"No es un evento, es un proceso". II Asamblea Eclesial de la Amazonía peruana
Celebrada en Lima, los días 16 al 18 de enero de 2026
Es un éxito lograr encontrarnos de manera continuada varios años consecutivos, reconocernos como compañeros de viaje en la búsqueda del rostro amazónico de la Iglesia, poder escucharnos, compartir avatares, proyectos, decepciones, ensayos, avances, tropiezos, esfuerzos, expectativas. La Asamblea es la plasmación de la sinodalidad, la manera horizontal de ser iglesia en la que cabemos todos, todos, todos, los primeros los pueblos indígenas. Un espacio para discernir y converger, evaluar y proyectar, acoger todas las voces, diseñar rutas, consolidar opciones.
Eso fue lo que dijo el cardenal Pedro Barreto al comienzo de la II Asamblea Eclesial de la Amazonía peruana, que se celebró el pasado fin de semana en Lima. Ya conté acá hace un año cómo la tradicional reunión de misioneros, organizada por el CAAAP, ha elegido transfigurarse en auténtica asamblea, con la inspiración de CEAMA. ¿Cómo está resultando esta evolución?
Sentimos que, en general, satisfactoria, estimulante y prometedora. Ya es un éxito lograr encontrarnos de manera continuada varios años consecutivos, reconocernos como compañeros de viaje en la búsqueda del rostro amazónico de la Iglesia, poder escucharnos, compartir avatares, proyectos, decepciones, ensayos, avances, tropiezos, esfuerzos, expectativas. Muchos ya somos caseritos, nos conocemos, nos apreciamos y nos alegramos de vernos y estar juntos.
En esto de la Asamblea Eclesial, primero ha sido la vida, la práctica, y después va llegando la formulación, la estructuración. “Lo que hago es lo que me enseña lo que estoy buscando”, como cita Rosa Montero. El encuentro es la plasmación de la sinodalidad, la manera horizontal de ser iglesia en la que cabemos todos, todos, todos, los primeros los pueblos indígenas. Es un espacio para discernir y converger, evaluar y proyectar, acoger todas las voces, diseñar rutas, consolidar opciones.
Y así hemos hecho. En varios momentos hemos recogido pareceres acerca de qué debería ser prioritario para el conjunto de los vicariatos en estos momentos, contemplando las circunstancias en que vivimos y retomando los cuatros sueños de Querida Amazonía. El último día quedaron planteadas muchas cuestiones de diferentes calibres, todas interesantes, pero que ahora hay que procesar para enfocar las más urgentes o inmediatas. Vamos definiendo y sistematizando.
Para mí destacaron la necesidad de aunar voces y estrategias para enfrentar las economías criminales (salió mucho la minería como la nueva plaga tóxica que nos invade; de hecho, un informe reciente publicado por La República revela que las dragas para extraer oro ilegal en la Amazonía peruana aumentaron exponencialmente de 140 en 2021 a 1.613 en 2025) y a la vez proteger la vida de los defensores ambientales. Por otra parte, se evidenció el deseo de potenciar el acompañamiento de las mujeres en sus luchas, implementar más decididamente las alianzas y senderos comunes con los pueblos originarios y emprender una reflexión seria acerca de la transmisión de la fe en nuestros contextos.
Antes, durante el año 2025, han trabajado las comisiones intervicariales, que ya dije que son como los remos que impulsan toda esta tarea, y que en la Asamblea presentan sus progresos y sus deficiencias, sus frutos y sus atascos. Vemos que cuesta horrores que se reúnan con regularidad, porque todo es virtual y sometido a las vicisitudes de la selva, pero es un milagro que existan y funcionen a su manera. Necesitamos que quienes las integran vengan a la Asamblea, para evitar la impresión de estar empezando de cero cada vez, o de que la misión se nos escurra entre los dedos como el agua del caño. Vamos organizando.
Aun con todo, el regusto que nos hemos llevado ha sido como el de la taperiba: un poco ácido, de aroma fuerte, pero dulce y refrescante. Y si la aderezas con la sal de las risas, la confianza, las bromas y algún bailecito ingenioso, el diálogo franco y abierto cobra profundidades que forjan iglesia genuina: comprometida, escuchante, femenina y laical. Es un auténtico privilegio formar parte de ella.
En todo este proceso, los obispos de la Amazonía peruana son piezas clave, catalizadores y facilitadores. Se mezclan con todos sin distancia, exhibiendo sencillez, en polo y sandalias, desprovistos de solemnidad y aparato, atentos para escuchar y aportando con discreción. Este tipo de pastores son los que necesitamos, y este caminar de la Iglesia en la selva peruana es también reflejo de su talante.
En fin… No sabemos con precisión el rumbo exacto, pero mientras navegamos intuimos que vamos bien, que es por acá, que hay que persistir, continuar hacia aguas más profundas, hacia el shungo (corazón, centro) de la sinodalidad y de la misión. Nos lo dicen las sonrisas, los abrazos y la esperanza.