar el relato de la pasión y de la vida en seres humanos de hoy que conviven con nosotros, que son de nuestra calle y de nuestra familia.

¿Dónde están los crucificados que dan la vida? No los busquéis en los palacios ni en los templos del éxito y del poder, miradlos en lo sencillo y en lo pequeño de cada día.

luz en la cruz

VIERNES SANTO

EN LA PASIÓN DEL SEÑOR

Juan 18,1-19,42

C. En aquel tiempo salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas, entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:

+. –¿A quién buscáis?

C. Le contestaron:

S. –A Jesús, el Nazareno.

C. Les dijo Jesús:

+. –Yo soy...

C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos». Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:

+. –Mujer, ahí tienes a tu hijo.

C. Luego dijo al discípulo:

+. –Ahí tienes a tu madre.

C. Y, desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:

+. –Tengo sed.

C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:

+. –Está cumplido.

C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Viernes: abrazados al Crucificado

¿Dónde están los crucificados que dan la vida? No los busquéis en los palacios ni en los templos del éxito y del poder, miradlos en lo sencillo y en lo pequeño de cada día: en los sanitarios; los limpiadores; las cajeras; los vecinos; la hija que cuida a su madre con Alzhéimer desde hace años; los padres que tienen a su hijo con síndrome de Down y lo cuidan como el centro de su casa; el empresario que contrata a un disminuido físico; la esposa del alcohólico que apuesta por él y lo quiere de verdad; la asociación que le acoge con dignidad y le ayuda a resucitar; la que lava a su vecina, sola y enferma, y le lleva de comer sin que se entere nadie; el catequista que da la vida por los jóvenes para que encuentren el camino de la vida; el que se sacrifica para que funcione el coro; el médico que conoce y ama a sus pacientes; el que dona los órganos de su hijo fallecido en accidente para que le dé vida a otros; el niño que da lo que recibe en la comunión para un proyecto en África y rechaza un traje ostentoso usando el de su primo; el que da un tanto por ciento significativo de su sueldo para Cáritas y sigue aportando para las situaciones que se presentan de dolor y violencia en el mundo; el voluntario en el asilo, y muchos más: la madre que da toda su vida por sus hijos, la que adopta un niño abandonado… ¿A quién vamos a ver en el rostro del Crucificado este Viernes Santo? Oremos hoy desde las cruces más sencillas de nuestro alrededor y de nosotros mismos.

Una Iglesia que no sufre persecución viviendo en un mundo injusto, lleno de pobreza y desigualdad, ha de preguntarse si está sirviendo al reino de Dios, a la causa y al nombre de Jesús. La Iglesia, que anuncia a Jesucristo y da testimonio de él, ha de andar por caminos que le cargan la cruz; cruz que es signo de buena noticia de liberación para los crucificados de nuestro mundo, noticia de un Dios compasivo y misericordioso.

Mi sacerdocio y mi dolor (Leonardo)

He tenido que volver al hospital después de la última intervención en la boca, he compartido habitación con un médico jubilado. Él no tiene dolor, pero me manifestaba que deseaba morir en su casa. Yo tengo dolor, pero creo no estar en la situación física y mental de querer morir, a pesar del susto de la hemorragia que acabo de padecer. Los dos coincidimos en que llevamos cinco años luchando con la enfermedad. Él tiene ahora un tumor en la cabeza. Desde hace cinco años yo convivo con los dolores de boca tras cinco operaciones en ella y un raspado de lengua. Curiosamente, llevo mejor tener que comer casi todo líquido que las mismas molestias de esta enfermedad. El sueño es reparador. Pero con el despertar aflora la realidad de la boca herida y sufriente, desde la que cuesta salir para seguir viviendo. Hago por salir en muchos momentos, pero se convive con las molestias y a veces con la inseguridad. Pienso que seguramente no habrá calma absoluta, como ya no podré comer normalmente.

Tengo que agradecer que, en este camino de dolor y debilidad, siempre que he necesitado y me ha surgido una nueva operación he encontrado respuesta inmediata de profesionales dispuestos a entregarse para aliviar la causa original de los posteriores dolores tras la operación: el cáncer de boca. Hay muchas personas que seguro no han podido ser atendidas tan rápidamente. Todos queremos que enseguida se solucionen nuestros problemas. Y cuando estoy en medio de esta recuperación me llegan llamadas de otras cruces y otros dolores, a los que he tenido acceso por mi ministerio en Los Santos.

