Qué manera tan delicada, original y certera de expresar qué significa una madre. Qué lástima que solo el 18% de los alumnos de Loreto lleguen al nivel satisfactorio en comprensión lectora; qué fracaso que un montón de adolescentes acaben la secundaria y literalmente no sepan leer; qué desolación que el analfabetismo ronde el 15% en nuestra región. Cuántas personas se ven privadas de la preciosa oportunidad y la inmensa suerte de disfrutar de esa versión de la felicidad que es la lectura de obras maestras como esta.
El pueblo menudo cree que, como no hay misioneros canadienses o mejicanos, no hay misión! Comprender que la tarea la realiza el equipo parroquial compuesto por laicos locales requiere un proceso… para los responsables y para todos.
Queremos implantar pues un esquema más sinodal, donde los laicos llevan el peso y nadie trabaja solo; las decisiones se toman juntos y la misióndepende la gente de acá. Ellos están perfectamente capacitados.
Orellana es uno de los 16 puestos de misión del Vicariato. Acá no hay misioneros extranjeros, sino que la misión la llevan adelante los laicos locales; son la mayoría mujeres, pero se han incorporado algunos varones. Y para mí son verdaderos misioneros, porque hacen lo mismito que los curas y las religiosas en otros lugares.
Incluso visitan las comunidades de su jurisdicción, que son más de 40. Y realizan esta tarea genuinamente misionera con inteligencia y constancia, no episódicamente o improvisando. De hecho, lo pude comprobar en primera persona.
Es una comunidad cristiana viva, se mueven, tienen interés, se organizan. Primero son las piedras (en este caso las maderas) vivas y después es el edificio. Cuando es al contrario, las construcciones se quedan vacías y se acaban cayendo de no usarlas.
Pero si ahora la comunidad no da un paso adelante y se convierte en un pulmón de humanización de su pueblo, la capilla no les servirá de nada. Es un punto de arranque: los seguidores de Jesús se han de comprometer más para que la vida sea más digna, para que haya menos abusos y más justicia.
Nadie es presbítero individualmente y de forma aislada, y eso siempre es cierto, pero resulta todo un reto vivirlo cuando el compañero más próximo está a seis horas de navegación y una distancia equivalente a la que hay entre Mérida y Sevilla. Sin querer te metes en lo tuyo, te desconectas de los otros (literalmente y peor cuando no hay señal) y se va desdibujando tu carácter de “co-“.
Por eso, aunque se es siempre cuerpo ministerial, este cuerpo debe hacerse visible de vez en cuando. Se trata de saborear la fraternidad profunda en la identidad presbiteral, que es capaz de disolver todas las diferencias, y entre nosotros las hay y bien notorias, empezando porque somos de 7 países distintos.
En los pueblos indígenes hay una correspondencia entre vivir plenamente la propia identidad cultural y la espiritualidad, con el buen vivir. ¿Qué hacemos los misioneros? Escuchamos, estamos con ellos, sumamos, nos apuntamos a lo suyo, lo valoramos… Sin querer introducir con fórceps algo extraño, como ortopédico; tan solo dejando mirar lo nuestro como propuesta positiva, sin renunciar al anuncio pero sin "hacer la competencia” a sus prácticas ancestrales de vínculo con la trascendencia.
Venimos no para cambiarles o para enseñarles; venimos para ser sus aliados en la navegación hacia ser plenamente ellos mismos, con su cosmovisión y con su espiritualidad. Como la sal, que hace que cada alimento sepa como tiene que saber.
Las Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús viven con los niños, injertadas a su cotidianidad y a sus dramas, conectadas con sus emociones, juntos, como una familia. Todo el día los tienen encima, son como sus mamás, derrochan paciencia, ternura y suavidad.
“Por más que se pretendan negar, esconder, disimular o relativizar, los signos del cambio climático están ahí, cada vez más patentes”. ¡Y que lo digas, Francisco! Doy fe de la magnitud de la sequía, el nivel bajísimo del Amazonas, el calor insoportable y desconocido -incluso por las noches-, la ausencia casi total de lluvias durante semanas seguidas...
¿Pero qué verbo? Fluir, tal vez? No tanto recordar, creo. ¿Creer? Quizás sea más acertado luchar, acá en nuestra selva diríamos remar. Y qué tal caminar, bonito, evocador.
La vida es como una energía breve, “una vela nocturna” (Sal 89, 4), con esa debilidad, pero con un fulgor intenso, capaz de iluminar y dar calor. Quizá la palabra vaya por el campo semántico de compartir, participar, comunicarse, ayudar.
Me ha impactado a full el asunto de los seguros de mascotas, concretamente a las prestaciones de tipo médico: asistencia veterinaria, “estancia en residencia por hospitalización del asegurado”, consultorio telefónico… En la región Loreto apenas hay un médico por cada 10.000 habitantes, y la asistencia sanitaria, lejos de estar asegurada, es muy deficiente o directamente inexistente cuando nos adentramos en lo profundo de la selva.
El cuerpo de la hermana Josefina recorre por última vez las dependencias donde ha pasado años: las celdas, el comedor, la capilla interior… El pequeño cementerio es un lugar modesto y hermoso, las placas solo colgadas en las cabeceras de los pocos nichos sugieren provisionalidad, los restos de tantas carmelitas desde 1670 deben llegar finalmente a una cripta, abajo.
