¡Qué maravilla, Dios mío! ¿Qué Dios? El de mis padres. Son maravillas de la naturaleza. El Dios del trueno, de los relámpagos, de la lluvia. Y de la muerte y el dolor. También ese. Pues vaya. El de la vida y de la muerte, de los accidentes y las desgracias. Todo eso son limitaciones e imperfecciones. ¿De quién? De todo ser que no es Dios. Algo hay, dijo el que los escuchaba. Nosotros somos algo. El que crea la belleza del eclipse que acaba de anonadarnos. ¿Qué dices? A-no-na-dar-nos.