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La transfiguración de un migrante venezolano: Luis Alberto

"Que bien se está aquí..."

¿Tenemos motivos para creer en la transfiguración? Vayamos a las experiencias de vida y de luz que el Señor no pone en nuestro propio caminar, cuando menos lo esperamos y cuando más difícil parecen las cosas. En estos momentos en Extremadura en banda de a tres, porque a dos es imposible, VOX y PP buscan acuerdo programático con diez puntos para formar gobierno. Uno de esos puntos se refiere a la migración. No estaría mal que en ese punto dejáramos hablar y escucháramos la vida de lo diario. En estos momentos de radicalismos también sobre los migrantes, el Papa nos invita a escuchar al Espíritu, al que se cuela por las rendijas de lo diario, de lo más humano, oculto y sencillo. La transfiguración ocurrió ayer en la estación de Renfe en Badajoz, yo soy testigo de ello y por eso creo. Sabiendo que las cosas son complejas, pero que la verdad es la verdad cuando se vive y es irrefutable.

Un hermano

DOMINGO II DE CUARESMA

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:

–Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía:

–Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.

Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:

–Levantaos, no temáis.

Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:

–No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos. (Mateo 17,1-9)

La transfiguración de un migrante: Luis Alberto

Jose Moreno

Las personas que ayer estuvieran en Badajoz, en la estación de Renfe en la noche aguardando algún familiar, así como los que llegaron, se extrañarían al ver que había un grupo de personas muy distintas esperando a alguien... ¿quién vendria? En el grupo estábamos una religiosa de la comunidad de la residencia de mayores de Bótoa, Rocío, Pedro, venezolano que trabaja en el arzobispado en los medios de comunicación, Carlos, también venezolano, que administra la residencia de mayores nombrada, Santi, paraguayo, joven que lleva años trabajando por aquí, y otros que me conocían y se iban sumando al cortejo al vernos allí. Llegaba Luis Alberto, un venezolano, a quien ninguno conocíamos pero que abrazamos en cuanto llegó y pudo sentir que no estaba solo, que tenía a su alrededor personas que estaban interesados en acompañarle y hacerle familiar esta llegada, tras haber pasado más de diez horas en un avión, llegar a un aeropuerto enorme y desconocido, dirigirse con ayuda de compañeros de viaje a Atocha, y emprender camino en tren hasta Badajoz, cinco horas, con un billete que Carlos le había preparado vía online.

En unos minutos le abrimos nuestros brazos y le aseguramos que no estaba solo, que somos familia, y él se sintió bien agradecido. Ya nos enteramos enseguida de que llevaba mucho tiempo intentando salir de Venezuela para buscar un futuro mejor para los suyos y para él mismo. Lo había intentado por México, pero el muro se lo hizo imposible y tuvo que volverse atrás sin llegar a Estados Unidos, su primera intención y ahora llegaba aquí con más suerte parece ser. Alguien comunicó con esta religiosa y esta casa pobre y sencilla se abrió para él, para ayudarle en sus primeros pasos para que no sienta la soledad y la desnudez de una migración dolorida y cruel. Algunos de los que estaban allí lo hacían porque eso mismo habían vivido ellos y ya no son indiferentes ante estos hechos, al contrario, quiere ser parte activa de la acogida y de la misión. Pedro me decía con firmeza que tenía que escribir lo que esta acogida suponía para él recordando cuando llegó a Madrid y se sintió acogido y con un hogar abierto en la misma residencia. Lo mismo comentaba Hugo y su familia que cuando llegarón a Badajoz donde no conocían a nadie les estaban esperando dos coches y amigos desconocidos para llevarlos a su nueva casa también desconocida. Yo lo animé a hacerlo a escribir sus relatos y darlos a conocer -es uno del objetivos de esta delegación de migraciones-, necesitamos concocer el rostro más humano y fraternal de estos procesos. Pensaba yo en la conversación en el texto evangélico de este Domingo, sobre la transfiguración, entiendo que el sentimiento de Luis Alberto, tras la montaña de un viaje largo dejando atrás lo más querido, al vernos sería el mismo que el de Pedro: “Señor que bien se está aquí…” imagino su oración sencilla esa noche. Se sonreía al ver que yo, con estilo de Miguel Ríos, le cantaba “Bienvenido, gracias por estar aquí…te saludan los aliados de los migrantes…”. Allí estábamos hermanos, aliados del evangelio, que vamos a compartir nuestra pobreza con él. Nuestros sentimientos eran los mismos, dábamos gracias a Dios por haber podido estar allí y ver y oír lo que acontecía. Cómo no creer en la transfiguración.

En la mañana, la hermana Rocío con alegría me envía una foto familiar en la que Luis Alberto, está junto a un abuelo de la residencia que van a intervenir en el hospital. El se va a hacer cargo de acompañarlo porque los familiares no pueden estar. Lo hace con espíritu y con ganas de servir. A él lo han acogido y está deseando mostrar que el tiene corazón y quiere colaborar el bien común y al cuidado de los vulnerables. La familia se lo podrá agradecer como ella quiera, pero lo más importante ahora mismo es su integración real, viva, familiar, afectiva, cuidada, comunitaria. Decidme si es o no es transfiguración.

Esta mañana hablaba con un compañero de Madrid y al relatarle lo vivido, como aquí lo hago, me decía que sentía a esta iglesia viva, sencilla, callada, que, en tantas estaciones, calles, albergues… están esperando, acogiendo, familiarizándose y haciendo comunidades ocultas del bien y del amor compartido. Concluía esa es la presencia institucional que más necesitamos en este momento, bajar de la cima y seguir acompañando y creando lazos de comunión alianza humana.

La residencia de mayores de la que os hablo ya ha acompañado a una media docena de migrantes en todo su proceso hasta acabar integrados y trabajando con autonomía, además han sido muchos los que han pasado los primeros días hasta poder volar… es curioso, para ellas el carisma es el del evangelio y es compatible cuidar a mayores y acoger a migrantes, porque el reino no tiene fronteras y llama continuamente a nuestras puertas para que las abramos al espíritu de Dios que se nos da en los sencillos  y vulnerables que cuando se unen se fortalecen, como está ocurriendo hoy en esa sala del hospital donde Luis Alberto está acompañando y asistiendo a un anciano que ahora mismo esta “desnudo” ante una operación quirúrgica, pero que de ningún modo va a estar solo, porque  Dios se ha valido de un migrante recién llegado, para darle la mano y sentir el calor de lo humano y de lo fraterno. Continúa el misterio de la transfiguración, y ahora es Luis Alberto el que tiene la vestidura blanca, aunque su tez es morena.

HOY | Luis Landero

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