"Jesús es la encarnación de un movimiento de amor imparable e ilimitado" ¿Quién es él?

Jesucristo
Jesucristo

"La naturaleza se convierte en refugio del espíritu porque es lo que dura, lo que permanece, y una transición hacia la inmanencia y hacia la misma trascendencia"

"De ser administrada por las instituciones, por una iglesia, por una secta, por un movimiento, la espiritualidad está a ser administrada por el individuo, por cada persona"

"La modernidad ha rescatado a Jesús de la tormentosa borrasca conceptual, de  sistemas filosóficos y teológicos que había ocultado a la persona que hizo el bien, que amó hasta da la vida por los amigos, que lo mataron por luchar por la justicia"

"Para la gente de hoy creer en Jesús no es racionalizar ni saber la vida ni ser experto en exégesis sino morar, asumir en su existencia la existencia de Jesús"

Así como un fracaso amoroso o un desastre corporal puede ser la ocasión para replantearse la manera de vivir y ser el inicio de una nueva manera de ver el mundo y la vida, la vivencia de todo lo que hay de caduco, perecedero, transitorio, puede ser un camino para mirar de frente  la vida,  dar el paso a lo indecible, invisible, a lo que está al otro lado y ser  el tránsito hacia una reestructuración de la existencia personal. Para los jóvenes de hoy que han abrazado sin tapujos la condición terrestre del ser humano, la muerte es una ficción que sólo se vive en las pantallas y la eternidad la falta de conciencia de la finitud de la vida.  Lo eterno no es más que una experiencia de plenitud, una vivencia, algo que se vive, pero no se explica ni se conceptualiza. La naturaleza se convierte en refugio del espíritu porque es lo que dura, lo que permanece, y una transición hacia la inmanencia y hacia la misma trascendencia.

El mundo de hoy no es un hogar. ”El hombre en busca de sentido”, que se siente una nimiedad, una criatura impotente frente a la naturaleza tecnificada, a la inteligencia artificial y a la guerra aniquiladora, busca lo invisible y la comunicación con él en el interior de sí mismo, y deja de lado los templos erigidos por mano de hombre, y las institución que dicen estar ahí para administrar el sentido, la gracia, el contacto con el más allá, con el misterio. Para esta época, hija de una serie de convulsiones religiosas, políticas, filosóficas, científicas y tecnológicas que han socavado las seguridades que la ciencia había dado en un momento del siglo XX, constituyen el precedente de nuestras urgencias y nuestros desafíos convulsa. La conversación con lo invisible solo puede llevarse a cabo en el interior y en lo más íntimo de nosotros mismos, en un lugar no lugar independiente de todo lo visible, ostentoso y condicionado por algo exterior a mi mismo a pesar de que, en el interior de si mismo, cada vez se vuelve más presenta e visible. 

Jesucristo
Jesucristo

Las cosas vividas, palpables fuera de uno mismo pierden importancia espiritual para convertirse en imágenes, espectáculo. se van acabando. Los templos, las catedrales, la casa de los abuelos siguen ahí y tal vez sean admirados como monumentos y muestra del ingenio del hombre, pero nada tienen que ver con la esperanza. Son cosas de cortar y pegar, ver y dejar atrás. Todo ha sufrido una enorme transformación gracias a la vibración y agitación de la modernidad. Está en marcha una refundación del mundo y especialmente del mundo espiritual.  De ser administrada por las instituciones, por una iglesia, por una secta, por un movimiento, la espiritualidad está a ser administrada por el individuo, por cada persona. La religión era vivida como una cosa tangible, objetivable, manipulable, servida, ceremonial, sacramental, ritual, ahora ha abandonado su carácter de objeto servido y administrado para centrarse en aquello que sólo el individuo puede ver y sentir.

A pesar de que nunca se escribió ni estudio tanto ni se filmaron tantas películas sobre  Jesús, el nazareno,  ni sobre Francisco de Asís como en los últimos tiempos, y a pesar de los intentos por parte de las diferentes ramas del cristianismo, y de otras confesiones y creencias, credos, por dar respuesta a las necesidades espirituales de nuestro tiempo, los templos de todas las religiones se ven más blancos que en ninguna época de la historia. Muchos gritos, muchos intentos de en nuestros días de dar respuesta sólo son síntomas de la imposibilidad de comunicación del hombre en estado de arrojado, de abandono. Mucha gente, aún muchos creyentes, creen que si todo ese mundo  espiritual y del más allá pertenece al dominio de lo indecible,  la teología de las postrimerías y la filosofía de la ultratumba no son más que palabrería, literatura de ficción. La preocupación por el más allá y la perpetuación del individuo hizo olvidar durante mucho tiempo el amor por la creación de la que cada uno de nosotros forma parte. La teología se mantuvo durante mucho tiempo en un plano de especulación ajeno a la vida. 

