Orar en el tiempo de la Creación. Desde Tornavacas
Pararse. Contemplar. Agradecer. Cuidar. Reconocer que todo es don.
La semana pasada tuve el gozo de asistir a los ejercicios espirituales que organiza la asocaciónde sacerdotes del Prado en Ávila. Nos acompañó nuestro querido Lucio Arnáiz, con unos guiones de de estudios de Evangelio bien profundos y completos en torno al Sacerdote de hoy en el seguimiento de Cristo. A la vuelta busqué pasar por el puerto de Tornavacas que me evoca recuerdos y sensaciones de vida y profundidad en mi vida ministerial. Allí oré, teniendo presente el tiempo de la creación en el que estamos. PepeLu, sacerdote del prado, muy atento a los medios, lo recogió y compuso esta oración que nos puede ayudar a todos para pararnos, acoger, contemplar, caminar... con el espíritu del Creador que es Padre y nos ama en Cristo.
Acción de Gracias tras los Ejercicios en Avila de Pepe
Tras la tanda de Ejercicios del prado donde Lucio A. nos ha invitado a rezar para hacernos Sacerdotes en tiempos de cambio y transformación. Pepe Moreno regresa a su Extremadura pasando por el puerto de Tornavacas (que se encuentra entre las provincias de Cáceres -Extremadura- y Ávila -Castilla y León-), y hace una parada para contemplar y acoger la vida-naturaleza.
Y la noticia ¿cual es? ¡La Acción de Gracias!
Si quereis acceder a las charlas de Ejercicios de Lucio A., pinchar aquí.
Recojo su testimonio y plegaria:
HECHO DE VIDA: PARARSE PARA CONTEMPLAR
Después de la tanda de Ejercicios del Prado, en la que Lucio nos había invitado a rezar para hacernos sacerdotes en tiempos de cambio y transformación, Pepe regresaba a su tierra extremeña.
Al atravesar el puerto de Tornavacas, entre Ávila y Cáceres, decidió hacer algo tan sencillo como poco frecuente: pararse.
Pararse para mirar.
Pararse para respirar.
Pararse para contemplar la naturaleza.
Mientras contemplaba aquel paisaje, le vino a los labios una canción:
«Pensaba que el hombre era grande y me equivoqué,
pues grande es Dios».
Y aquella parada se convirtió en oración.
Pepe sintió que aquel paisaje inmenso le recordaba una verdad muy sencilla: no somos dueños de la vida; somos criaturas. Criaturas que existen porque alguien las ha amado primero.
La vida, la naturaleza, nosotros mismos… todo es don. Todo es gracia. Todo es regalo.
El tiempo de la Creación se convierte así en una invitación a recuperar la lógica del don: vivir agradecidos por lo que somos y por lo que hemos recibido.
Ante aquella inmensidad, uno descubre que no está solo ni separado de nada. Todo está interconectado. Somos parte de una misma creación, de un mismo hogar. Y cuidar la naturaleza no es solamente proteger algo que está fuera de nosotros: es cuidar nuestra propia casa y reconocer en ella a nuestros hermanos y hermanas.
Después de los Ejercicios, aquella parada en Tornavacas se convirtió para Pepe en una prolongación de la oración: una llamada a vivir de otra manera, con más sencillez, más agradecimiento y más fraternidad.
Y quizá esa sea también una de las conversiones que necesitamos en este tiempo: dejar de vivir como propietarios de la vida para aprender a recibirla como regalo.
Pararse.
Contemplar.
Agradecer.
Cuidar.
Reconocer que todo es don.
Desde Tornavacas, orar y contemplar
ORACIÓN: «GRACIAS, SEÑOR, POR LA VIDA»
Señor, hoy queremos hacer como Pepe:
pararnos.
Pararnos en medio de nuestras prisas,
de nuestras preocupaciones,
de nuestros proyectos y nuestras tareas,
para contemplar el regalo de la vida.
Gracias porque somos criaturas,
porque no nos hemos dado la vida a nosotros mismos,
porque antes de que pudiéramos hacer nada
ya éramos fruto de tu amor.
Gracias por la tierra que pisamos,
por los montes y los valles,
por los árboles y los ríos,
por la luz de cada mañana,
por todo lo creado.
Enséñanos a vivir en la lógica del don:
a recibir con gratitud,
a compartir con generosidad,
a cuidar con responsabilidad.
Que nunca olvidemos que todo está interconectado:
que cuando cuidamos la creación
estamos cuidando nuestra propia casa;
que cuando cuidamos la casa común
estamos cuidando también a nuestros hermanos.
Líbranos, Señor,
de sentirnos dueños absolutos de la vida.
Haznos criaturas agradecidas,
personas sencillas,
capaces de contemplar,
de maravillarnos
y de decir cada día:
Gracias, Señor, por la vida.
Gracias por este mundo que nos regalas.
Gracias por las personas que caminan con nosotros.
Gracias porque todo es don.
Y que, después de contemplar tu creación,
sepamos volver a nuestro camino
con un corazón nuevo:
más agradecido,
más fraterno,
más cuidadoso
y más dispuesto a servir.
Porque, al final,
pensábamos que el hombre era grande
y nos equivocamos:
grande eres Tú, Señor.
Amén.