Y así, de pie, de manera tan discreta, este pequeño grupo de personas despide a Josefina. Con la salve se sella la sepultura, que jamás podrá contener la magnitud de una vida tan oculta y tan llena. Ahora su alma alimentará para siempre el dulzor de las parras y se mezclará con el aire fresco de las mañanas de otoño.
A pesar del fragor del trabajo, este lugar guarda y desprende un intenso silencio. En él, durante más de 400 años, muchas mujeres buscaron a Dios en soledad, oraron largas horas, laboraron en el obrador, cultivaron su huerto… Ese sosiego permanece impregnado en el rumor quedo y sereno del agua de la fuente de la plaza, y se percibe también en el piar asimétrico y plácido de los pájaros.
Es un proceso lento e intrincado, como la vida. En todo momento se va obteniendo sal, pero el producto acabado, limpio, completo y en cantidad se da en las etapas finales, cuando hemos incorporado, prudencia, equilibrio, aceptación y silencio en magnitudes adecuadas. Vamos hacia el agradecimiento y la simplicidad. Madurar, cristalizar. Llegar a la región donde emerge el gusto de la vida.
Un par de noticias que en su día me impactaron, se instalaron en mi cabeza y hasta hoy me hacen pensar, aprender y admirar a tantas personas cabales como hay por el mundo. Jacinda e Ignacio me inspiran, son una bocanada de aire fresco y sano, como la brisa del mar.
Había sido misionero en Ruanda, y pesar de que no fueron muchos años, la experiencia le marcó profundamente. Le gustaba hablar de la misión, sus aventuras en Ruanda, la pobreza, cómo es la vida allí. Ángel seguía cautivado por el carácter del pueblo ruandés: lo receptiva y amable que es la gente, las sonrisas abiertas, el agradecimiento y el candor para con el sacerdote…
Mis primeros pasos en la parroquia los di de la mano de Ángel. Desde el primer momento me adoptó y me dio consejos muy valiosos. Era muy querido, sus parroquianos reconocían su gran corazón.
No sé si habrá una congregación más diferente a mí en cuanto al modo de pensar la fe y de concebir la vida cristiana y la Iglesia en general, pero curiosamente se empeñan en llamarme a sabiendas de que van a escuchar cosas que les van a sonar raras, rompedoras y hasta extravagantes.
La clave es que coincidimos plenamente en lo fundamental. Cada mañana nos damos una hora de silencio ante el Pan, el rostro de todas las pobrezas. Y también que nos queremos mucho (al menos yo a ellas).
Los jóvenes son mi patria, con ellos me hallo en mi lugar, todo cobra sentido, se regocijan toditas mis células… ya voy siendo más viejito, pero no pierdo un miligramo de deseo por estar con los jóvenes, tengo una querencia, “una apetencia por su compañía”, en palabras de Miguel Hernández describiendo lo que siente alguien que está enamorado sin remedio.
Ellos son cada vez más pequeños, podrían ser mis hijos winchos, y tal vez por eso me descubro cada vez más como un padre, y me preocupa que tengan oportunidades en la vida, que puedan acceder a la universidad, ser profesionales, desarrollar todas sus capacidades. Creo que se llama “vocación” y es muy antigua en mí, resiste a todos los cambios, es irrevocable.
Río y a la vez me estremezco, no hay un rostro de Jesús pobre y débil más inequívoco que esta cría. Desvalida, pero cómo se divierte, dependiente, diminuta… ¿discapacitada? Nada de eso. Con un río de tiempo por delante, con posibilidades de amar, respirar y vivir plenamente. Siento que estoy en la presencia de lo Santo: la dignidad humana del más insignificante.
Yo también estoy acá para lo mismo, para que la Iglesia sea como tiene que ser: amazónica. Y concretamente sinodal, misionera, inclusiva, en salida, abierta, laical, samaritana, ministerial, inculturada, intercultural, profética, sencilla…
La inculturación es un camino de no retorno, una quema de las naves. Para que sea auténticamente evangélico ha de recorrerse con todas las consecuencias, rompiendo los puentes a la espalda y aceptando que no se puede controlar el punto de llegada.
Supone amar inmensa y entrañablemente a estas gentes, identificarnos con estas culturas, estos ríos, estas lenguas, estas cosmovisiones, sin otra pretensión que estar juntos, luchar por los derechos, buscar el buen vivir, mirar en la dirección del mismo Dios, lo llamen como lo llamen.
“Este local es de ustedes”, he dicho a la concurrencia tras el brindis, y es muy cierto. Los misioneros todos pasamos, quienes dan continuidad son los laicos, el pueblo menudo, los netos de Islandia. A ellos les toca cuidar y mantener este recinto, y animarlo, que sea un pulmón de vida para toda la zona. Acá tienen lugar muchas reuniones (catequesis, taller de mujeres, pastoral juvenil…) y es donde se alojan los agentes de pastoral cuando hay encuentros de formación. Esta edificación es símbolo de la permanencia y solidez de la presencia eclesial.