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Paraiso perdido
“El fuego de bronce de los crepúsculos” enciende tus ojos que iluminan el alma, amortaja las ausencias erizantes, fusila las pesadillas del invierno, disuelve las heladas y la nieve, y devuelve a la vida sus lugares, sus personajes, sus momentos y sus complejidades y variaciones vampirizadas por el invierno.
La luz inesperada, sola y profunda, del final del invierno transforma y convierte el temor y temblor de las interminables noches y la oscura caverna de las soñolientas tardes en la extrañeza y en el asombro de la vida nueva. Los rosales brotan, las sombras se desvanecen, se desatan las bridas de la imaginación, se aventan las palabras y los pájaros conversan con nosotros, el pensamiento corre entre las hojas y la naturaleza se hace camino hacia el amor. Estas semillas de esperanza enriquecen y ensanchan el mundo y atan a la vida. “No soy jardinero… . Solo contemplo” su jardín.
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