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Pedro Miguel Lamet: "Por la ambición de dinero y sus complejos, abundan los Zaqueos solitarios y frustrados en el mundo de hoy"

EL SICÓMORO La buena noticia según Zaqueonueva novela de Pedro Miguel Lamet 

El sicómoro

“El hombre que lo compró todo hasta que descubrió lo que no tenía precio”, es el eslogan que acompaña al lanzamiento de El Sicómoro, la nueva novela de Pedro Miguel Lamet. El prolífico autor jesuita nos sitúa esta vez en el siglo I para centrarse en un personaje evangélico, Zaqueo, el archipublicano de Jericó que mereció la mirada y  predilección de Jesús tras subirse al sicómoro en medio de la multitud.  

-Después de más de cincuenta libros publicados de diversos géneros, ¿por qué ahora una novela sobre Zaqueo?  

-Entre los personajes secundarios del Evangelio, como Nicodemo, José de Arimatea, Jairo, Lázaro, la samaritana, la hemorroisa, el centurión, la viuda pobre, la cananea o el joven rico y otros, Zaqueo siempre me ha fascinado. La perícopa de Lucas (19 1-10) parece una encantadora secuencia de película alternativa, no carente de humor, drama y sugerencia poética y constituye en sí misma un minievangelio.  

NOvela de Lamet

-Zaqueo es a la vez un rico recaudador impuestos y un marginado. ¿Un pobre o rico?  

-La osadía de que un rico archipublicano, tan notorio y conocido en Jericó, como popularmente despreciado por su oficio de recaudador y baja estatura, se encaramara a un sicómoro para ver pasar a Jesús en medio de la multitud, constituye una escena encantadora. Sobre todo, por el hecho de que el Maestro se detenga, conozca su nombre, lo busque en lo alto del árbol con su mirada, le llame personalmente y quiera hospedarse en su casa en medio de las murmuraciones del populacho. Por otra parte, su conversión y el elogio de Jesús le sitúan entre los primeros seguidores, que, a diferencia de otros llamados a ir tras él, no cambiará externamente, continuará al parecer en su trabajo y al margen, pues no se vuelve a hablar de él ni en el evangelio ni en los Hechos de los Apóstoles. Para mayor singularidad, se da en Zaqueo una paradoja, la de en el fondo ser “pobre” siendo rico. 

-Usted ha escrito, además de poemarios, ensayos y biografías, y sobre todo novelas históricas, ¿calificaría El Sicómoro como una obra narrativa histórica?  

-No. Lo situaría entre mis “novelas bíblicas”, que, como las que he dedicado a María, madre de Jesús, Juan evangelista o María Magdalena (Las palabras calladas, Las palabras vivas y No sé cómo amarle) y consideraría recreaciones literarias. En ellas, al modo de un pintor medieval o renacentista, intento poner en escena, mediante la imaginación inspirada en los textos bíblicos, la vida, las circunstancias y el perfil humano de los personajes o los hechos que retrato. Se trata, por tanto, de una recreación literaria de escenas evangélicas, sin pretensión alguna de plasmar con ellas la verdad histórica, sino de sugerir a la imaginación del lector, basándome en los textos bíblicos, un posible modo de saborearlos e interpretarlos. 

-Pero, ¿por qué Zaqueo? 

-La elección de revivir a Zaqueo creo que tiene una enorme actualidad. Los componentes que nos ofrece el pasaje evangélico condicionan sobremanera hoy día la vida de la gente. Resulta tan escandaloso como verdadero: el 1% de las personas más ricas del planeta acumulan el 80% de la riqueza. Al mismo tiempo, cunde el desprecio al diferente, al pobre, al enfermo, al desvalido, al deficiente, al deforme, al “feo”, según los códigos establecidos hoy de belleza, y por supuesto al extranjero e inmigrante. De hecho, se ha impuesto en nuestra sociedad el pensamiento único, el capitalismo salvaje, sin importar quién sufra las consecuencias. Al mismo tiempo, muchos gobiernos detentan un poder cada vez más absoluto o dictatorial, que, contra la auténtica democracia, privilegia a los que más tienen y posterga a los débiles.  