En medio de todo esto me han llamado unos jóvenes gitanos con dos niños pequeños a los que trato de acompañar junto a Cáritas. Han vivido el destierro en Azuaga. Han tenido una niña preciosa, María, en el hospital de Llerena. Emi los ha atendido y se han sentido acompañados. De nuevo en Los Santos, ya no en su piso de okupas, pues les habían expulsado a él y a su hermano. Hace unos días, este hermano ha ingresado en la cárcel. Viven con sus padres. No pueden llegar a fin de mes. Me pidieron ayuda. Lo hacen con insistencia ante la necesidad. La madre no puede dar el pecho. Yo quería ayudarle insistiendo en que apuntaran al otro niño en la guardería. Esta preocupación volvió a aparecer al día siguiente que fui a hacer una visita a Los Santos. Débil en mi enfermedad, volví a acalorarme con la situación de ellos, de su madre, que quería ir a ver a su otro hijo a la cárcel. Toda una cruz enrevesada que no sé cómo mirarla desde mi propia cruz y dolor de enfermedad.

Estuve rezando con la comunidad, la adoración en la que participaba José –silencio–, no podía concentrarme, tenía que salir. La violencia verbal no soluciona nada y nos perjudica. Así ha sido. Pido disculpas y perdón y le ayudo con lo que puedo.

Se celebraba el Corpus este fin de semana. Compartí con Cáritas cómo le habían dejado el piso, como un basurero, y recordaba que al Señor, a quien engalanados en la fiesta del Corpus, había que vestirlo y darle de comer en el pobre. Que intentarán reunirse y solucionar el problema del agua. Llevan muchos meses sin poder ducharse. Me alegró que hayan quedado este martes para abordar el tema.

Mi dolor compartido con las cruces de tantas personas que nos necesitan. Y el dolor y la cruz de personas, familiares y amigos que te quieren y sufren con tu enfermedad y tu dolor.

La lógica de Dios no es como yo también les digo a veces: «Arreglároslas como podáis», sino «dadles vosotros de comer».

Sufrimiento y muerte generado con la lógica del poder, del dominio. En estos momentos vemos el dolor de la exigencia en la OTAN con el reclamo del 5 % para asegurarnos y defendernos colectivamente de los demás. ¡Qué dolor en el mundo!

El lenguaje de la cruz sigue siendo un escándalo. Pero es el único lenguaje que transforma la humanidad: el lenguaje del amor, del servicio, de una vida entregada a los demás. Esto lo vivimos todos los días y no es noticia. Hay muchas personas que hacen de su dolor, de su cruz, de su enfermedad, un motivo de esperanza. Si hay alguien que nos espera con los brazos cruzados para darnos un abrazo tras la muerte.

Acordes encarnados:

27. DESDE MI CRUZ | A. Calvo & P. Monty

Desde mi cruz

Desde mi cruz,

mi cruz cansada,

me duele el suyo,

me duele el alma.

Entre mis manos,

sus manos blancas,

piden socorro

y yo no alcanzo a darles nada.

La cruz y la belleza de mi hija (Ana Belén)

Desde la cruz de Cristo que salva, libera y da sentido al dolor quiero compartir el profundo regalo que ha sido para mí acompañar a mi hija Alejandra en su camino, en su singularidad, en su lucha y en su belleza.

Alejandra llegó a mi vida rodeada de amor, esperanza y alegría. Fue una niña muy deseada, soñada, amada incluso antes de nacer. Su llegada llenó mi corazón y el de toda la familia.

Sin embargo, a los dos años nos enfrentamos a una realidad inesperada: un diagnóstico dentro del espectro de los trastornos del neurodesarrollo que con el tiempo se concretó como TDAH.

Fueron momentos duros, de muchas preguntas sin respuestas, de angustia e incertidumbre. Como madre, viví el vértigo de no saber qué hacer, de temer por su futuro, de buscar respuestas, ayuda, caminos. Pero desde aquel momento me entregué a acompañarla, paso a paso, con la certeza de que en su diferencia había una misión, una riqueza, una luz.

Han sido años de terapias, dictámenes, pruebas médicas, desafíos escolares y sociales. Pero también han sido años de descubrimiento: de ver crecer a una niña con un corazón inmenso, una alegría contagiosa, una empatía profunda y un espíritu luchador que me enseña cada día. Alejandra se ha superado, brilla en la escuela, es querida por sus compañeros, admirada por sus profesores y cuidada por sus terapeutas. Su sensibilidad, su nobleza y su capacidad de amar son dones que Dios le ha regalado y que ella comparte con el mundo.

Acompañarla ha sido un camino de amor, de entrega, de cruz…, pero también de resurrección. Porque lo que a veces parecen límites o fragilidades se convierten en lugares de transformación, de enseñanza, de verdadero crecimiento.