La teología y los dogmas habían reducido a Jesús a una abstracción fuera de la vida sin sexo sin afectos sin sentimientos. La modernidad ha rescatado a Jesús de la tormentosa borrasca conceptual, de  sistemas filosóficos y teológicos que había ocultado a la persona que hizo el bien, que amó hasta da la vida por los amigos, que lo mataron por luchar por la justicia. Para todos, Jesús es la vivencia, la experiencia existencial de la vida y de su cara oculta, la muerte; la felicidad y la tragedia, la dicha y la desgracia, sin cálculos ni melindres. Jesús es una persona, una referencia, alguien que anduvo a pie, que identificó palabra y vida, que remite a la persona como principio y fin, a algo sin principio ni final, único, indestructible e insustituible; es lo opuesto al anquilosamiento de la política, de la filosofía, de la teología escolástica, del clericalismo. Jesús es, copiando al poeta,  la abeja de lo invisible, el ejemplo de persona única, entero, de una pieza, que dota de espíritu todo lo que toca y hace; está más allá de todo lo que dice la exégesis, la teología, la moral, la ascética. Jesús es la eternidad en el tiempo, lo eterno de lo efímero.  

Jesucristo
Jesucristo

Jesús es la encarnación de un movimiento de amor imparable e ilimitado, una tabla de salvación contra el nihilismo, la ausencia y la angustia. A Jesús lo mataron porque criticaba la cerrazón sobre si mismos de los sacerdotes y jefes de la religión,  porque dijo a la luz del día y desde los tejados que el estado de cosas estaba desgastado y los discursos del sanedrín y en las sinagogas eran enmohecidos, propios de perfectos administradores, sin nada más allá de una tora impresa en unas cuantas leyes exteriores sin que diera unidad interior a la religión ni produjera inquietud propia de las ideas altruistas, y porque los sacerdotes se habían olvidado de que el hombre es un  agente, operante y viviente no sólo narrador de su vida. Las mismas razones por las que Francisco se encuentra en la actualidad con la oposición de ciertos grupos dentro de la misma Iglesia. La vida y la muerte de Jesús no son más que una celebración de la existencia.

En esta época de individualismo y soledades, cada uno vive la relación con Jesús a su manera dependiendo de “quién es él y quién soy yo”. Muchos no creyentes aportan poesía pura y hablan de la grandeza humana de Jesús, grandeza que a veces los creyentes olvidan. Para la modernidad, Jesús no se reduce a unos conceptos, a unos cuantos dogmas, a unas verdades encerradas en las páginas de un catecismo, en los límites de un credo. La devoción, la relación con Jesús se ha vuelto existencial, personal, en muchos casos alejada de la iglesia, y de cualquier institución.  Esta existencia no sólo es luz, claridad, vivida en el claro del ser, sino que también puede ser una existencia tenebrosa, de ausencia, de muerte que participa de la experiencia de la ocultación.    

Para la gente de hoy creer en Jesús no es racionalizar ni saber la vida ni ser experto en exégesis sino morar, asumir en su existencia la existencia de Jesús. La religión externa, la visita a los templos, no serían más que un adorno, una manifestación voluntaria, esporádica, festiva tal vez, tal vez un intento imposible de salvar la insalvable distancia del abismo entre el territorio de los vivos y el ámbito de la trascendencia, entre el hombre existente y la trascendencia, entre la tierra y lo celestial, lo sagrado, el misterio, lo que hay al otro lado de la “puerta de paja”.

Jesucristo
Jesucristo

Hoy, aún los creyentes que hasta ayer creían lo que les decían que había que creer y dejaban la responsabilidad a los doctores de la Iglesia, se preguntan ¿Quién es él, de quién y cómo nació, qué hizo?    Jesús, para unos es como un faro intelectual, existencial, un ejemplo de vida, de entrega a los demás, de héroe, de luchador por los derechos de los más pobres. Para otros es el Hijo de Dios, impartidor de doctrina, de verdades en las que hay que creer, que vino al mundo para redimir a la humanidad de sus pecados.

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