Zaqueo

-¿Cree que Zaqueo nadaba en la abundancia? 

-Hace falta situarlo en el ambiente cultural, socioeconómico y religioso del imperio romano. Por ejemplo, el valor que daban sus contemporáneos a los términos ἀρχιτελωνης (archipublicano) y πλούσιος (rico). Πλούσιος no significaba solo tener dinero, sino pertenecer a las élites urbanas del territorio imperial. Implicaba cierta honorabilidad, como en ocasiones desempeñar un cargo en el Estado, lo que implicaba considerables posesiones, bienes, ingresos, villas, tierras, minas, esclavos, etc.  

-En el Imperio Romano, ¿las desigualdades eran mayúsculas? 

-Claro. Aunque se daban excepciones, como algunos libertos que se hacían con grandes fortunas, los ricos eran hombres libres, patricios o ciudadanos romanos con extensas fincas, que vivían de las rentas, sin actividad profesional o con destacados cargos en la administración, por lo general en núcleos urbanos y alrededores, servidos por siervos y esclavos. El rico se consideraba superior y se diferenciaba de la plebs, que eran los estratos bajos. Estos eran objeto de crítica, considerados ladrones, explotadores y sinvergüenzas.  

-¿En qué se nuestro mundo al del del Imperio Romano? 

- Hoy muchos gobiernos detentan un poder cada vez más absoluto o dictatorial, que, contra la auténtica democracia, privilegia a los que más tienen y posterga a los débiles. Los valores de inspiración cristiana que inculcaron los padres de Europa al fundarla parecen estar en declive, en aras de un continente cada vez más encerrado en sí mismo para protegerse de la “invasión de los pobres”, de otras culturas, de los inmigrantes y refugiados, con creciente quiebra de los ideales democráticos. Por ello, existen paralelismos incontestables con las desigualdades y contravalores que propició el Imperio Romano. Por la ambición de dinero y sus complejos, abundan los Zaqueos solitarios y frustrados en el mundo de hoy.  

-¿Por qué Zaqueo, siendo rico, era al mismo tiempo despreciado? 

-En Zaqueo confluyen ambos aspectos, el de rico y el de jefe de publicanos. Como “rico”, pertenecería a la gente honorable de la ciudad, aunque, como archipublicano, sin duda sería un marginado social, por la mala fama de extorsionador y deshonesto de los recaudadores. 

Nuestro personaje tendría a sus órdenes varios publicanos o telones subcontratados, que eran los encargados directos de cobrar el ominoso tributo, que granjeaba la odiosidad de la población mayoritariamente empobrecida y que sufría también otro impuesto religioso al Templo. Para Cicerón es una de profesiones viles y reprobadas, semejante a las de prestamistas, mercaderes, artesanos, pescadores y carniceros. Igualmente, para el judaísmo rabínico, su oficio se contaba entre los impuros. Sin embargo, el evangelista Lucas presenta al publicano positivamente desde la mirada de Juan el Bautista y, sobre todo, de Jesús, hasta mostrarlo incluso como un modelo de piedad (18, 9-14). Y para Mateo (21,31), junto con las prostitutas, Jesús incluso los hace preceder en el Reino. Quizás porque ellos, de un modo u otro, en sus vidas han tocado fondo. 

Jesús y Zaqueo

-Otro aspecto reseñable es su baja estatura.  

-En la literatura antigua, acostumbrados a evaluar el carácter de una persona a partir de su apariencia exterior. Interpretarían sin duda la estatura de Zaqueo negativamente. Por ejemplo, para el Pseudo Aristóteles, las personas infames se caracterizan por tener miembros cortos, ser menudos corporalmente y exhibir un rostro y ojos pequeños. La persistencia de Zaqueo, que se comportó como un niño pequeño que sube a un árbol, le permitió escuchar la voz de Jesús, quien lo valora a pesar de lo que la sociedad piense de él, llamándolo “hijo de Abraham “. Pues, mientras la multitud observa a un enano ladrón y desproporcionado, Jesús no mira lo que mira el hombre, sino que mira el corazón 

-¿Qué aporta a esta historia la imaginación del novelista? 