Además, he vivido esta maternidad de forma muy especial, porque también he tenido que transitar el camino del divorcio. Criar sola a una hija con necesidades especiales ha sido un desafío enorme. Pero nunca estuve completamente sola. Mis padres –los abuelos de Alejandra– han sido mi apoyo constante, mis manos y mis pies cuando me faltaban fuerzas. Su cariño y presencia han sido esenciales en nuestro caminar.

La sociedad muchas veces no comprende el valor inmenso que tiene este tipo de maternidad. A veces se ignora lo que supone sostener una vida, criar con amor en medio de la incertidumbre, educar con fe aun sin certezas. Pero desde la mirada de la fe sé que este camino tiene sentido. Que no estamos solas. Que Cristo nos acompaña en cada paso y que en la cruz – aunque duela– también florece la Vida.

Hoy miro a mi hija y no puedo sentir más que orgullo y gratitud. Alejandra es luz, es fuerza, es ejemplo. Me ha hecho fuerte, me ha revelado lo que significa amar de verdad, me ha dado lecciones que ningún libro ni ninguna escuela enseñan.

Y aunque haya barreras en la sociedad, aunque el camino no siempre sea fácil, sé que Alejandra está rodeada de amor: de sus amigos, de sus profesores, de su familia. Y que su historia, nuestra historia, es testimonio de que el amor verdadero no elimina la dificultad, pero la transforma.

Desde la cruz, con la mirada en Cristo, puedo decir que acompañar a mi hija en su singularidad ha sido el mayor regalo de mi vida.

Acordes encarnados:

 28. ALEJANDRA, MI LUZ | A. Calvo & P. Monty

Alejandra, mi luz

Te he visto caer y volver a levantarte,

con tu risa encendiendo lo más importante,

con tu abrazo que sana heridas calladas,

y tus ojos que miran sin miedo, sin nada.

 Alejandra, mi luz en el TDAH, mi pequeña guerrera,

tus alas se abren aunque el cielo no quiera,

lo que el mundo llamó fragilidad,

Dios lo hizo fuerza, ternura y verdad.

Cómo quiero mirarte, papá (Trinidad)

Ahora que estás en tu final, un final lento, casi indoloro, demente, senil en grado máximo, cada vez más aislado por la sordera, permanentemente sondado en tu silla de ruedas, adelgazando por semanas, alimentado con fluidos de sabores varios, viendo lo que se pueda ver tras una espesa cortina de cataratas, eternamente enfadado, molesto, confundido, irascible, violento, amargado, conviviendo como puedes con ese infierno mental en el que se ha convertido tu cerebro, lleno de placas de dermatitis seborreica imposibles de eliminar…, ahora más que nunca es cuando quiero estar contigo porque sí. Cuanto tiempo haga falta, a tu lado, sin tener que dar explicaciones. El amor. La necesidad de vivir cuánto te quiero. Me reconoces, me llamas. Quizá no te sereno lo suficiente, pero tú a mí sí. De aquí no me muevo. Yo contigo a los pies de tu cruz. Esperando la mano misericordiosa del Padre, que te levante hasta el cielo para siempre. No hay más lógica que la de la esperanza porque sí. La fe. El silencio pacífico y pacificante. Nada que decir. Estar. («Mujer, ahí tienes a tu hijo […] Hijo, ahí tienes a tu madre» [Jn 19,26-27].)

Acordes encarnados:

29. CÓMO QUIERO MIRARTE, PAPÁ| A. Calvo & P. Monty

Cómo quiero mirarte

Ahora, en tu sombra, en tu silla de ruedas,

en tus ojos cubiertos de espesa nevada,

en tu mundo cerrado, quebrado, doliente,

yo elijo quedarme. Porque sí. Sin palabras.

 

Permanecer y abrazar (Emi, hospital)

Así quiero empezar: permanecer… y abrazar a los Cristos rotos en el camino de cada día, en ese espacio tan sagrado como es el hospital. Hay pocas cosas en la vida que puedan llegar a ser tan transformadoras como tocar suavemente la vida de una persona que sufre y dejarte tocar.

–Hermana, ¿tiene usted mucha prisa?

–Ninguna, amigo… –Me siento a su lado.

–Quiero decirle algo que llevo pensando mucho tiempo y no dejo de darle vueltas.

–Agradecida de que lo quieras compartir conmigo, campeón.

–No quiero que le cause malestar.

–No se preocupe por mí, buen amigo, tranquilo.

–Creo que mi cuerpo tiene más sufrimiento que mi Cristo de las Rejas. Siento mi cuerpo, cada día, se abrasa. ¿Se ha quemado alguna vez las yemas de los dedos?

