Rafael Narbona se incorpora como columnista a RD
'El principio de esperanza', título de su blog
"Bienvenido a bordo, Rafael. Tu calidad humana, tu capacidad profética y tu fe en el Jesús de las Bienaventuranzas nos ayudará a caminar hacia la esperanza de una nueva primavera"
Rafael Narbona llega a Religion Digital como un heterodoxo luminoso: un filósofo de izquierdas, escritor incansable y militante de la esperanza que ha hecho de la palabra un arma contra la tristeza y contra el odio organizado. Su blog, “El principio de esperanza’, en homenaje a Ernst Bloch, nace en continuidad con una vida de pensamiento y combate: la de un intelectual que no se deja domesticar, que sabe lo que es mirar a la depresión a los ojos y decirle, como ha escrito, que “la inteligencia siempre tiende a la alegría” y que “el amor cura”.
Un filósofo de izquierdas y de carne y hueso
Rafael Narbona nació en Madrid en 1963 y se licenció en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad Complutense, antes de ejercer casi dos décadas como profesor de filosofía. Hijo del también escritor Rafael Narbona Fernández de Cueto, su biografía intelectual se inscribe en una tradición crítica y humanista, comprometida con las víctimas de la historia, con la justicia social y con un laicismo que dialoga sin complejos con la experiencia religiosa.
Su pensamiento de izquierdas bebe de la mejor tradición ilustrada y emancipadora: reivindica la dignidad de los últimos, denuncia las desigualdades estructurales y mira con simpatía a quienes, como Gramsci, entendieron que la cultura es también un campo de batalla por la hegemonía.
Para Narbona, la filosofía no es un juego académico, sino una práctica de liberación: “la filosofía es necesaria porque el ser humano necesita encontrar un sentido a las cosas”, ha subrayado, recuperando la intuición de Viktor Frankl de que quien encuentra un porqué puede soportar casi cualquier cómo.
Obras, heridas y esperanza
Su primer libro, Miedo de ser dos (2014), fue un ensayo autobiográfico donde ya se transparenta la herida de la depresión y la búsqueda de una salida por la vía del pensamiento y la ternura. Después han llegado, entre otros títulos, El sueño de Ares (2015), Retrato del reportero adolescente (2021), Maestros de la felicidad (2024) y, más recientemente, Elogio del amor, que consolidan una obra donde la reflexión filosófica se entrelaza con la experiencia personal.
La última obra de Rafael Narbona es 'El talento del padre Bosco", un libro de cuentos publicado a finales de 2025 por PPC, que rinde homenaje a los "curas obreros" de los años setenta en España, como el Padre Llanos, y que aborda temas como la teología de la liberación o la España rural vaciada.
En Maestros de la felicidad, Narbona se atreve con una historia de la filosofía escrita desde el optimismo y la esperanza, explicando cómo logró superar la depresión “reeducando” sus emociones con la ayuda de Boecio, Marco Aurelio, Francisco de Asís, Spinoza, Bergson o Bertrand Russell. Allí deja formuladas algunas de sus convicciones más hondas: “la felicidad no es una quimera, sino el estado natural del ser humano”, “la tristeza es un desperdicio”, “la inteligencia siempre tiende a la alegría” y “el amor cura”, frases que no son eslóganes, sino el fruto de haber estado “desahuciado por la medicina” y haber decidido, contra todo pronóstico, seguir viviendo.
Un intelectual no domesticado, frente a las hordas ultras
Además de escritor y ensayista, Narbona es un crítico literario de primera fila: su firma es habitual en El Cultural, Revista de Libros, Quimera, Letras Libres o El Diario.es, entre otras publicaciones, y su labor periodística supera con creces los mil quinientos artículos. Ese ejercicio prolongado de crítica cultural le ha permitido analizar con precisión las tentaciones del “intelectual domesticado”, esa figura que renuncia a la heterodoxia para obtener tranquilidad, favores y una parcela de poder simbólico.
Rafael Narbona eligió el camino opuesto: el de la intemperie, el de la palabra libre que se sabe incómoda para los guardianes del orden. Cuando los ultras y cristofascistas de todo pelaje se organizan para acosarle, insultarle, injuriarle e incluso amenazarle en X, él responde con una mezcla de ironía, rigor y coraje moral, sin ceder terreno ni normalizar el discurso del odio. Resistiendo, sin dejarles la cancha libre y sin dar un paso atrás.
En ese espacio tan hostil como decisivo para la conversación pública, Narbona se ha convertido en un ejemplo de resistencia democrática: no insulta, argumenta; no deshumaniza, denuncia; no se repliega, insiste en que “el optimismo sostiene que la vida merece la pena” y que “el ser humano puede reinventarse cuando fracasa o experimenta una pérdida”.
'El principio de esperanza': un blog como trinchera ética
'El principio de esperanza', su nuevo blog en Religion Digital, es el nombre natural para una trayectoria que ha sido siempre una defensa del pensamiento libre frente al dogma, venga de donde venga, y a la esperanza más radical.
Porque la esperanza a la que tiende Narbona, siguiendo las huellas de su maestro Ernst Bloch no es capricho ni pose: es una fidelidad radical a las víctimas, a la duda, a la complejidad, a una fe —creyente o laica— en la posibilidad de un mundo más justo donde la espiritualidad no esté secuestrada por los rigorismos y las nostalgias autoritarias. Para él, la esperanza es una virtud filosófica y vital, que nos permite trascender el sufrimiento y construir una existencia con sentido y alegría, a pesar de los golpes de la vida.
En tiempos de una polarización tan brutal, Rafael Narbona encarna un modelo de intelectual público que une lucidez y valentía: no está dispuesto a dejar el campo libre a las hordas ultras ni a la melancolía del derrotismo. Su presencia en Religion Digital, con 'El principio de esperanza', será un ensayo permanente de esa ética de la resistencia: una invitación a pensar desde la izquierda, a creer en la alegría como forma de inteligencia y a recordar, con una frase muy suya, que “nuestra especie no es una anomalía dañina, sino un prodigio”. Bienvenido a bordo, Rafael. Tu calidad humana, tu capacidad profética y tu fe en el Jesús de las Bienaventuranzas nos ayudará a caminar hacia la esperanza de una nueva primavera.