-Lo presento como un niño sensible y una víctima que se asoma al mundo desde fuera, como desde un balcón. Que busca en su amigo Anub, segregado en Israel, como él, por su cojera, compañía y comprensión que le niegan los demás. Con la llegada de la pubertad se despierta en él la fascinación por la belleza. Inga no es solo el amor imposible, sino al poder conseguirla, la adquisición de la hermosura y la consideración de los demás que a él le falta. El dinero, la riqueza, se convierten, pues, para él en un medio, en la única manera de alcanzar la utopía. Y sus dos hijas encarnan la duplicidad de su alma: Esther, la belleza y el pode; Sara, la sencillez y espiritualidad de los pequeños. A su evolución colaboran la inspiración de los textos bíblicos, el desierto exterior e interior y los ecos que le van llegando a través de su amiga Raquel y otros de la Buena Nueva, para el encuentro definitivo con Jesús en el sicómoro. 

-¿Por qué Jesús le privilegia entre la multitud? 

-Sencillamente vio a un hombre pequeño encaramándose a la copa de un árbol. Seguramente, desde su intuición de Hijo del Hombre, supo que aquel publicano era un “pobre de Yahvé”, que toda su vida había buscado, a veces equivocadamente, la felicidad; pero que nunca en el fondo había dejado de ser un inquieto buscador y también, a su manera, un anawim. Por tanto, Jesús se detiene en su camino, alza la cabeza y le mira. Con solo ese mirar profundo, Jesús produce un incendio de amor en el alma de Zaqueo que trastoca y reorganiza su interior. ¡Elige su casa “de ricachón” y “mal visto" para pasar la noche! ¡Qué desdoro! ¡Qué falta de pobreza! Jesús rompe los códigos establecidos, actúa contracorriente. Una vez más, con su gesto contracultural no le importa despertar murmuraciones y críticas alrededor. Para el dominico Edgar Amado D. Toledo Ledezma, en su estudio Del relato al prototipo, Zaqueo es “el rico que logró pasar por el ojo de la aguja”. 

-En pocas palabras, ¿qué ha pretendido con esta novela? 

-Ofrecer una posible contextualización, que quizás pueda acercar a Zaqueo y hacerlo más creíble a un lector actual, al iluminar de alguna manera la trayectoria de este entrañable personaje. En nuestro mundo, como el de aquel tiempo, con tantas semejanzas en su crueldad, autoritarismo, corrupción, abismos sociales, superficialidad, desigualdades, esclavitudes, adoración al dinero, poder, belleza y placer; con palmarias injusticias, abusos de los que mandan, soledad y marginación de los débiles, Zaqueo es un acicate para, abandonando el ego y sus prejuicios, salir corriendo, encaramarnos sin temor de un alegre salto, por encima de nuestros apegos y convenciones, en el sicómoro de la confianza. Y asó permitir que Jesús nos mire, pronuncie nuestro nombre, y nos pida hospedarse en nuestra casa. Somos muchos los que como Zaqueo nos sentimos pequeños y perdidos en un mundo dominado por la corrupción, el dinero y la apariencia.

NOvela de Lamet

EL SICÓMORO La buena noticia según Zaqueonueva novela de Pedro Miguel Lamet 

“Hoy, como Zaqueo, nos sentimos pequeños y perdidos en un mundo dominado por la corrupción, el dinero y la apariencia” 

¿Qué ves cuando el mundo deja de mirarte por lo que tienes y empieza a verte por lo  que eres? Zaqueo es el hombre que todos odian en Jericó. Bajo su fortuna se esconde el vacío de un marginado que intentó comprar la felicidad. Pedro Miguel Lamet nos invita a un viaje desde la ambición de las arcas hasta la paz de un jardín bajo las ramas de un sicómoro. En esta novela, Pedro Miguel Lamet humaniza al archipublicano para revelarnos un secreto eterno: la salvación no llega por el oro, sino por una mirada de amor incondicional. Un relato conmovedor sobre la redención, los afectos familiares y la valentía de ser pequeño en un mundo que adora la apariencia. Atrévete a subir al árbol y déjate mirar. 

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