–Alguna que otra vez, buen amigo.

–Pues siento eso en mi cuerpo, pero en grande cada día, y llevo dieciocho años así. No es queja, hermana, es cansancio lo que lleva mi vida, y sé que Dios está conmigo porque está usted aquí.

Permanecer y abrazar en silencio, esa es mi respuesta y mi oración con mi amigo. Estar ahí, incluso cuando no sé ni decir una palabra que alivie, que consuele, estar cuando duele el alma más que el dolor físico, cuando veo que se rompe la esperanza.

Discernir lo divino en lo humano y lo humano en lo divino. Vidas que para mí son presencia de su amor resucitado. Enséñame, Señor, a aprender de tu estilo, tus gestos, para que cada encuentro con el hermano que sufre sea ese lugar donde tú hables, donde tú acaricies, donde tú llenes de sentido la vida.

Acordes encarnados:

 30. ABRAZADA. TU SER | A. Calvo & P. Monty

Abrazado a tu dolor

Permanecer y abrazar en silencio,

ser refugio cuando el mundo es incierto,

quedarse aun sin saber qué decir,

ser presencia cuando no hay porvenir.

Permanecer y abrazar…

como un faro en medio del mar.

Tú eres nuestro Dios sin medida (Marisol, Frater)

La mirada de Dios es tan amplia como su corazón.

Hace no tantas décadas, cuando la mayoría de los ciudadanos carecíamos de muchas de las cosas que hoy disfrutamos –gracias al progreso, a los mayores recursos con que contamos, entre otras cosas–, no era extraño que echáramos mano de otra persona para conseguir aquello que nos hacía falta. Vaya, que no era raro «recurrir al vecino para que nos prestara una pizca de sal» porque nos faltaba en ese momento y era la forma más rápida de conseguirlo.

En las dificultades o carencias, el ser humano se siente vulnerable y necesita de los demás para «completarse».

Pero estas sociedades que habitamos se esfuerzan por hacernos individualistas, autosuficientes y poder prescindir de los demás. Muchos de los mensajes que se prodigan en nuestro día a día exaltan como un valor la juventud, la fortaleza, la salud, en definitiva, la apariencia. Y todo ello es algo que se mide y se persigue a título personal.

Grave error. El ser humano es un individuo social que se construye, se desarrolla, crece, a partir de su relación con los demás. Cuidar del otro, buscar el bienestar del otro, empatizar con el otro, no son tendencias habituales que se proclamen de una forma natural.

¿Qué pasa cuando, además, hay una enfermedad o discapacidad? En estos casos, la apariencia por la que, consciente o inconscientemente, se dejan llevar los aparentemente «sanos» les lleva a una imagen claramente equivocada. No cumplir esas personas con los roles que se defienden –salud, fuerza…– limita la mirada de la sociedad que observa: la primera impresión o imagen es la de la debilidad, la limitación, el fracaso…

Paradójicamente, la mirada de muchas personas con discapacidad es otra, es más amplia. Sin duda, una mirada que se ha ido haciendo con la dificultad del día, con un corazón que se entrega al esfuerzo, con una voluntad que no se detiene ante la dificultad. Esta amplitud permite observar posibilidades, capacidades, donde otros ven solo limitación; a sentir como propia la suerte del otro en lugar de esquivar esa realidad que desagrada; a potenciar las posibilidades del otro en lugar de esconderse en un lamento estéril…

¿De dónde nace la mirada de estas personas? Cada una de ellas seguro que tiene su propio referente, pero, cuando hablamos de Frater (Fraternidad Cristiana de Personas con Discapacidad), el referente es el mismo Jesús. Aquel que nos dijo: «Levántate, toma tu camilla y anda». Aquel que sabe ver más allá de la apariencia, que dirige su mirada hasta el mismo corazón de la persona y allí encuentra toda su dignidad. La mirada de un Jesús en la cruz, un Viernes Santo, que no dejaba de amar al ser humano. Una mirada sin medida, infinita, regalada para todos.

Acordes encarnados:

 31. LEVÁNTATE Y ANDA | A. Calvo & P. Monty

Levántate y anda

Paradójica luz que en tus ojos se enciende,

no mira cadenas, sino el mar que se extiende.

Es mirada forjada en la prueba del día,

corazón que se entrega, voluntad que confía.

Donde otros ven muro, tú ves horizonte,

allí donde duele, construyes un monte.

Sientes como propio el dolor del hermano,

y en vez de lamento, le tiendes la mano.

