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Giro en la formación sacerdotal: Adiós al seminario como búnker

"Hay señales importantes de reforma en la formación del clero y la Iglesia alemana lleva la delantera: Acaba de emanar la Ratio Nationalis Institutionis Sacerdotalis sobre lo que espera de la formación de los ministros ordenados en el futuro"

Seminaristas

Hay señales importantes de reforma en la formación del clero. Hablan de un auténtico giro. La Iglesia alemana lleva la delantera. Acaba de emanar la Ratio Nationalis Institutionis Sacerdotalis —doscientas páginas— sobre lo que espera de la formación de los ministros ordenados en el futuro. El documento ha sido confirmado por Roma el 11 de marzo de 2026. Este es un segundo martillazo sobre el mismo clavo: recientemente, el grupo 4 del Sínodo sobre la sinodalidad promovió orientaciones que van en la misma dirección.

Hablo de giro porque el documento procura superar un modelo de formación centrado en el seminario entendido como espacio cerrado, conocido como “tridentino”, prevalente hasta hoy, aunque con matices. Para la Ratio, la formación es concebida como un proceso relacional, comunitario y abierto, que acontece en múltiples vínculos y contextos. En lo fundamental, los futuros presbíteros han de ser formados al interior del Pueblo de Dios. Serán principalmente las relaciones humanas las que han de contribuir a modelar el tipo de ministros que las comunidades necesitan. La mediación del Evangelio ha de nutrir estas interacciones.

Sacerdocio en Alemania

Comienza a darse en este campo lo que ya se ha dado en otros. La Ratio alemana insiste en una comprensión histórica y contextual del ser humano y de la Iglesia, subrayando la necesidad de atender a los signos de los tiempos y de formar para su discernimiento en cada época. Se trata de formar al presbítero como interlocutor del mundo contemporáneo y no solo como transmisor de contenidos.

Entre los acentos de la Ratio alemana han de considerarse tres. Todos convergen en un mismo reconocimiento: la crisis del modelo clerical no admite soluciones superficiales. La Ratio acusa el golpe del escándalo generado por los abusos del clero. El documento parte del reconocimiento de graves fallas personales y también de factores sistémicos, y de ello extrae consecuencias formativas: se propone formar personas humanamente maduras, capaces de autocrítica, con sensibilidad hacia las víctimas y con competencias para la prevención.

Se requieren, además, ministros capaces de dialogar en una cultura profundamente secularizada como la alemana, donde por primera vez menos de la mitad de la población pertenece a una confesión cristiana. Los estudios teológicos han de responder a esta necesidad: las disciplinas deben articularse también en clave pastoral y misionera, orientadas a la formación de sujetos capaces de interlocución.

Puesto que en Alemania existen agentes pastorales laicos con funciones estables y reconocidas, la Ratio subraya la necesidad de cooperación entre ministerios y de formación conjunta, estableciendo referencias comunes para los distintos servicios pastorales.

¿Qué quedaría atrás? El seminario como búnker que protege de un mundo percibido como amenazante; el ministro presentado como sagrado y mejor que los demás por formación, vestuario y distancia. La Ratio apunta al modelo que corresponda mejor a Lumen gentium, a saber, la constitución conciliar que entiende que la Iglesia es Pueblo de Dios, un pueblo sacerdotal que deriva esta índole de Cristo sumo y eterno sacerdote y que requiere de ministros ordenados que actualicen esta condición. En otras palabras, el primer responsable de la formación de estos es el Pueblo de Dios, y este es también el ámbito fundamental de su implementación.

Seminaristas, religiosas y peregrinos en Carrión de los Condes

El documento tiene clara conciencia de un desafío enorme. Los futuros presbíteros han de desarrollar la reciedumbre necesaria. Tendrán que formarse dando razón de sí mismos en un contexto culturalmente desfavorable. ¿Será esto posible? A formadores, rectores, obispos y comunidades y laicos corresponde ayudar a forjar las personas adecuadas. De ello dependerá, una vez más, la recepción del Concilio Vaticano II.

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