¿Mean los ángeles?
Cuando Rusia, China y EEUU, tomaban decisiones, planificaban el futuro, se repartían el mundo y forjaban un nuevo mapa geopolítico, los estadistas europeos se reunían para estudiar los libros que, para cada clase de ganado, debe de tener el poseedor de ganado en el que, cada noche antes de acostarse, debe de apuntar cuantas veces ha rebuznado el burro, mugido la vaca, balado la oveja, cantado el gallo, cacareado la gallina y ladrado el perro.
Cuando oyeron que Trump sueña con anexionar Groenlandia se reúnen los jefes de Estado, luego los ministros de Exteriores, luego los secretarios de Estado, después otra vez los jefes de Estado para estudiar si Trump había hablado, qué había querido decir y sobre qué hacer.
Yo no había entendido la sutileza intelectual de los grandes estadistas europeos de nuestros días hasta que, curioseando libros, me tropecé con aquellas maravillosos, profundas y utilísimas discusiones de los teólogos que discutían si los ángeles tenían sexo, si meaban y defecaban hasta que vivo un aguafiestas y dijo: Señores los ángeles son espíritus.