 

El dolor de mi pueblo (imán Adel Nadjar)

Me contó mi madre que sintió los síntomas del parto mientras estaba trabajando en la cosecha con las mujeres del campamento de Rafah. Le aconsejaron que regresara a casa. Entonces llegó la partera anunciando mi llegada al nuevo mundo. Era un 10 de marzo.

Mi familia ha sido expulsada de sus tierras en la Nakba (catástrofe de 1948), que marcaba el inicio de un viaje sin retorno para cerca de un millón de palestinos. Nos instalamos en el campamento de Rafah, en la frontera entre Gaza y Egipto. Tenía dos años cuando Israel ocupaba Gaza y Cisjordania. «Te llevaba en mis brazos cuando huíamos del bombardeo», me dijo mi madre.

Nunca olvidaré sus gritos el día que demolieron nuestra casa en Rafah. Levantó sus manos al cielo, denunciando la injusticia y la opresión de los ocupantes forasteros. Ella lo era todo para nosotros, como todas las madres palestinas, que no conocen otra cosa que el sacrificio para sacar adelante a sus hijos.

Hoy Gaza sufre un genocidio a la vista de un mundo silencioso. Tantas masacres de niños y mujeres a manos de unos soldados carentes de humanidad. No dejaron nada en pie: viviendas, hospitales, universidades, escuelas, árboles, fábricas… No somos capaces de distinguir la casa del vecino de la nuestra. Todo está destruido. Lo peor de todo es que destruyeron tus recuerdos. La casa donde naciste, la escuela donde estudiaste o la mezquita donde aprendiste tus primeros rezos.

Echo de menos a muchos familiares, primos, vecinos y amigos, que ya no podré encontrar, pero mi ruego es que la historia no se olvide, que una vez estuve allí y que algún día volveré cargado de esperanza para vivir otra realidad en paz y convivencia.

Palestina volverá a ser un corredor por donde pasan las culturas, se construirán puentes que unirán las confesiones, se acabará el dolor, la paz resistirá y se marcharán «los pasajeros entre las palabras fugaces».

Acordes encarnados:

32. DOLOR DE MI TIERRA | A. Calvo & P. Monty

Dolor de mi tierra

Hoy mi tierra sangra,

y el mundo calla,

Gaza llora, Gaza clama,

pero el viento no responde.

 Mujeres y niños,

en la sombra caen, las manos de hierro

no conocen alma. 

Los que quedaron allá (Erasmo, Nicaragua)

«La cruz de los que esperan mi regreso, los que quedaron allá». Escuchar el evangelio de la pasión este año me duele más que nunca. Veo a Jesús caminando hacia el Calvario, cargando la cruz con todo su peso, y pienso en mi propia cruz: dejar a mi madre y a mis tres hijos allá. Salí perseguido por mi fe, como él fue perseguido por anunciar la verdad. Salí porque ya no podía protegerlos, con el corazón desgarrado, sabiendo que tal vez mi madre no me vuelva a ver, sabiendo que mis hijos afrontarán el mismo dolor y miedo que yo viví.

Ellos son gente de fe. Aunque pequeños, confían en Dios. Me mandan mensajes en que me dicen: «Papá, rezamos por ti. Pronto estaremos juntos». Esa esperanza sostiene mis pasos, pero su ausencia es un clavo más en mi cruz. Pienso en Jesús viendo a su madre al pie de la cruz, incapaz de ayudarle, solo acompañándolo con su mirada. Así también mi madre me vio irme, con lágrimas y oración, sin poder detener mi partida.

Mis hijos son como los discípulos fieles que no abandonan a su Maestro, aunque haya persecución. Ellos esperan, oran y sueñan con el día de la resurrección, cuando podamos abrazarnos de nuevo. Y yo, como Cristo en Getsemaní, clamo al Padre en mis noches de soledad:

«Si es posible, aparta de mí este cáliz, pero que se haga tu voluntad».

Hoy uno mi dolor al de Cristo. Su pasión me enseña que la cruz no tiene la última palabra. La tiene la vida nueva que nace del sacrificio. Y confío en que llegará el día en que, como el Resucitado, pueda abrazar a mi madre y a mis hijos, y todo este dolor se transforme en alegría que nadie nos podrá quitar.

Acordes encarnados:

33. LOS INOLVIDABLES | A. Calvo & P. Monty

Los inolvidables

Veo a Jesús subiendo al Calvario,

la cruz clavando su sombra en la tierra.

Y en ese paso siento mi camino,

la cruz que llevo, dejarlos allá.

Mi madre queda, mis hijos esperan,

la fe sosteniendo lo que no se ve.

Salí huyendo de manos que hieren,

como Él huyó de quien odia la Verdad.

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